Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

jueves, 16 de febrero de 2017

SER MADRE. (Diario de una madre imperfecta)



"Homenaje a las gentes humildes, a los pequeños tornillos, a las pequeñas tuercas, sin las cuales la gigantesca máquina, a pesar de todos los mariscales, de los generales y de los jefes de la industria, no hubiera funcionado." (Iósif Stalin. 24 de junio de 1945).

Siempre he creido que una madre es como una tuerca. Una pieza con un ajugero dentro, hueca, y al servicio siempre de sujetar con fuerza aquello que tiene dentro. Esa es la función principal de una madre, ser la fijación perfecta, el sosten, el agarre que evita que toda la arquitectura ceda. 
Mi madre era así, siempre a la sombra de mi padre, siempre en un segundo lugar, pero su sujeción podía sentirse a cada instante, como una tuerca oxidada, impertérrita al tiempo, a las agresiones externas, solo desarrollando su función, esa para la que estaba creada. Yo siempre he querido ser como ella, con su paciencia y su modo de saber hacer las cosas incluso cuando no estaba preparada para ello. 

Yo, soy imperfecta, así me siento, como si me faltara alguna rosca y he de estar constantemente siendo ajustada. No sé estar pasiva, quieta, desarrollando mi función. Soy bastante pataletas y me cuesta, ojala pudiera ser correcta en mi funcionamiento y no ir aflojando hasta el limite. Imagino que no soy la única, y que sin tuercas como yo, no existirían las llaves fijas, ni las inglesas, ni la mano de quien las sujeta y las hace funcionar. Todo en la vida, termina por ser relativo.

Unos días después de morir mi madre sentí que de pronto me convertía sin elección en la matrioska exterior. Ya me sentí así justo cuando vi a mi padre agarrando la carita de mi madre en aquella Unidad de UPC. y me vi reflejada en las pupilas dilatas de mi hermana. Ésta, siempre ha sido como una hija para mi, pero en ese momento, supe que acababa de parir a dolor otro hijo, mi padre, un dolor que se alargaría por mucho tiempo sin remedio y posiblemente con una tregua que no me iba a gustar.

Como decía, unos días después me enfrenté a un momento duro. El de ver a mi padre, mi padre, ese hombre casi un dios para mi; al que jamás he visto doblegarse ante nadie. Al que he admirado por su forma de enfrentar no solo sus limitaciones, también las circunstancias, sin rendirse nunca, sin mirar a otro lado, con una integridad que en pocas personas he visto. Verle llorar, venirse abajo y decirme que yo en los últimos días siempre le pido que no se vaya a dejar morir, y que si se nota algo me avise para llevarlo a urgencias antes de que se le repita el infarto. Y va y me suelta eso con el añadido de que se siente perdido, que lo que quiere es que me cuide yo, porque si a mi me pasara algo él ya no sabría que hacer. Y me dice que yo soy su único sostén, que se ha quedado descolgado. 
Eso, joder, eso dolió como si el mismo satán me hubiese atravesado el estómago con el tridente con el que la tradición popular lo escenifican. 

Siempre he estado ahí, llevando las riendas, asumiendo el control cuando los demás se han bloqueado. Pero esta vez... No entiendo que me pasa. Es, demasiado duro. Quizás sea eso, que la vida del espíritu va a otro ritmo y desde este lado la eternidad y el cruce de esta vida mortal para el reencuentro parezca eso... Eterna... De alcanzar. 
Voy viniéndome abajo, poco a poco, aflojando y temiendo caer en algún momento. No por dar yo el chancazo, si no por lo que conllevan los daños colaterales de los que me siento responsable. Respirar es cada día un reto más pesado y no tiene que ver con la masa de contaminación que lleva el aire gracias a la polución. 

Y en esto mi padre ayer, va y me pide perdón. Me dice que está mal, que es muy difícil de afrontar lo que nos está pasando, pero que no va a rendirse. Que ha pasado unos días muy jodio, y que sabe que llegaran días aún peores. Llora y me dice que echa mucho de menos a mi madre, lloramos los dos un poquito, nos sostenemos mutuamente. Y cuando le digo a mi padre, intentando contenerme, como me siento. Mi padre deja de llorar, se seca las lagrimas, y ahí está, es él. Me dice con la comisura de la boca temblando que no tenga miedo. Que vamos a salir de esta y que no piensa morirse en un montón de años, que no me dejará sola y que va a echarle cojones porque hay que poner todavía grandes a todos los críos que juntamos en las dos casas. 

La magia gira en torno a nosotros, nos llenamos de fuerza y nos retroalimentamos.  En muchas ocasiones me han preguntado porque soy tan padrera. Mi padre es la única persona a la que soy capaz de mirar a los ojos y dejar que vea mis demonios, porque se que puede someterlos a todos, aún siendo un pobre y limitado hombre. 

Estoy preparada, no importa el miedo que siento, como suelo decir, bajo los pantalones no se notan temblar las rodillas, así que vamos. Adelante, siempre adelante. Estoy dispuesta a asumir y tomar en la mano el cetro de madre. Después de todo, ellos saben de mis imperfecciones y confian en mis capacidades. Las madres somos así en creación estándar, al menos a mi me lo parece. Luego los extras, las medallas y todos esos rollos, la vida se encarga de ir apuntándote los tantos.




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