77...

 

... y mi guerrero por excelencia 80...

Nueve años después diciembre ha sido un mes difícil de solventar y cuando por fin aterricé en enero... me sentí como si hubiese hecho una maratón de elitistas con unas deportivas dos números menores y sin sostén en las domingas. No espero grandes cosas de febrerillo el loco, pero siempre ha sido un mes más tranquilo para mí, tal vez porque los que somos de las mismas tablas nos entendemos entre si.

Hay quien me ha dicho que es normal sentirse algo apático por estas fechas. Pero no. No. Lo mío no es que me dé la depre en los finales y comienzos de año. Lo mio es que las fechas marcadas de mi calendario han cambiado mucho estos años y... no me termino por acostumbrar. 

Llegaba diciembre y era el mes favorito en mi casa. Lo era desde niña y quise que así siguiera siendo cuando me casé. En la casa de mis padres los festejos empezaban ya en el puente de la Inmaculada porque además de la puesta de los adornos navideños y el árbol, celebrábamos el aniversario de boda de mis padres.

En mitad de las fiestas navideñas llegaba el día 30 y celebrábamos el cumple de mi madre. Hace nueve años sopló sus últimas velas. Y aunque este diciembre fueron  77... siempre cumple 68.

De aquellos 68 solo pudo disfrutar 13 días... cuando la pienso siento que murió demasiado joven, 67 años y 13 dias es una vida, a mi parecer... demasiado corta. 

Aunque ella lo quería así. Me parece escucharla con su timbre de voz decir aquello de que tenía la sensación de que iba a morir joven. También que lo prefería. Habíamos pasado tanto con los abuelos... y no quería que yo volviera a pasar por aquello con ella. Siempre que salía el tema insistía en ello. Al final... tuvo arte hasta para decir un hasta luego Mari Carmen en un día 13... su número favorito. Y aunque he vuelto a hacer las paces con Dios y ya se me pasó la pataleta, a pesar de que soy consciente de lo mucho que se ha ahorrado de padecer... me gustaría tenerla conmigo. Egoístamente la sigo necesitando.

Siempre me he enfrentado a cualquier tipo de transición con agallas y coraje. No dejando hueco para el miedo, no permitiéndole al pasado ni un ápice de sentimentalismos. No soy de las que caigo con facilidad en la melancolía si la cuestión es complicada, por el contrario me crezco. ¡Pero joder! Los finales de años desde que ella no está y los putos eneros, son como tratar de subir unas escaleras heladas sin tener dónde agarrarme. 

No te equivoques, no es melancolía por su ausencia. Lo que tengo se llama desgaste crónico provocado por el síndrome del cuidador quemado o burnout. Si sabes algo al respecto seguro entiendes de qué hablo. Y es algo más común de lo que pensamos. Ocurre en muchas familias y lo sufrimos muchas personas cuidadoras. Somos muchos en el sector de la sociedad al que pertenezco desde hace nueve años. Un sector éste, el de los cuidadores, tan necesario y realmente tan poco valorado.

Ese síndrome además de ir acompañado de tres tipos de desgastes que me hacen un pleno, tiene como colofón que a quien cuido es a él: mi padre. Mi guerrero... el gran amor de mi vida. Ser su cuidadora, su hija, su madre y su compañera hasta el final, es un desafío que me arrastra a ratos al declive de mi propia existencia. 

He cuidado a cinco personas mayores y las he acompañado hasta su último latido. Las experiencias y el dolor se quedan como una cicatriz en el propio alma, pero esas me las guardo para mi. He vivido momentos que aunque me llenan de paz de conciencia, también persisten en recuerdos dolorosos que me hacen llorar si me descuido. Que a veces me gustaría no haber vivido, aunque eso me hiciera ser alguien más débil. Pero nada de lo que he vivido se equipara al día a día de su declive. De verle no solo apagarse sino convertirse en otra persona. 

Cuidar de él me está costando la propia vida además de otras cosas que también me reservo. Porque como decía mi amigo J: "ya nadie cuida de nadie". Aunque yo prefiero decir que... "ya casi nadie cuida de nadie". Tengo una teoría al respecto y es que ya no quedan madres como las de antes. El mundo y la velocidad de las sociedades modernas las ha ido asfixiando por el camino. 

En tierra de infieles me siento. La madre imperfecta. La que no quería ser madre. Cuidando de una familia como la mía que no hay por donde cogernos. No. No es para que nadie me aplauda. La mayor parte del tiempo me sale todo de culo y es tan frustrante, que me dan muchas ganas de salir corriendo y tratar de recuperar la mujer que tengo perdida en algún rincón oscuro de mis adentros. Aparcada. Anulada por decisión propia pero aún así muerta en vida.

Ya casi nadie cuida de nadie. Pero para bien o para mal... que me quiten lo bailao y lo mal bailao. En estas cuestiones lo que hacemos tiene repercusión sí,  pero lo que no hacemos... lo que dejamos de hacer, cuando el tiempo pasa ya no tiene forma de cambiarse. Entonces ya solo queda que cada cual ajuste sus propias cuentas. Yo no entiendo mucho de números, pero me conozco muy bien a mí misma. 

Sé que llevo una carga demasiado pesada como para echar cuentas de los números de otros. También comprendo a los que deciden delegar los cuidados de los suyos a otras personas más capacitadas. A fin de cuentas hay trabajos de altos riesgos que solo los fuertes pueden realizar. 

Como decía... ya casi nadie cuida de nadie. Tampoco las madres de ahora son como las de antes... 

Comentarios

  1. ser cuidador es algo poco valorado, y genera mucho estrés. luego cualquier tontería, como un vecino preguntándote "usted dónde va?" o una señora en la cola de la pastelería diciéndote "cuidado con la mochila", te puede hacer explotar.
    de mi madre echo de menos la compañía y el apoyo psicológico que ni mi padre ni mi hermana ocho años mayor han sabido nunca darme.
    ánimo y paciencia con tu padre, lo estás haciendo genial.
    y sí, a ver si acaba ya el puñetero invierno.
    besos, mento!!

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    1. Desde que murió tu madre te tengo a menudo en mi pensamiento y le pido al Jefe que no te quite la mano de encima de la cabeza. Los que nos quedamos huérfanos de madre sabemos de momentos de soledad inhóspita.
      Ser madre es el reto más difícil que la vida me ha puesto. Porque no solo soy madre de Lucy y de Iván. Es una renuncia diaria a una misma brutal y sin mi madre, sin ese lugar en el mundo que era su pecho donde recostar mi cabeza cuando me fallaban las fuerzas. Los fuertes también necesitamos un lugar donde refugiarnos porque si no, como bien dices, en el mínimo e inesperado instante estallamos para sorpresa e incomprensión de los espectadores.
      Hace mucho que no me cuestionó si lo estoy haciendo bien. Eso me ha servido para tener algo más de paz. Lo hago lo mejor que me sale y ya está.
      Y si, aunque soy de días grises, estoy deseando que lleguen días primaverales.
      Beso!!!

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  2. Camino difícil que no todos tenemos el temple de seguir, a mí me faltó ese tiempo; y también ese cuidado, no lo hubo, mi padre fue diagnosticado tres meses antes y me enteré tres días antes, cuando estaba hospitalizado y en coma inducido, 59 años, también en finales de año... sigo pateando lo que sea que exista, si es que existe más allá de nosotros .

    De lo más doloroso que he experimentado.
    " lo que dejamos de hacer, cuando el tiempo pasa ya no tiene forma de cambiarse".
    Ojalá y sigan juntos mucho más.

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    1. Yo he tenido la fortuna de estar siempre muy cerca de los míos. Aún así, siento que no hice suficiente con mi madre porque la vida me la arrebató de golpe y demasiado pronto para mí opinión. Y aunque estoy teniendo un desgaste brutal con mi padre, lo prefiero a los sentimientos que surgen de la realidad de experimentar que lo que se dejó de hacer ya no se puede hacer en el presente.
      No conozco tu historia personal, pero se de sufrimiento y aunque no sé si te sirve de algo, a veces es necesario que nos perdonemos a nosotras mismas por exigirnos estar a la altura de super mujeres y sentir que no llegamos a la media.
      Un abrazo grandote.

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  3. No solo hay madres como las de antes. Es que hay mujeres que ya no quieren serlo, y puestos a criar y cuidar de un mamífero, prefieren que sea cuadrúpedo.

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    1. Pues ahora por fin están los therian (o como se escriba) para esas madres. Manda huevos. Naaa ... fuera coñas, lo cierto es que ser madre es difícil de cojones. No me atrevo a juzgar a las que evitan serlo. Pero las que lo son deberían cuestionar lo que de verdad significa traer otras personas a este mundo. No es cuestión de explotar a las mujeres como les pasó a muchas de las madres de otras generaciones pero tampoco lo que hay ahora. Niños, jóvenes que crecen sin un lugar donde sentirse seguros y luego la sociedad en general se rasgan las vestiduras cuando nos salen corriendo a cuatro patas. Sí no hay quien nos enseñe a ser adultos responsables mal vamos.... mal de cojones.

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  4. Te leo y se nota el peso. No el cansancio puntual, sino ese desgaste hondo que se va acumulando año tras año y que no se quita descansando un fin de semana. Cuando has cuidado de verdad, sabes que hay un momento en el que ya no se puede más… y lo más duro es descubrir que incluso cuando parece que te quitan parte de la carga, en realidad duele más, porque sientes que tus manos ya no bastan, que tu presencia ya no alcanza.

    He pasado por algo parecido cuidando a mi madre durante años, hasta que la enfermedad la fue alejando por dentro antes de irse del todo. Tomar decisiones para que otros la ayudaran fue necesario, pero también fue uno de los dolores más grandes: verla cada día y notar que aquello que tú habías sido para ella ya no servía como antes. Esa sensación no se explica si no se ha vivido.

    Por eso entiendo muy bien lo que dices del síndrome del cuidador, del desgaste silencioso, del amor que sostiene pero también va vaciando. Y entiendo esa mezcla tan humana de paz de conciencia y de tristeza que se queda para siempre, como una cicatriz que no se ve. Un fuerte abrazo

    Solo queda el consuelo, para quienes tenemos fe, de pensar que nada de esto ha sido en vano y que llegará un día en el que no habrá enfermedad, ni agotamiento, ni cargas que separen. Mientras tanto, lo que haces tiene un valor inmenso, aunque no siempre sea reconocido, aunque a veces te deje sin fuerzas y con la sensación de haberte perdido por el camino.

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    1. Estoy reventá, que se dice aquí abajo. El desgaste emocional medio se lleva, pero cuando pasa al plano físico... Ufg.
      Imagino que ha debido ser duro lo vuestro. A mí me preocupa que me pase algo y la pete y no poder seguir antes de que mi padre pierda del todo la cabeza. No quiero que sufras más. Siento que él es ahora mi responsabilidad y debo controlar que lo que le queda de vida o lucidez al menos sea lo mejor posible.
      Pero que cuesta arriba se hace en un mundo donde los que no sirven ya para producir son ciudadanos de tercera clase. Así me siento yo Angelo. Como una paria social. Porque he elegido la parte más complicada cuidar de los míos.
      De no ser por la experiencia de la fe en mi vida, sin duda no podría con nada de esto. Porque cuando todo a mí alrededor se derrumba sigo escuchándole a Él. En ese silencio del intelecto donde su mensaje es directo, sin matices y me recuerda que no ha dejado de cumplir conmigo y de estar a mí lado, cuando soy consciente de ello soy capaz de lo imposible para esta vida y mil más si las hubiera.
      En Él siempre nos encontramos aunque desde fuera parezca una locura sectaria, ¿verdad?
      Otro grande para tí.

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  5. Si de algo estoy muy contenta es de cuidar de mi madre, aunque a veces se haga todo cuesta arriba, entre el trabajo, la casa, ella... pero mis minibajonazos duran un día, de vez en cuando me doy permiso para ello, pero al día siguiente de nuevo con fuerzas.
    Hay esperanza, Mento, todavía hay mucha gente que los cuidados de sus seres queridos no los dejan en terceras personas.

    Un beso

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    1. El casi es lo que marca la diferencia. Y quienes nos subimos al carro del "casi" los que vamos dejando hitos marcados para quienes vienen detrás. Mientras se pueda hay que darles a nuestros mayores la vida que ellos de poder solo hubiesen elegido. Yo así lo pienso. Pero cada vez se hace más difícil porque los ancianos ya no son necesarios en las familias. Ya ni hay familias... ahora las redes sociales parecen ser las transmisoras de la historia a los que vienen detrás. Manda huevos.
      Beso!!!

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  6. Todavia esta el, esta tu hija,
    los perros, saca tu lado Megan,
    y adelante .

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    1. Esa es una de las mujeres que forman parte de mi, pero... aunque aporta dominio y carácter a mí personalidad también es mi lado más hedonista. No puedo pensar como Megan si de mi familia se trata porque entonces seguro que haría las cosas de otra manera y eso supondría tener que sacrificar alguna otra de las mujeres que soy. Cuando eres madre, en mi caso, la elección es fácil, está en la sangre 😉😘

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  7. Hemos asistido a un cambio de sociedad para el que no sé si estábamos preparados. Una sociedad más egoísta, más individualista, donde todo tiene que ser monetizado y analizado.. Es verdad que gran parte del esfuerzo anterior recaía en las mujeres, en las madres, en las compañeras. Pero ahora, esas mujeres no son más libres, simplemente se han incorporado a ese sistema perverso.

    Es muy digno, y muy duro, lo que haces, y es cierto, ya *casi* nadie cuida de nadie. Tienes una carga muy pesada sobre tus hombros, que pueden mucho, que lo aguantan todo... pero no.

    Un abrazo

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    1. Cuando tenía a mis hijos pequeños me sentía como una madre de mierda porque era yo quien siempre estaba en la calle trabajando y Pepe quien pasaba más tiempo en casa con ellos. Me ha costado siempre renunciar a mí yo individuo para hacer cosas cosas de madre que yo consideraba normales. Cuando me ha tocado ser la madre de mi padre he renunciado por completo a mi vida por la suya. Pero sigo sin sentirme bien del todo, es como que nunca me siento a la altura.
      Es muy difícil hacer familia, ser familia, ser el centro de una donde todos los miembros encuentren su lugar. Y eso implica también el reto social que implica tal cual está la sociedad donde la familia cada vez más va en declive. El centro de la familia es el amor incondicional de una madre que anuncia a muchas cosas en favor del resto de la familia y para el sistema es mejor tener a una mujer independiente que produzca porque así los demás miembros crecen vulnerables y es más fácil controlarlos. Así lo pienso. Por eso trato de cuidar de los míos y lo hago lo mejor que me sale. 😉😘

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