Entre dos eclipses.

Mujer de cincuenta años con pelo rizado y gris, vestida con camiseta negra de manga corta y hombros desnudos, pantalón negro largo y zandalias blancas. Posa a camara con los brazos en jarras y manos en la caderas, lleva un bolso tote al hombre en beige. Está delante de un coche gris oscuro en un camino de tierra en una zona donde hay arboleda al fondo.

"Entre dos tierras estás y no dejas aire que respirar". (Del álbum Senderos de traición).

Es difícil respirar cuando tu naturaleza de mujer va a la derecha y la madre tira hacia la izquierda. Cuando tienes hijos toda tu vida gira gravitatoriamente en torno a ellos y tu propia esencia queda relegada a un segundo lugar desde el que sigue latiendo a remolque. 

Me siento así desde que que Lucy nació y sé que moriré viviendo en este estado continuo de lucha, de resistencia, porque si me preguntas quién soy obviamente te diré que la madre de Lucía e Iván García. Y si me preguntas cuántos hijos tengo te diré que tres. Mi vida es esa, soy un animal de familia y todo lo que gire en torno a los míos me afecta de un modo especial. 

En la antigüedad los eclipses se asociaban a periodos escatológicos, y hoy día que el hombre ya conoce su significado real, es como si hubiéramos perdido el norte de lo razonable, viendo la cantidad de gilipolleces que hace un gran número de la sociedad. En ese aspecto yo me identifico un poco rarita, porque en el fondo tiendo a ser una persona bastante mística que tiende a buscar la parte espiritual y menos visible. Ya sea de lo que llamo el alma humana o el mismo subconsciente. No separo uno de otro y no creo en las casualidades, más bien en los designios del ser mismo que vive rodeado de acontecimientos relacionados que nos ayudan a crecer y aprender. Hay personas que poseen un sexto sentido, una empatía tal que les permite ir más allá que al resto. Afortunadamente o quizás para martirio mío, yo pertenezco a ese grupo. 

Mientras la mayoría vivía en el torbellino del eclipse, yo llevaba noches teniendo pesadillas de esas mías que me anuncian cambios. Al despertar trataba de recopilar datos sin éxito, no soy alguien que domina esas cosas, solo las percibo y pocas veces me gusta indagar.  Pero la sensación era tan fuerte y mi estado de alerta al despertar tan alto, que tenía miedo. sabía que algo iba a pasar. Lo sé siempre, aunque no consiga verlo con claridad al despertar. 

Pues resultó que volviendo de la casa a la que voy a limpiar, a 120km/h. el coche me falla, se calienta de golpe en sobre manera y la alerta empieza a pitar. La autopista a tope y que no me dejaban pasar al carril de la derecha, conseguí salir como pude con el corazón en un puño mirando la aguja de la temperatura que estaba abajo a la derecha al final de la zona roja y el pitido atravesándome los tímpanos hasta el alma. En mitad del follón presentí que eso era solo un aviso, pero estaba tan cabreada por verme allí tirada, en una zona que era la más segura que pude alcanzar apurando el coche hasta salir con seguridad. Tuve una sensación de haber vivido ese momento y de que iba a ser peor, el presentimiento fue malo de cojones. No acababa allí. Lo pude sentir. Mi cabeza iba a mil entre imágenes confusas de sueños raros que había tenido.  

Quedarse sin coche donde vivo es un coñazo. Ya no por el palo económico. Es que mi casa está en las periferias, en zona rústica de campo. No hay combinación de transporte público y la verdad es que es un conjunto de cosas que te amargan. Con el coche en el taller la única solución (al tener un seguro básico) es tener que hacer uso del coche de Lucy que desde el último accidente que tuvo va casi a manivela. 

Mientras muchos gastan precios desorbitados por ver un eclipse, yo estoy con el coche en el taller sin poder arreglar y teniendo que usar el de mi hija. Mientras la llevo al trabajo para quedarme con el coche y poder recoger luego a su hermano, me suelta: "procurar apurar las marchas que luego cada vez que os dejo el coche me lo devolvéis engatado". Tuve la sensación de que ya había vivido ese momento y tuve otro mal presentimiento. Me pasó como cuatro días antes en la autopista. Esas imágenes en mi cabeza... y las nuevas.

Justamente esa noche me desperté con un sueño tela de random. No sabía quien se había muerto, pero había alguien muerto. Y en lugar de llorar me sujetaba el vientre como si tuviera un mes de esos de dolores uterinos de cojones. Era tal el dolor que me remangué la camiseta y me bajé los vaqueros y no veas... estaba sangrando por el ombligo. Pero no era sangre, era una especie de liquido negro como petroleo. Cada vez se me abría más y en lugar de ver mis manos, veía las manos de Lucy tratando de contener la hemorragia del Prestige umbilical. El dolor era tan agudo, que me despertó.

Cuando me pasan cosas así me pongo a la defensiva, porque siempre traen cola y hasta que no van pasando los días me cuesta bajar el nivel de alerta. Pues en esas que iba conduciendo el coche de Lucy para recoger a su hermano. Cuando recien salida de casa, en una calle, en la misma manzana de donde vivo... termino estrellándome. Treinta y cuatros años de carnet, varios de ellos ganándome la vida de conductora sin tener ni un siniestro ocasionado por mi... y voy... y me estrello sola. ¿Cómo? Ni puta idea. El caso es que terminé con el coche de mi hija estampada.

Estoy bien, vale. Así que lo siento por algunas personas que sé que pasan por aquí y que mal me quieren y peor me desean. Estoy dolorida, tengo la mama derecha con un gran derrame y estoy como si hubiese entrado en la jaula a un combate de MMA. Pero viva. No así el coche de Lucy que ha quedado para el desguace. Sentí un dolor fuerte, fortísimo, en el vientre y de hecho fue lo primero que me miré justo después del porrazo y de quitarme el cinturón. Lo hice con el ansia de quien espera ver algo francamente malo. Pero no. Estaba bien y por supuesto no me salía petroleo del ombligo. Pese a que el dolor era idéntico al que me hizo despertar del sueño.

Destrozar el coche de mi hija era lo peor que me podía pasar y más de un modo tan absurdo y extraño, ni siquiera sabía cómo había dado aquel semejante porrazo. Lucy se preocupó de que me hubiese dado un pequeño desvanecimiento. Pero yo sé que no. Estaba segura de que al mover el volante pasó algo en la rueda y después estaba estrellada en el muro. Una parte de mi sufría por mi hija y su vehículo porque sé lo mucho que lo necesita para trabajar. Otra parte de mi... sabía que detrás de ese acontecimiento había mucho más. Y es que desde que Lucy tuvo el ultimo accidente, el coche estaba de trasmisión fatal y con el eje dañado. ¿Tenía qué pasarme a mi justo ahí antes de que le pasase a ella en otro lugar peor? Pues tú puedes pensar lo que quieras, pero yo sé que sí. Porque me paso mi existencia desviando las malas energías que proyectan sobre mis hijos y es que no hay nada peor, que la envidia de algunas personas y lo que generan con ellas. 

El accidente fue a media tarde y esa misma noche cuando ya la grúa se había llevado el coche, ocurrió algo que seguramente cuando lo leas pensarás que estoy como una puta cabra... y puede que lo esté. Pero los hechos son los que son y yo no creo en las casualidades; creo en los designios de los acontecimientos y en la capacidad de saber interpretarlos. Porque lo cierto es que yo estaba hecha polvo, no solo físicamente, me sentía muy culpable porque ni nosotros como padres (por nuestra situación económica), ni tampoco Lucy, nos podíamos meter en comprar un nuevo coche. Me sentía muy mal, estaba rota. Y el dolor del pecho me llegaba al abdomen, un dolor insoportable mezcla de la castaña que me había pegado y del dolor de mi alma de madre. 

Y entonces pasó que mientras cenábamos. Pepe salió fuera a ver que le pasaba a Nala. Ella es nuestra Pitbull, la que recogimos porque nadie quería. Es una perra que entrenaron para peleas y que tuvo muy mala vida en su primera etapa de vida hasta llegar a este su hogar definitivo. Nala se encela con los gatos y entra en un estado de bucle del que cuesta sacarla. Dijo el adiestrador que le pasa porque la entrenaron para pelear echándole gatos. Pues estaba ladrando, como se suele poner cuando acecha a algún felino bajo un árbol. Fue Pepe el que salió a ver si la podía meter en casa, pero volvió diciendo que Nala estaba atacando no en alto sino en el suelo. Salió de nuevo con la linterna y en un minuto estaba de vuelta como si hubiese visto al mismo diablo. 

"Sacramento la Nala está atacando a una serpiente, la tiene acorralada entre un tubo, pero yo no me acerco ni muerto". A Pepe le dan mucho miedo las serpientes. Entonces mi padre el pobre dijo que iba él y yo le dije que no, que él ya está muy mayor y que no podía salir de noche así. Allá que fui yo con el palín en la mano y la linterna en la otra. ¡Joder! Hacia un siglo que no veia una culebra de semejante tamaño, si ese bicho sorprende a mi Piper con lo pequeña que es la podría haber ahogado. 

Como pude aparté a Nala que no se dejaba y la puta bicha estaba medio metida en el tubo de desagüe, Con la parte de la cabeza y el cuerpo que tenia fuera en zigzag  y se le tiraba a la perra saltando hacia arriba. Tuve que llamar a Pepe porque yo sola no podía con todo. Así que Pepe me alumbró desde atrás y yo pude apartar del todo a Nala. La serpiente se metió al tubo y lo tuve que levantar para que saliera, lo que esperaba es que huyese que es lo que suelen hacer en cambio se me tiró al salir y me asusté. No entiendo mucho de serpientes, pero que se defendiera así no me parecía muy normal, o simplemente me asusté porque no me había pasado nunca antes. La verdad que así de noche y alumbrándola impone. La aplasté en la zona de la cabeza, pero hizo un movimiento y tuve que volver a levantar el palín y asestar otro golpe. Empezó a soltar un liquido negro asqueroso. Tenia dentro un animal descomponiéndose, una rata negra. Era una especie de tripa negra supurando al cortarla y era eso lo que vi en mi sueño. Al ver la escena se hizo la imagen clara en mi cabeza. Era lo mismo que me salia del ombligo en mis sueños. 

Volviendo al momento real desde mi subconsciente... me volví a sentir entre dos tierras, porque reconocí la especie y pese a ser venenosa y uno de los ejemplares más grandes de Europa, ese animal no mereció morir así. Te defiendes con tu propio instinto depredador y cuando acabas... la razón se impone y te hace juicios ingratos. Es en esa aglomeración de emociones que la hembra más territorial que existe en mi, se impone y pisa, no solo a la serpiente, sino en un modo que va incluso más allá de lo escatológico , pisa todo aquello que me preocupa, que me da miedo, que me hace sufrir. Lo siento por la serpiente y lo siento por mis emociones contradictorias al respecto, pero yo soy la última en quedar en pie, cuando de echar reaños se trata. 

Al día siguiente yo y mi mejor versión de mujer fuerte, que es mi Lucy. Nos encaminamos a una misión imposible. Conseguir un coche. El panorama era tan negro como una balsa de puro petroleo. Pero para sorpresa de quién conoce nuestra realidad económica y para envidia de los de siempre... Lucy ha conseguido un coche de renting con menos de dos años y todos los extras, híbrido y apenas 20.000km. Vale que lo ha tenido que poner en 12 años a pagar con una letra bajita... pero ahora tiene un coche prácticamente nuevo con el que ha perdido el miedo que tenía al conducir el otro. Ella llevaba tiempo queriéndolo cambiar, pero al no tener dinero no se atrevía... pues nada, tuve que estrellarme yo para que los engranajes de los acontecimientos comenzaran a furular. A veces hay que enfrentar la realidad y meter un gran porrazo para que el aire entre. 


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