Esos días tontos, menopáusicos y mezquinos.


"No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente". (Virginia Woolf).

Pero qué ocurre cuando es la mente la que echa su propio cerrojo para protegerse. El bocallave se convierte en una hendidura imposible de penetrar y si bien la libertad del pensamiento, no se puede encarcelar, por qué  entonces duele tanto por dentro. Será acaso qué la libertad se atavía de complejos ropajes. Un atuendo que  aprieta como una faja reductora, disimula lo que no se puede eliminar, mientras lleva la contención por dentro. 

Me gustan las puertas abiertas, las curvas desbordadas y el baile de unos pechos grandes con la gravedad perdida. Yo nací ya vieja, pa' qué vamos a mentir, pero solo la experiencia de vivir,hace que la mente se expanda hasta limites inimaginables de unos individuos a otros. 

Antes tenía días tontos, coincidían con mis ciclos reproductivos, en las cuatro fases, mis mala leche estaba por encima de los niveles normales; nunca he sido tan buena como me ves. Con mi mala hostia siempre he sabido convivir, ahora ni eso, no es que haya perdido el hábito... es que ya no tengo picos de hosquedad. Tan solo puertas que cierro, que me llevan a un estado errátil mientras mi mente sigue teniendo sus lineas fijas. Nada me turba, aunque a menudo me siento apretada, con un extraño estado de encorsetamiento. Algo propio. Intimo. Mío. Ni bueno, ni malo. Una especie de ajustador emocional que me me mantiene alerta. Libre de amenazas. Pero no de respirar estos días que siguen siendo tontos. 

Prefiero la mala leche a la nebulosa mental. Total... ninguna encadena, pero ambas empeoran el ritmo de vida.

Comentarios