SIN COMENTARIOS.

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"La astucia puede tener vestidos, pero a la verdad le gusta ir desnuda".
(Thomas Fuller )    

     Sois algunos cuantos los que aún preguntáis que ha pasado en este blog con los comentarios. Pues... nada. Es que yo para mis cosas termino por ser muy heavy. En la primera etapa de esta andadura bloguera yo aún tenía esa ingenuidad de quien escribe para gustar, para agradar al otro. La inocencia del bloguero que vive a través de sus letras y que se retroalimenta de las de otros. Siempre se ha dicho que los comentarios alimentan un blog. Yo, definitivamente me puse un día a dieta y aunque suene muy borde decirlo, paso de comentarios.

     Recuerdo que uno de mis mentores en esto, nuestro querido Arcen que en gloria esté. Me decía: Pelito verde, no seas tonta. Tú pon moderación de comentarios y te quitas de problemas, filtras los que quieras e ignora a los que no. Angelo también me dio varios consejos al respecto, me decía que con el tiempo aprendería de este mundillo y que ya no perdería mi tiempo debatiendo con los comentaristas ingratos. Que terminaría accediendo al moderador. Yo, siempre veía un lado bueno hasta en los más trolls. Hasta que un día cuando empecé a dejar de tener tanto tiempo para la red, me di cuenta que por ser práctico más que por otra cosa debía empezar a tirar del moderador. Había gente que comentaba barbaridades y aunque a mi siempre me ha importado un pimiento lo que piensen de mi, sobre todo los juicios. Lo cierto es que lo suyo era proteger a los lectores de este espacio que durante tanto tiempo seguían comprometidos a seguir pasando a leer. Y que en más de una ocasión se montaron roces entre comentaristas porque yo no aparecía a poner orden hasta que no podía. El moderador cambió ese ritmo de actuación y a los trolls malos, ya se les acabó su minuto de gloria en este espacio. 

     Pero... ocurrió por entonces, que al disminuir mi tiempo de actividad en la blogosfera. Comencé a ver otras actitudes que se me habían pasado por alto. Gente "guay" a las que yo tenía en gran estima, que si tú no ibas a comentar a sus blogs, dejaban de venir a comentar al tuyo. Uyuyuyuy... eso era algo que yo no había advertido a ver hasta entonces. Esos círculos de amigos de blogueros que... como cualquier circulo social se reúnen por intereses propios. Suena un poquito raro, ya lo sé, pero es la verdad. En otras redes sociales es el like, el +1, el compartir... aquí es el comentario. Tantos comentarios tienes tanto vales, o tanto comentas en la lista de comentarios de un blog que tenga mucha actividad,  porque es la catapulta a patrocinar tu propio espacio. Es una moneda de cambio más. Observé que el mundo de la blogosfera además de ser mucho más pausado que el resto de redes y actividades en la red. Era también un buen lugar para el caldo de cultivo de raros perfiles. Y entonces me hice mucho más selecta. Solo dejaba filtrar comentarios que me daba la real gana. Nada del típico comentario cumpli-miento, los aborrezco. Esa gente que comenta añadiendo una coletilla inútil a la estupidez que acabas de escribir en lugar de darte un zarandeón y decirte: menuda mierda acabas de escribir.  Los comentarios de besos, cariños, de que bien escribes o que buena amiga eres, mientras terminas enterándote que hablando con fulan@ te pone verde a la primera de cambio. Cuando leo comentarios de esos en otros blog me dan arcadas. Gente que se critica y luego se alaban por escrito, solo por mantener un constante chorreo de comentarios en sus espacios, jejeje... es patético. Yo cada vez era más obstinada a dejar pasar comentarios y entonces descubrí la paz que da escribir y que no te comente ni la madre que te parió. Puedes decir lo que quieras y la gente sigue entrando a leerte porque debe haber algo de las mil gilipolleces que cuentas que les interesa leer.  Cuando las estadísticas no varían, la prueba queda clara. Y a uno le entra paz de escribir simplemente, a mi por lo menos, me da paz. No tengo que preocuparme si he respondido bien o mal a nadie. Simplemente que este es mi rincón de la blogosfera donde digo lo que me da la gana y si usted no comparte lo que digo... tenga buen día y marche por donde vino (.) ¿Qué soy prepotente? Pues pudiera ser... pero ya no soy la papa frita que creía que la gente era sincera en este mundo del avatar donde no tienes porque fingir ya que no le debes nada a nadie, ni te deben nada. Sin embargo cuanto más anonimato disfruta un perfil en este mundillo, más hipócritas resultan ser.

     Sigo por email los blogs de toda mi andadura en la blogosfera, y algunos de los últimos tiempos. Leo blog de profesionales de las letras y de don nadies que escriben como dioses. Leo blogs de novatos que aún creen que sus rincones son un desastre porque nadie les comentan, para ellos va este post. Y para ti en especial, sí para tí, que te crees que tu espacio no es lo suficiente bueno. Lo es. Lo importante no es lo que te comenten o si acaso tienes comentarios. Lo importante la mayoría de veces es el número consagrado de lectores que te siguen fielmente cada post que subes sin decirte ni mu. Pero que te acompañan año tras año en tu propio desarrollo como bloguero. Ellos son el alimento real de un blog. Por quienes al final terminas escribiendo siempre. Y eres valiente para hacerlo sin red de seguridad, sin filtros y sin censuras.

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