Esperando al Mesias.






     Este año la navidad parece que ha llegado más tarde a casa, pese a que vivimos más intensamente estos días en familia. 

     El paro, nos obliga a estar en casa. Hacia muchas navidades que no estábamos juntos a tiempo completo Pepe y yo con los niños. Y aunque la situación es critica y nunca hemos tenido una navidad más escueta por la situación económica, lo cierto es que ni la crisis, ni los males que nos han impedido montar el belén hasta ayer, van a poder aburrirnos o quitar el espíritu de estas fechas a esta familia.
     Otros años a esta altura del mes los niños ya están hartos de comer turrón y mantecados y toda clase de caprichos especiales de estas fechas y este año por primera vez, aun no ha entrado en casa ni un extra, no se puede. Pero Dios ayuda, era más lo que yo me preocupaba que lo que al final está siendo. Pensé que los niños iban a pasarlo peor, que se pondrían a pedir las cosas típicas de las fechas, pero casi sin darnos cuentas, nos vamos adentrando en las fiestas, sin dramas por las cosas que este año nos vemos obligados a privarnos y con la misma alegría que esta fecha requiere y que hemos vivido en años anteriores.

     Por el puente de la Inmaculada cada año adornamos la casa. Pero este la mitad de la familia estaba encamada con la gripe, así que fue este fin de semana cuando pusimos el abeto de navidad y ayer montamos el belén. 
Vuelven a sonar un año más los campanilleros en el equipo de música de casa, embriagando el ambiente de calor y de color, con ese tintineo de zambombas y panderetas. Los niños arrancan a cantar conmigo a cada dos por tres los villancicos que se cantan en la misa de niños de la parroquia. Y Pepe, aunque seamos más pobres, está este año en casa con nosotros. El año pasado por estas fechas estaba fuera y fueron días muy tristes de estar la familia separada. Así que he de dar gracias a Dios por dobles. Cada año cuando tengo el Belén puesto en casa, me gusta reflexionar frente a él, siempre aprendo cosas nuevas. 

     Este año quizá por el momento que vivimos, me toca especialmente la situación en que María alumbró al Mesías. Él pudo nacer en el mejor de los palacios y sin embargo, allí iba, en el vientre de una jovencita humilde y como si de un desahuciado más de tantos que tenemos hoy día en esta sociedad de España que se ven sin un techo. Allá estaba el mismo Dios que creó la tierra y los cielos buscando posada donde alojarse para pasar la noche y protegerse durante el alumbramiento. Con unos padres de clase media, no reyes, no personas de la alta sociedad, personas sin respaldo, personas humildes que vivían a la providencia y al día. Meditar en ello, me ayuda a superar mis miedos al futuro y a vivir mi presente con seguridad y alegría. 

     Si Dios eligió nacer en semejantes condiciones ¿porqué he de temer yo por los míos? ¿Por qué he de temer yo que la crisis me complique tanto mi presente y dañe el bienestar de mi familia? Lo básico no es sustituible y lo tenemos, estamos juntos, sabemos que Dios cuida de nosotros y todo lo demás son consumismos que pueden ir sustituyéndose en mayor o menor medida. 

     Este año el mejor "mantecado" que están degustando mis hijos es levantarse con su padre cada mañana, ser llevados al cole por él y compartir el resto del día juntos. Eso, nadie puede quitárselo ya. Ni los momentos que hemos pasado haciendo los adornos de navidad este año con tubos de cartón de los rollos de papel higiénico, los adornos de recortable, de colorear. Tantos momentos que están completando este tiempo de adviento a la espera del Mesías de ir el 24 a la misa del gallo a celebrar que el Niño ha llegado.



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