UN ANGEL EN NUESTRAS VIDAS.

Desde que comencé a escribir en este blog he deseado contar esta historia.  Pero siento un aprieto en el pecho cada vez que lo intento, me refrena y me acompleja,como si no fuese capaz de contarla como se merece. Pues es la historia de amor mas bonita que yo he tenido le suerte de presenciar tras la pasión de Cristo. Fue con esta historia con la volví a redescubrir que solo el el amor más grande es aquel que no teme perder la vida por ti.

Como en la difícil prueba de la Pasión de Jesús, Dios mandó a nuestra familia a un Ángel, con la misión de salvarnos a muchos. Y como el paso de Dios, humano entre nosotros, la vida de este Ángel en este mundo no fue fácil, ni para él, ni para su mamá, ni para ninguno que hasta el ultimo momento deseamos verlo quedarse. Él venia a cumplir su misión, la que le había sido encomendada...

Todo comenzó un mes después de mi embarazó. La noticia me llegó como una lluvia de estrellas, un bonito arco iris de colores por el que correr de mi a ella y compartir. La llamaré Maria par proteger su identidad. Fue la persona más importante de mi infancia y la hermana que nunca tuve hasta cumplidos los quince años.


Estaba embarazada también. 
Yo esperaba mi segundo hijo, ella el primero.
Hicimos tantos planes, porque el mundo laboral no nos daba tregua y apenas podíamos vernos. Los peques nacerían con menos de un mes de diferencia y queríamos por encima de todo que los primos tuvieran la misma relación que ella y yo tuvimos . Solo teníamos que esperar.

Viví mi embarazo con una ilusión especial solo de pensar que seria de nosotras cuando nacieran y pudiéramos compartir mas tiempo con nuestros retoños juntas.
Los meses fueron pasando.
Los bebé iluminando nuestras vidas y proyectos. Yo vivía tan ilusionada o más el embarazo de Maria que el mio propio.
Corfimaron un niño en mi útero. Mi pequeña lucía estaba radiante de felicidad. 
A las tres semanas Maria fue a la ecografia donde le dirían el sexo del bebé. Hablé con ella esa mañana, estaba tan contenta, me dijo que me llamaría encuentro le dijeran que era.
Pasaron las horas ...
...No llamó.
Yo ya sabia que algo pasaba, tenia un agudo dolor en el pecho que no me dejaba respirar. Quería llamarla, pero no podía. Cuando la angustia ya fue tan insufrible que no pude más, llamé. Recuerdo que tardó mucho en coger el teléfono. No me gustó la espera, el silencio ya confirmaba mis temores. Y por fin su voz. 
Triste, temblorosa, me dijo que no quería hablar con nadie y que se había pensado no cogerme a mi tampoco el teléfono. Pero que era yo. En aquel momento desee ser otra...

El bebé no tenia bastante liquido, no sabia como, pero se estaba perdiendo. Le implantaron más liquido...Pero la cosa no mejoró. Los médicos le propusieron el alborto ante la difícil e insalvable situación. 
Le dijeron que el niño no se estaba formando bien y que no tendría fuerzas para llegar al final de la gestación. Y de llegar y nacer, nacería con muchas dificultades, con anomalías muy marcadas y probablemente moriría en horas o tal vez días.
Ante aquello, creo que todos lloramos.
Incluso yo dejé de sentirme viva en mi embarazo. Aquel era un niño tan deseado como el mio. Y le grité a Dios cabreada que era muy injusto. No, No, no podía aceptar aquello. 
Maria decidió seguir adelante contra toda esperanza. Yo sabia de su dolor, aunque ella nunca se quejó. Sabia de lo mucho que sufría y de lo mucho que rezaba como yo, esperando un milagro que no se cumplió.


Maria siguió adelante, contra opiniones medicas, sin escuchar a aquellos que aunque de buena fe, le indicaban otro camino a seguir. Y el niño contra todo pronostico humano, seguía con su ritmo cardíaco. Nadie podía confirmar si allí en el interior de su mamá estaba seguro pese a sus dificultades por seguir viviendo o tal vez sufría. Pero Maria fue una madre valiente. Amó a su hijo por encima de su propio dolor y tuvo esperanza en Dios, el creador de la vida hasta el último momento.
Mi hijo nació, Iván nació sano y fuerte como un toro, era todo vida, ajeno al sufrimiento que yo como madre sentia en lo más hondo de mi. Tenia a mi hijo en los brazos y pedía a Dios otro milagro de vida como aquel. Aunque en lo más profundo de mi algo me decía que la voluntad de Dios era otra a la cual tendríamos que esperar comprender. El dolor nos nublaba el pensamiento en aquellos días. 
Maria salia de cuentas, y el peque seguía vivo en su seno. No venia bien. Eso lo sabia ella. Pero le quería como yo al mio. y aguantaría hasta la ultimo latigazo de dolor por su hijo. Fue entonces, viendo el testimonio de vida que mi prima estaba dándonos a todos, cuando comprendí el sacrificio de Maria por la humanidad.  Maria se puso de parto y su hijo nació y vino a este mundo, en el proceso del nacimiento quiso Dios cambiar su humanidad y el niño se quedó asfixiado por el cordón umbilical. Nació muerto. Pero nació Ángel. Porque Dios que es el dador de la vida, sabe que vida dar a cada uno de sus hijos.
Maria luchó y luchará. Y Dios le dio un hijo con naturaleza incorrupta, ya no sentiría dolor, y nadie podría decir de él que no se estaba formando bien. había nacido un Ángel de Dios. Y los ángeles de Dios son todos perfectos.

Ahora miro a Iván y se que tiene un Ángel guardián de más, que vela sus pasos. No me cabe la menor duda. 
Maria sigue adelante con un puñal de dolor traspasando su pecho. Nunca la he oído quejarse. Tardo en venir a ver a mi hijo. No se lo tuve en cuenta, yo no se si en su lugar yo hubiese tenido fuerzas para hacerlo. ella sigue hacia delante, con su marido, su trabajo, su vida... Aun no tiene hijos, de eso hace cuatro años largos ya. lo único que salió de su boca el día que nos sentamos ha hablar fue: He sido una buena madre el tiempo que tuve a mi hijo, hice mi trabajo de madre hasta que Dios quiso y esa tranquilidad no me la puede quitar nadie.
No quise decirle que su hijo estaba escuchándola y que estaba orgulloso de su mamá. Ahora él es quien cuida de ella y de mucho de los que estamos aquí. Yo no puedo verlo, pero siento su presencia constantemente por mi casa. Su madre y yo hablábamos sobre lo bien que se criarían juntos y que lo intentaríamos por encima del trabajo y de todo, que disfrutaran de momentos en su infancia como nosotras disfrutamos en la nuestra. Y yo siento a ese angelito, rondando mi vida y mi casa, rondando a su primo, con el que juega a su manera, aunque no se si Iván puede percibirlo. No me gusta influenciar a mis hijos de las cosas que yo siento.
Pero al fin se que Dios hizo el milagro, tal vez no el que nosotras esperábamos, pero hizo lo mejor como siempre. Aunque para entender a Dios, no siempre se consigue sin sufrimiento. Aunque cuando al fin el conocimiento nos llega es todo una bendición.

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