Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

sábado, 23 de julio de 2016

AVANCES.



Resistir supone negarse a dejarse llevar a una situación que cabría aceptar como lamentablemente definitiva. Stéphane Hessel



En muchas ocasiones me he visto frente al portátil, escribiendo esta entrada, el tiempo a pasado relativamente deprisa estos dos últimos años y tan lentos los últimos nueve días. Eso es lo que ha durado mi Anita una vez la sacaron de su casa, nueve días y medio. 

Hace dos años cuando fui a la entrevista de trabajo, recuerdo que por el camino hablaba con mi marido de lo que suponía ir a una entrevista para cuidar a una anciana con 97 años. Incluso nos reímos. Hacía tanta falta el trabajo en casa, que había que intentarlo. Recuerdo que lo primero que pensamos y aunque suene algo mordaz fue en cuanto iba a durar ese nuevo trabajo de aceptarlo. 

No olvidaré la primera vez la vi. Entonces yo no conocía esa carita suya de miedo y de estar conteniéndose por algo que no le gustaba y que por cojones tenia que acatar. Recuerdo como hablaban por ella y como ella simplemente estaba allí conteniéndose. No entendía que la señora que la había atendido antes que yo, ahora no podía estar en una jornada diferente que abarcaba la noche. Habló o intentó hacerlo un par de veces para decir que quería que Pepi estuviera con ella. Y a mi no me gustó el modo en que se dirigieron a ella callándola. Yo me críe con mis abuelos, entre mayores, jamás los traté así, ni cuando el agotamiento físico y moral llegó a limites incalculables que solo mi padre y yo conocimos. Mi abuelo paterno murió en mis brazos cuando yo tenia quince años después de tres meses de agonía en un hospital donde una gangrena lo fue conquistando en una lucha encarnecida, y digo encarnecida literalmente. Mi padre y yo sabemos que fue así, pero ninguno de los tres nos rendimos hasta que él, o mejor dicho su corazón ya no pudo con tanta putrefacción.

La agarré de la mano después de aguantar a su familia y su verborrea durante al menos media interminable hora y la miré.
- Nadie me ha dicho aún como se llama ella -dije mientras me volvía mirándola y le preguntaba-  A ver, ¿Cómo se llama usted?
Como toda persona de su generación me dijo su nombre entero con ese tono de reverencia que solo faltaba el añadido de: para servir a Dios y a usted.

Y me conquistó.

La vi tan desvalida, tan necesitada de alguien como yo con ganas de darle amor. Que no pude negarme pese a lo misero de las condiciones.
- Ana, ahora mismo usted se siente mal, no me conoce, yo soy una extraña y sé que quiere que Pepi se quede como hasta ahora. Pero ya verá cuando me conozca se alegrará y nos vamos a llevar muy bien.

Hace diez días mientras desayunaba su tostadita con jamón, el cual para que se lo pudiera comer se lo picaba con las tijeras como si fuesen pequeños granos de arroz. Le decía a su sobrino que estaba allí esperando que terminase para llevarla a la residencia.
-Mientras mi niña me cuide así yo no me muero, las tostaditas que ella me da no me las hace nadie. Ninguno me las sabe hacer como mi niña, así como me voy a morir. Bueno, me tendré que morir un día cuando Dios quiera, pero no ahora.

Odio tener que escribir esto que puede que suene muy prepotente. Porque se que Dios así lo habrá permitido. Pero se que mi Anita se ha dejado morir estos días. Ella no quería salir de su casa. Y por muy bien cuidado que los abuelos estén en un centro de mayores. Donde mejor están es respetando su dignidad. Por eso me jode tanto y por eso estoy tan mal, por eso siento odio, y por eso me gustaría golpear a más de uno si no literalmente; con la palabra. Que espero que Dios me ayude y me de serenidad mañana. La vamos a velar dos días, no la entierran hasta el domingo, y yo hoy no voy al velatorio, porque tengo tanto odio, sí, odio en mi corazón, que me conozco y se que no podré callarme ciertas cosas.

¿Sabes? He sufrido en mi vida situaciones extremas que me han empujado a ser una adolescente con estados depresivos. Después de lo de mi abuelo, me costó superarlo sola, mucho. Y en mi cabeza quedaron secuelas, desde entonces la depresión se quedó a vivir conmigo junto a mi hipotiroidismo. Ambos de la manita, la depresión iba y venía como el que tiene un familiar que te visita en ciertas temporadas ocasionalmente todos los años. Solo las personas que padecemos pensamientos suicidas sabemos lo duro que puede llegar a ser sobrevivir un puto día con tu cabeza dando vueltas a mil ideas de como hacerlo. Ideas de liberación, de culpa, de remordimientos, ideas de querer que todo acabe y de temer a un mismo tiempo realmente perder la cabeza del todo y con un acto matar a alguien más que a ti.

Yo, mejor que nadie sabia de desesperación. Y ella me pareció tan desesperada aquella tarde que la conocí. Que lo último que hubiese pensado es que aquella abuelita de 97 años me daría en dos años de vida la mayor lección de lucha que jamas podría recibir. Lucha por sobrevivir, por no rendirse.
En estos dos años ha habido días en los que llegaba al trabajo muerta espiritual, psíquica, y casi carnal... iba echa una mierda vamos. Y lo hacia por ella. Pensaba: ¿como puedo sentirme tan mal y Anita que se está consumiendo lentamente tiene tantas ganas de vivir aún?
Y llegaba allí y ella, pese a que yo bien trataba de reír, se daba cuenta y me preguntaba. Y me daba ánimos, a su modo, en sus limitaciones. Con su propio punto de vista. Y joder, me servia, siempre me servia para poner a caldo a mis propios demonios y seguir luchando. Así que ironía de esta vida, la mujer fuerte, terminaba por ser ella y yo la cuidadora cuidada. Y en muchas ocasiones, juro por Dios que habría cambiado mis años a pelo por los suyos solo por experimentar de primera mano esas puñeteras ganas de vivir que tenía y que a mi tantas veces me faltan.

Y por eso estoy jodida, por eso estoy cabreada, por eso hoy que nadie me consuele que voy a dar todas las putas pataletas que me de la gana. Porque me parece muy injusto. Me parece una situación muy injusta el modo en que ha muerto.

Mañana o pasado, o cuando sea me serenaré y avanzaré. Y lo veré de otro modo. Pero hoy no. Hoy solo quiero estar así, como estoy. Llorar y cagarme en to lo que se menea hasta que me salga toda esta puta rabia de dentro. 





sábado, 16 de julio de 2016

YO TARZAN TÚ ... JESUCRISTO (O VICEVERSA)


TODOS LOS HOMBRES TIENEN DERECHO A LA VIDA, A SU INTEGRIDAD PERSONAL. 
(Juan XXIII)

Lo que me quedaba por leer, esto es pa´cagarse.
Estas son las cosas que hacen que la gente salgan por patas de una parroquia si lo oyen en una homilía, o que reaccionen como una urticaria si se las manifestamos en una conversación. Vamos a ver....

La verdad es una pero hay que saber transmitirla. Y en esta vida la asertividad es fundamental para tratar con el personal. 
Y no es que yo suela ser muy asertiva, más bien soy políticamente incorrecta hablando y bastante irreverente. Pero no conozco a nadie que hablándole de mi fe cara a cara me haya despreciado o mostrado repulsa.

Me escribe un amigo y me dice que no lleve a mis hijos a ver la nueva peli de Trazan, jajj, pues ya llegó tarde porque como no me da el presupuesto para cine, robo viendo pelis piratas online (y si por eso voy al infierno, imagino que allí me encontraré con muchos del mundo de celuloide y les daré mis razones de porque usaba esta practica) del mismo modo que las doy cuando me confieso. Pero no ese el caso. Vayamos a él. 

Este amigo (del que no dudo su buena fe al aconsejarme) me da un enlace que aquí te comparto. http://www.religionenlibertad.com/por-que-voy-ver-nuevo-tarzan-50816.htm Dándome unas razones para que no vea la película.  
Bueno pues resulta que hace tres días como de costumbre he visto yo primero la peli para analizarla y luego verla con mis hijos. Puede que sea un desastre de madre en muchas facetas. Pero si algo se hacer bien es defender la libertad de mis hijos. No importa lo duro que golpee la catequesis del mundo, uno es libre, Dios me ha creado libre y nadie va a poner barrotes a mi libertad aunque ella me lleve a mi perdición. Será mi elección. Y quiero que mis hijos con ayuda del Espíritu Santo descubran un día esto y mientras, yo aporto mi experiencia de individuo como madre. 
Al lío.

Respeto las razones que da la persona que escribe el post del enlace de Religión en Libertad. De hecho, sin haber leído nada, me refiero a criticas por parte de católicos. Cuando la vi,me refiero a la peli enseguida fui consciente de la mala baba de usar un rosario hecho de tela de araña para matar. Pensé: genial, la primera en la frente. Ya están intentando jodernos a los católicos otra vez. 
Si no quieres que te estripe la peli, no sigas leyendo porque resulta que al final, cuando con el rosario intentan ahogar al macizorro de Tarzan (Alexander Skarsgard principal razón por la que he visto la peli con tantas ganas, pese a que me encanta la historia de Tarzan). El caso es que contra toda probabilidad, el hilo de araña estalla rompiéndose con la fuerza bruta del simple cuello del protagonista. 
Eso me dejó alucinando, por lo decadente del acto en términos de poder asimilarlo como algo real y creible. Y porque enseguida pensé: normal, si usas un rosario para algo fuera de su fin lo normal es que pase algo así, no será efectivo.

No creo que sea cuestión de cabrearse, de hacer pataleta y decir que están riéndose de nosotros. Es cuestión de coger lo que el mundo lanza, hacer nuestra propia jugada y devolverla a ser posible marcando un buen tanto. 
Personalmente tengo muy claro la catequesis que voy a darle a mis hijos sobre el rosario. Y mira por donde me va a servir la puñetera película y la  mala baba del guionista o a quien cojones se le ocurrió un rosario en lugar de otro instrumento para tal uso,  a mi, me va a servir para patear una vez más el culo al demonio. Él sabe más, me joderá a su manera, pero yo conozco la verdad y la voy a usar con toda la fuerza que me da la seguridad de saber que no estoy equivocada.  

Que nadie nos engañe, y me dirijo especialmente a los católicos que tenemos un poco de experiencia de la Resurrección de Jesucristo. Estamos en el mundo. El mal nos golpea constantemente. Pero no podemos aislarnos en nuestros fuertes, en nuestros círculos donde vivimos la fe y nos sentimos seguros. El mundo está lleno de personas sometidas, que no conocen la verdad y si nosotros no hablamos, lo harán otros.  Usemos sus propias armas para manifestar la Verdad que conocemos y luego que ellos decidan a quienes quieren creer. 

En la peli también se habla y se da a entender de que el personaje de Rom es tan cruel, porque de pequeño fue victima de los abusos de un sacerdote. Pues bien, hay que decir la verdad, los sacerdotes son personas, con defectos, con pecados y con equivocaciones. Estos días en las noticias de mi país salen a relucir varios casos de abusos a menores por sacerdotes. Y yo como católica soy la primera que pido justicia. Justicia humana y civil. Y justicia Divina, ya será Dios quien lo juzgue además de los hombres. 
Otra catequesis más que poder impartir sobre la Verdad que encierra el pecado gracias a la misma mala baba que el tema del rosario. 

Creo que la cuestión no es la de cerrarnos a ver la peli, si no verla como un discípulo del Señor, el mismo que nos dijo: 

¿Ahora creéis? Mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo. Pero no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí. En el mundo tendréis tribulación. Pero ¡ánimo! yo he vencido al mundo.Juan 16, 33

Ser fiel a uno mismo y a nuestra fe en mitad del mundo, esa es la cuestión.
Lo que está claro es que mientras caminemos por esta vida, todo lo que nos rodea va a intentar limitar nuestra libertad personal, esa con que Dios quiso desde su Sabiduría Absoluta regalarnos a cada uno. Sabiendo en su Omnipotencia cada uno de los conflictos internos y externos a que seremos sometidos. Pues bien, es el momento de no hacer el idiota y si lo tienes tan claro como yo, lucha joder, lucha por el pequeño, el indefenso. el que aún ni conoce la libertad que posee.

Ayer viendo las noticias de los abusos a mujeres que han ocurrido en los San Fermines mi hija me sacó el tema de los abusos que una monaguilla sufrió por parte del sacerdote de su parroquia. Mi hija me preguntó que como un cura que se supone que tiene que hacer el bien hace una cosa tan mala. Mi respuesta fue muy sencilla. 
Somos libres, siempre lo somos. A veces las personas incluso siendo buenas personas, por razones que no somos quienes para juzgar se equivocan y eligen hacer cosas malas. Por eso es importante que si alguna vez te pasa algo que tú crees que no está bien, vengas y me lo cuentes a mi enseguida. Yo soy tu madre y te creeré y te protegeré incluso cuando te puedan decir que la culpa es tuya. Que nadie te asuste nunca, ni te amenace con cosas que te limiten a decirme lo que te pasa. Yo me encargaré de que el peso de la justicia humana le caiga a quien sea con todas las de la ley. Sea el cura de la parroquia, tu padre, o periquillo el de los palotes. Cuando tú creas que un hombre o una mujer, independiente de quien sea, te toca o te dice algo fuera de lo que tú crees normal (porque ya eres mayor para saberlo), ven y dímelo a mi y las dos averiguaremos juntas que hacer. Y lo mismo le repetiré cuando veamos la película. Esa es la cuestión. Saber resolver los conflictos con una óptica de fe y no una asustadiza y mundana. El diablo será más listo que nosotros, nos aventaja en sabiduría, pero joder, vamos a no ser gilipollas y ponérselo tan fácil. ¿No? 

Si nos cerramos a vivir la fe de un modo puritanismo y en términos del buenismo... La vamos a cagar. Porque el demonio no se las gasta con flores. Ese viene con toda su corte a hacernos la guerra y si tú lo sabes como yo, más te vale que cojas la espada y te prepares para la guerra, porque el rosario y la oración solo van a cubrirte una parte de este combate, la otra vas a tener que lucharlo cuerpo a cuerpo con lo que te va llegando. Así que animo. Ya sabes lo que dijo Él.
Yo he vencido al mundo.

¿Me vas a venir ahora con el cuento de una puñetera película? Pues prepárate cuando te pongan los clavos.


miércoles, 13 de julio de 2016

UNA HISTORIA DE AMOR DESESPERADA.


Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor. 
(William Shakespeare)

Dos años, doce días, y unas malditas horas... 

No puedo soportarlo, dicen que el amor no debe doler. Imbéciles. El amor siempre duele, si es amor del bueno y no un sucedáneo, que es a lo que la mayoria optan por llamar amor. Duele, porque amar conlleva aceptar al otro tal cual es, aceptar la realidad tal cual es y por supuesto aceptar que a diferencia de esas frases muleta que todos conocemos... El amor no siempre lo consigue todo. A veces el amor, tiene como fin ponernos al crisol y desnudar nuestra hipocresía más escondida y ponernos de cara frente a quien somos realmente y el modo en que somos capaces de amar por encima de nosotros mismo. Eso es amar, lo demás es necesidad de que te amen a ti y punto.

Esta no es una entrada fácil de escribir, y apostaría a decir que tampoco de leer. No seré delicada escribiendo, ni comedida, seré irreverente y fiel a la fuerza de mis emociones, los que me conocéis ya sabéis que escribo sin frenos. Hoy después de tres meses de desierto he vuelto, no me atrevo a decir que mejor o peor que cuando me fuí tras Él. Solo he vuelto para seguir luchando y caminando que es lo que nos queda en esta vida, y no en plan melodramático, o victimista, es que la vida es eso, un sinfín de estados que se van complementando y que nos forjan por dentro, se proyecta hacia el exterior y de algún modo dejan huella en los demás. Y es importante que aún cuando las experiencias que vivimos sean desesperadas, sepamos proyectar esperanza en los demás y abrir puertas, siempre abrir puertas a las personas, porque no podemos prever el habitáculo en que se encuentran. Como han de ser sus propias necesidades. Y como ya he dicho en alguna ocasión, la soledad no es lo mismo que el aislamiento. 

Hoy no estoy para ser pilar de nadie, ni modelo a seguir, ni para que nadie me diga que bien lo hiciste. Jamás he querido ser ejemplo de nada, lo único que he buscado siempre ha sido ser yo misma, fiel a mis principios y actuar según ellos; aunque eso me dejara con el culo al aire, rota o como una puta mierda. 
Hoy me siento así. Como si una demoledora me hubiera penetrado y hubiese estado haciendo tajo a deshoras dentro de mi.  Desde que entré a trabajar con mi Anita sabía que llegaría el día. Ese en que si el Boss no se la llevaba antes de que sus familiares se cansaran de cuidarla o de que sus pobres ahorros de toda una vida la mantuvieran autónoma... Tendría que suceder. Ayer fue el día X.  Después de dos años y doce días me tocó a mi llevarla al centro de mayores. La cara de ella en la imagen de este post lo dice todo... Iba engañada, pero nadie es tan ingenuo como para no ver lo que tiene delante. Y desgraciadamente, a sus 99 años que cumplió este pasado mes de Mayo, aún tiene sus facultades mentales en orden. Y digo desgraciadamente, porque en los últimos meses han mermado algo, pero no lo suficiente para que no se de cuanta de la realidad. Eso ahora le habría evitado sufrir tan viejita, la experiencia de sentir como la desplazan a un lugar que ella no desea y al que le imponen por encima de su voluntad. 

La familia ha decidido llevarla al centro de adultos sin contar con su voluntad. Esa es la cuestión. Que debemos por encima de todo proteger a nuestros mayores, pero no solo dándoles los cuidados necesarios para que estén bien atendidos de salud y emocionalmente arropados. Su dignidad como persona deberia de ser nuestra mayor prioridad. Dios nos ha creado libres, y si Él a tenido a buen juicio hacerlo así, ¿Quienes somos nosotros para limitar ese valor innato? Hemos de defenderlo por encima de cualquier estipulación social que nos venden como lo mejor para el bien del otro. En este caso, lo mejor para una anciana sin hijos, sin recursos económicos para pagar otra cuidadora y sin autonomía física. Sí, lo mejor es estar en un centro atendida. Pero olvidamos que lo mejor para ella es que se respete su voluntad siempre y cuando tenga facultades mentales para ello. Y ahí es donde yo reboto y reviento y no puedo con las injusticias. Porque en este caso concreto la solución hubiese sido viable. Que la familia la hubiese amado, y amado es que siete horas al día hubiesen renunciado a sus tareas (todos con posibilidades) y estar con ella. A veces no hay opciones, y hay que tomar medidas no deseadas, en este caso las había. Las opciones eran rascarse los bolsillos un poco (y había recursos por partes de la familia) Pero ay!!!! Amamos muchos, somos muy buenos, hasta que nos tocan el bolsillos. Entonces, es mejor casi que ni nos quieran y de ese modo no nos veremos en la obligación de devolver amor y soltar la cartera en un mismo acto. A eso es a lo que yo llamo los sucedáneos del amor. Pero en fin, somos libres, y la libertad conlleva que cada cual elige hasta el modo en que ama, claro que luego se deberia no exigir la demanda superior a la oferta. Ahí lo dejo para reflexión propia. 

Yo ayer terminé rota hasta los cimientos y con ganas de romper más de una mandíbula. Se me disparó mi vena salvaje, esa que no es tolerante. Que no sabe amar, que no sabe de perdonar la carencia del otro. Pero es que yo... No soy Santa. Sigo en practicas y saberme la teoría, no me libra que a la hora de ser y actuar, no lo haga como el resto de idiotas que no saben hacer buen uso. Pues eso, yo ayer deseé cosas muy malas a muchos. Y me hubiera encantando impartir algunas. Ya te dije que hoy no sería una entrada fácil de leer. 

En mi mentalidad, en mis principios, jamás, repito, jamás, entraría hacer lo que ayer me vi en la obligación de hacer y fue muy duro. La llevaron engañada, sin decirle donde iba. Y sí acepté ser yo quien la acompañó al centro es porque preferí hacerle la salida de su casa lo más cómoda y menos traumática dentro de mis posibilidades. Le dije que la llevaba a una revisión al medico. Pero se dio cuenta antes de que la dejásemos allí y me pidió llorando que la llevara a casa. Jamás olvidaré la cara de mi niña grande, la desesperación con que me pedía que no la dejara allá. Y jamás en toda mi puta vida desde que mi abuelo murió en mis brazos, me había sentido más impotente. Era la misma mirada, la misma. Y desde entonces no puedo dejar de llorar.  Porque los fuertes también lloramos, aunque a escondidas, yo ya ni me escondo, tengo los ojos tan hinchados que lo de la alergia no cuela.
Le prometí que no la dejaría hasta dejarla de la mano de San Pedro, y yo jamás rompo mi palabra aunque me vea obligada a cursarla por medios diferentes a los que tenía en mente. El amor es así, has de amar con todas las consecuencias. Así que esta mañana ya he llamado al centro para ver como ha pasado la noche y saber como lleva el periodo de adaptación. Confío en la profesionalidad de las personas que se cualifican para esos trabajos. Aunque sea de los que pensamos que los abuelos donde están bien es en casa con los suyos. Ana estará allá mejor, más atendida, y hasta más querida con toda seguridad lo digo. Y yo, no voy a dejarla, iré las veces que me se sea permitido y estaré aquí detrás. Siempre, mientras llegue el momento de partir a donde le prometí que la dejaría aunque tenga que derribar la puerta a San Pedro para colarla. No la dejaré. Pero duele, joder que si duele, como el puto infierno. Duele. Y me alborota los peores de mis instintos, pone mis engranajes de rencor en funcionamiento y eso hace que compruebe que no soy tan buena persona tampoco. 
Nadie es bueno. 
Vamos por esta vida intentando hacer las cosas bien. Y hasta la suerte influye en la cantidad de idiotas con que nos vemos obligados a pasar el rato. No dejarnos mestizar por sus principios es la clave. Perseverar en quienes somos. O mejor dicho, perseverar en el bien que conocemos. En el bien que podemos hacer. En el bien que necesita de nuestra voluntad, de nuestro honor, de nuestra lucha continua por intentar manifestar su virtud como estandarte de nuestros días.





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