Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

miércoles, 30 de marzo de 2016

SILENCIO... TE ABRAZO. (Donde nadie me oye)



Sólo en el silencio el hombre logra escuchar en lo íntimo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente le hace libre. (SS Juan Pablo II).


Nuestra vida está llena de ruido.
De carreras, de velocidad.  
De acontecimientos que nos llenan de inquietud y nos roban la paz.
Te levantas y toda tu actividad está esquematizada dentro de un horario. A menudo excesivamente estresante. Hasta tal punto que viviendo rodeados de personas que nos quieren, pasamos solos la mayor parte del tiempo absorbidos por la aplastante cantidad de información que nos llega de todos sitios, y en cantidades lo suficientemente grandes como para que nos sometan y nos aplasten.

Ese estrés termina por convertirse en agobio, y ese agobio en aislamiento. 
Y el aislamiento no es lo mismo que el silencio.

Las personas nos aislamos sometidas por factores externos que nos hacen ser incapaces de procesar en nuestro cerebro estímulos positivos. 
Por el contrario el silencio libremente elegido es una experiencia que nos enriquece, que nos ayuda ha discernir, a encontrar un equilibrio en la meditación, un afianzamiento en aquello que deseamos, que valoramos, que realmente necesitamos cimentar para encontrarnos tal cual somos. 

Hoy no voy a extenderme en mi pots. 
Solo diré que en silencio amo y en silencio me siento amada. Que a veces los gritos más agudos son silenciosos, y los abrazos más fuertes se dan sin palabras, sin gestos.  

Nunca permitas el aislamiento en tu vida... Grita. 
Y luego ... Guarda silencio. 
Por que allí te encontrarás, le encontrarás... Nos encontraremos.





domingo, 27 de marzo de 2016

CRÓNICAS DE UNA CITA PERFECTA.






La primera vez que lo vi me fascinó su fuerza. Era un Hombre perfecto. Yo estaba allí, absorbida en mi mundo. Creyendo que ya lo había visto todo. Y entonces le vi pasar. 
Iba todo vestido de rojo, su sangre le cubría un cuerpo quebrantado, pero no su fuerza eso fue lo que me hizo detenerme y mirarle. Quería verle el rostro, lo llevaba cubierto entre el largo pelo y la sangre de las heridas de la cabeza. Tenia que verlo, tenia que ver esos ojos. No podía quedarme con la curiosidad de saber si realmente poseía esa energía, esa fuerza en su mirada. Era una atracción inenarrable. "Yo soy tu hombre mujer, te quiero para mi"

¿Quién es ese que en tal estado me reclama para si? Tenia que verlo. Me acerqué muerta de anhelo y curiosidad y sus ojos me agarraron con un ímpetu que rompió todas mis resistencia. 
"Te llevaré al mar nena, como ninguno de tus amantes puede llevarte"

Y  lo seguí hasta verlo morir crucificado. Y lo llevaron a un sepulcro y aún cuando ya no podía verlo ... Le escuchaba con esa fuerza que su cuerpo ultrajado retenía. esa fuerza que me gritaba: "Eh nena, ven a verme el sábado, tengo la cita perfecta pensada para ti"

Pero al llegar al lugar del encuentro...




Solo encuentro vacío.
Y aún así le siento en el silencio de esa soledad mía como me susurra: "Nena, lo bueno se hace esperar. Te dije que te llevaría esta noche al mar, espera un poco más."

Hay alboroto en aquel lugar, un templo de barrio, apenas treinta personas esperando lo mismo que yo. Y empiezo a sentir como un frío que me recorre la espalda. Creo que me estoy encogiendo. Estoy aquí expectante, deseando ver que tiene ese Hombre para mi. ¿Pero y yo? Que puedo ofrecerle yo. Empiezo a mirarme hacia dentro y cada vez me pueden más mis inseguridades, yo no soy lo suficientemente buena para alguien así. Me conozco bien, y se en que fallo y eso me hace a mi modo de ver la candidata no apta. Y entonces un alboroto...

El cura se retrasa, la celebración es un puro directo, suele pasar en esta parroquia... Ay... No quiero que nada me agobie más. Ya tengo bastante con mis temores internos. Me acerco a preguntar si hay algo en que ayudar. Carmen y el Hermano mayor de la Hermandad de Pasión están repartiendo lecturas. Me toca leer la tercera con su salmo. Vale. 

Empieza la celebración. Tengo mi pecado más patente que nunca en mente, mi pyrocant contra quien no puedo combatir con voluntad. En la oscuridad durante el Pregón. Le digo en mi corazón. No puedo contra esto, pero si me pides que baile contigo y me sostienes en tu maestría se que lo puedo conseguir. 
Y se hace la luz, el Cirio Pascual enciende mi alma y le escucho emerger de la oscuridad. 
"Me gusta bailar contigo nena, no temas. Yo te llevo, dirijo tus pasos a un ritmo que puedas seguirme. Déjate llevar ¿ok? Puedo sentir en tu corazón el latir del dolor que soportas, y el modo en que tus ojos me buscan con temor de perderme, de herirme más. Pero yo nena, yo soy más fuerte que el resto y te voy a llevar al mar, a ti y a todos tus miedos y los dejaremos allí.




Y siento como esa luz empieza a calentar mi animo, mi esperanza, a despertar una alegría dentro que no puedo explicar. Se que me dice la verdad. 
Empiezan las lecturas y me toca salir. Se que lectura me ha tocado, conozco todas la que se proclaman en la Pascua. Pero por una extraña razón no he sido consciente de ello hasta que estoy caminando hacia el atril y le vuelvo a oír.
" ¿Nena preparada? Ven conmigo al mar."
Y comienzo a proclamar la lectura y el Salmo correspondiente:


Del libro del Éxodo 14,15-31.15,1. 
Después el Señor dijo a Moisés: "¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. 
Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. 
Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. 
Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros". 
El Ángel de Dios, que avanzaba al frente del campamento de Israel, retrocedió hasta colocarse detrás de ellos; y la columna de nube se desplazó también de delante hacia atrás, 
interponiéndose entre el campamento egipcio y el de Israel. La nube era tenebrosa para unos, mientras que para los otros iluminaba la noche, de manera que en toda la noche no pudieron acercarse los unos a los otros. 
Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y el Señor hizo retroceder el mar con un fuerte viento del este, que sopló toda la noche y transformó el mar en tierra seca. Las aguas se abrieron, 
y los israelitas entraron a pie en el cauce del mar, mientras las aguas formaban una muralla a derecha e izquierda. 
Los egipcios los persiguieron, y toda la caballería del Faraón, sus carros y sus guerreros, entraron detrás de ellos en medio del mar. 
Cuando estaba por despuntar el alba, el Señor observó las tropas egipcias desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos.
Además, frenó las ruedas de sus carros de guerra, haciendo que avanzaran con dificultad. Los egipcios exclamaron: "Huyamos de Israel, porque el Señor combate en favor de ellos contra Egipto". 
El Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios, sus carros y sus guerreros". 
Moisés extendió su mano sobre el mar y, al amanecer, el mar volvió a su cauce. Los egipcios ya habían emprendido la huida, pero se encontraron con las aguas, y el Señor los hundió en el mar. 
Las aguas envolvieron totalmente a los carros y a los guerreros de todo el ejército del Faraón que habían entrado en medio del mar para perseguir a los israelitas. Ni uno solo se salvó. 
Los israelitas, en cambio, fueron caminando por el cauce seco del mar, mientras las aguas formaban una muralla, a derecha e izquierda. 
Aquel día, el Señor salvó a Israel de las manos de los egipcios. Israel vio los cadáveres de los egipcios que yacían a la orilla del mar, 
y fue testigo de la hazaña que el Señor realizó contra Egipto. El pueblo temió al Señor, y creyó en él y en Moisés, su servidor. 
Entonces Moisés y los israelitas entonaron este canto en honor del Señor:

Libro del Exodo 15,1b-2.3-4.5-6.17-18. 
"Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria: él hundió en el mar los caballos y los carros. 
El Señor es mi fuerza y mi protección, él me salvó. El es mi Dios y yo lo glorifico, 
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. 

El Señor es un guerrero, su nombre es "Señor". 
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército, lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. 
El abismo los cubrió, cayeron como una piedra en lo profundo del mar. 
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza, tu mano, Señor, aniquila al enemigo. 

Tú lo llevas y lo plantas en la montaña de tu herencia, en el lugar que preparaste para tu morada, en el Santuario, Señor, que fundaron tus manos. 
¡El Señor reina eternamente!". 


Y según leía, el alma me brincaba dentro. Estaba allí conmigo, sometiendo todas mis olas de muerte. Haciéndomelas remontar y sin tabla de surf. Sin que pudieran siquiera mojarme. 
"Ya te lo dije, te gusta el mar y a mi me encanta llevarte. Pero hoy quiero dejar todos tus miedos en él sepultados. Vive, vive para mi sin miedo. Sabes cual es el camino y yo respeto tu libertad. Cuando quieras que te lleve a mi mar solo tienes que pedírmelo"
Ay... Voy a perder el sentido de tanto placer concentrado en un solo instante. Esta es la cita perfecta. Lo tiene todo. Pese a ser breve, apenas hora y media de celebración. No la cambio por ninguna otra. 
Y cuando le veo de nuevo aparecer en tal manifestación de sencillez ... Vino y Pan...  Me invade una felicidad tal, que pienso: ¿Se puede amar más? No le ha bastado con dar la vida una vez. Ahora viene a mí en un pequeñito trocito de pan que cualquiera tiene capacidad de tomar en sus manos. En unas especies tan sencillas, que están al alcance de cualquier generación. 



Lo era la primera vez que lo vi cubierto de sangre. 
Perfecto y fuerte. 
El más perfecto de los hombres. 
Y lo es cada vez que me lleva a su mar. Cada vez que concentra toda su fortaleza en algo tan pequeñito como un trocito de pan para que yo pueda tomarlo dentro de mí sin romperme. 

Jesucristo es mi Hombre. Y verdaderamente ha resucitado.


Feliz Pascua de Resurrección a ti que me lees ahora.





jueves, 24 de marzo de 2016

HÉROE DEL CIELO... HÉROE EN MI TIERRA...




"Creo que un héroe
 es quien entiende la responsabilidad que conlleva su libertad"
Bob Dylan.


Cuando era pequeña solo había dos canales de televisión donde elegir. 
Llegaba La Semana Santa, el Jueves Santo e imponían la religión. El Triduo Pascual desde Roma, y  después toda la tarde de películas de la Pasión de Cristo hasta el cierre.

Ahora, hay cientos de canales donde elegir con horarios indefinidos de emisión y se ha pasado de tener la fe impuesta por cojones, a no tener casi ningún referente. 

Para mi igual de impositor es un régimen social, que otro.  

Cada año era igual. 
En mis recuerdos de infancia con referencia a la Semana Santo tengo marcados algunos junto a aquellas pelis. Por lo desarrollado de mi sentido del olfato, el olor a incienso. Es el recuerdo más acentuado. Y el olor a miel, a anís estrellado, a cascara de limón de la cocina de casa, donde mi abuela y mi madre hacían los típicos dulces de la fechas.
El sonido de la banda de música.
Entrar en casa de mis familiares, amigos, vecinos y ver las túnicas de nazarenos perchadas del techo en sitios estratégicos planchadas y esperando ser utilizadas. Los chiquillos del barrio pidiendo por las casas de su calle a los vecinos, para hacer sus pasos infantiles. Luego los sacábamos a la calle y competíamos con los chicos de las demás calles del barrio. Daba igual si eras católico o no, si creías en Dios o no. Entonces esa religiosidad popular invadia nuestro mundo interior, del mismo modo que hoy lo hace el fútbol, por poner un ejemplo.
Y recuerdo con un sentimiento inenarrable, la sensación de sentarme en casa a la mesa camilla, nada de tumbamientos en los sofás. Yo que no tenia hermanos, con mis abuelos y mis padres y ver la historia de Jesús. Mis abuelos paternos no eran muy religiosos, por no decir nada. Mi padre tampoco. Pero allí nos sentábamos todos a ver la pelicula como si de una de indios y vaqueros se tratara.

Mi madre intentaba explicarme algunas cosas acerca de la historia de la salvación, mientras mi abuelo se reía del tema. Y mi abuela y mi padre, tampoco parecían muy convencidos de que ese Jesús fuera el Hijo de Dios. Cada año se repetían aquellas escenas, casi los mismos comentarios. Crecí viviendolos una y otra vez.  Pasando de ver la historia de la Pasión en blanco y negro a color. Dentro de mi ardía un fuego que no llegué ha comprender en mi mentalidad de niña. Un deseo de creer aquello que parecía algo tan irreal. 

Recuerdo que ver el mundo a través de los ojos de papá era mi enfoque perfecto. Pero aquello que yo quería ver sobre ese hombre humillado y matado, no podía mirarlo a través de los ojos de mi padre. Le pregunté una vez:
-Papá ¿porqué no crees en Dios? ¿Porque no crees que Jesús es su Hijo y que resucitó?
Y sin saberlo, mi padre me dio la mejor catequesis sobre la fe que jamás he recibido. 

Me dijo que no podía creer en Dios porque no creía nada que sus ojos no vieran. Que de niño había visto a la iglesia cometer en nombre de Dios muchas injusticias. Y que por eso no creía en nada de lo que contaban los curas, ni nadie relacionado con Dios. Que sabia dentro de él que Alguien había creado el mundo, pero no como, ni quien. Y que al mirar lo perfecto de las cosas del campo, sabia que no podían haber sido creadas de la casualidad de ninguna explosión de meteoritos o de lo que la gente con estudios contaba.

Y añadió al respecto hablando de Jesús una cosa que lo convirtió en mi héroe para siempre.

Porque al escucharle pude ajustar mi propio enfoque al de mi padre. Y resultó que él lo veía como yo.
-Te voy a decir una cosa neni. Yo no se, si ese Jesús existió de verdad o no, porque yo no estaba ese día allí. Y tampoco si era o no el hijo de Dios como cuentan. Pero si yo hubiese estado allí y le hubiera visto hacer los milagros que cuentan y curar a los enfermos, y preocuparse por los pobres y tener dos cojones para no rendirse hasta dar la vida libre por su palabra y lo que él decía ser. Te digo que yo hubiese dado mi vida allí al lado de él. Porque esos son los hombres que de verdad valen en esta vida. A mi parecer esos son los verdaderos héroes.

Y lo hizo... 
O fui yo...
O fue Jesucristo quien supo a través de esos acontecimientos ir instituyendose como el Héroe de mi tierra, hasta fecundarla toda.

El caso era que entonces no había modo de ver películas de mi Héroe, si no era en Semana Santa. Y yo era una cría que añoraba que llegaran esas fechas para verle en mi televisión. Así era yo cría...

Y así soy ahora yo.

Hoy soy yo la madre. 
No impongo mi fe a mis hijos, ni les obligo a que me sigan. Se que Dios tiene una historia personal con cada uno de ellos y rezo para que la descubran más pronto que tarde. 

Hoy llegué del trabajo de nuevo con fiebre. No me recupero, y por lo tanto no he asistido al Triduo Pascual de mi parroquia. Tengo que reservarme en salud, porque aunque esta noche descanse, mañana he de volver al trabajo y no puedo permitirme una baja laboral. Pero eso si. La pantalla de casa ha traído la misa del Jueves Santo a casa. No he obligado a nadie a sentarse conmigo a verla. Eso sí, mi hijo a reclamado la tele para ver el sub21 de España que estaba jugando. 
-Cuando acabe la misa, se verá el fútbol, ahora si quieres verlo, hazlo en tu "psvita".
Terminada la misa, el fútbol, en el salón de casa, aquí andamos viéndolo. Eso si, aclarándoles que la pasión por la roja en esta Semana Santa, no es el eslogan de los partidos de hoy. Que la Pasión por la roja es y será siempre la de la de la Sangre de Cristo. 
Y cuando acabe el partido de la selección. DVD de la Pasión de Cristo de Mel Gibson al Home Cinema. Y el que no quiera verlo, que se busque la vida en el resto de la casa. Y como otros años, se que acabaran viéndola conmigo y haciendo sus preguntas de niños. Y entonces yo aprovecharé para contarle mi historia de amor. La historia de mi relación con ese Hombre-Dios humillado y matado. No intentaré comerles el coco, ni siquiera que entiendan lo que les cuento. Le contaré las anéctodas de como ese Héroe del aire bajó hasta mi mundo y me cortejó, y me cameló, y me conquistó para siempre. 
Y lo haré del mismo modo que le cuento la historia de como nos conocimos su padre y yo. O las anécdotas de como vivimos la transmisión del partido en casa de cuando la selección española ganó el mundial ya que Iván era pequeño y no lo recuerda.

Dar testimonio de la verdad es importante. 
Pero hay una Verdad que por si Mismo da su testimonio. 
Y no importa si le abren camino o no en nuestros días y en las sociedades en que vivimos, en ellas se engrandecen las cosas absurdas y se intentan ocultar las importantes. 

Y un así...
Él a bajado del cielo, libremente. 
Me vio como yo le buscaba y no tuvo, ni tiene reticencia en venir a fecundar mi tierra. 
Mi Hombre, mi Héroe, mi Dios. 




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