Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

martes, 20 de septiembre de 2016

RE-APRENDER.



"Aprender es como remar contra corriente: en cuanto se deja se retrocede." 
(Edward Benjamin Britten)


Hoy con un nudo aquí dentro, en un lugar difícil de definir, pienso en tantas madres y padres, familias que luchan cada día por sus hijos. Niñ@s con una sed de superación infinita y un valor por seguir y salir de lo estático que bien lo quería yo para mi cada día.

¿Cómo se puede sufrir tanto por tan poco? ¿Qué tipo de educación hemos recibido? ¿Estamos dando? 
Miramos al tercer mundo como si fuésemos un Principito de pacotilla, mirando por su telescopio (uno de oro y confianza óptica) y sentimos lastima de esos niños que se nos presentan en la mayoria de los casos como pobrecitos... Pobre, pobre soy yo. Cuando sufro hoy porque he visto a mi hijo tener que ir veinte minutos caminando al colegio, dejado a mi hija en casa de un amigo media hora antes de coger su autobús para ir al insti. Sufro porque Pepe no está hoy en casa pendiente de ellos, porque mi viejo tendrá que ir a recogerlos a la salida. Y porque yo no volveré a verlos hasta el sábado al medio día. Habrá que ser gilipollas...

Nos acomodamos. 
Nos acostumbramos a hacer la vida lo más fácil, y hay cierta medida que nunca deberíamos de rebasar. El hombre ha de adaptarse al medio, nunca el medio adaptar al hombre. Nos secularizamos constantemente por un modo de vida que nos ofertan como gratis, pero que caro lo terminamos pagando. 

¿Qué está pasando en nuestra escala de valores?
¿Qué coño estamos haciendo? 
La dificultad agudiza el ingenio, pero cuando éste se acomoda, se nos vuelve mierda el circuito cerebral, y con él nosotros, y todo lo que nos rodea. 
Tienes que ser un modelo ya establecido, porque si no no encajaras, no serás normal, social, y te quedarás al margen... Desde como vistes, lo que comes, lo que haces.

¿Pero esto que coño es?
Seré un número en la sociedad, el que marca mi D.N.I. Pero no solo soy esa. Tengo que vivir en sociedad, pero jamás dejar que esta aduzca el individuo que soy. Crecemos y de pronto nos convertimos en parte de una masa, de un bolo de materia pegajosa que se parece a todo lo que está a su alrededor. Y todo parece tan bonito y correcto mientras no rebasemos el circulo de seguridad. 

¿Dónde quedó aquel niño que soñaba? ¿Qué arriesgaba? ¿Qué podía volar sin alas y que no conocía la palabra fronteras? Esos niños que crecimos en la calle, al amparo del alquitrán y nuestros vecinos que eran nuestra mejor familia. Los padres estaban donde tenían que estar y crecíamos, y aquí estamos... ¿Dónde perdimos eso? ¿En qué momento dejamos ese niño interior perder, lo aprendido? Que hoy la prioridad es encontrar aparcamiento y dejar a tus hijos justo a la distancia del cole que abras la puerta y al bajar caigan en la silla del pupitre.

Que poca capacidad de memoria tenemos... Bueeeno, mientras nos quede en la tarjeta sim del móvil, jejj... Manda cojones.

Creo que ha llegado el momento de deshacer caminos, re-aprender, seguir avanzando y salir de esta charca estancada que nos han vendido como un estanque Zen donde los Koi si te descuidas le crecen los dientes como a las más carnívoras de las pirañas.



lunes, 12 de septiembre de 2016

Donde el corazón te lleve.


"Entre nuestra alma y nuestro cuerpo hay muchas pequeñas ventanas, y a traves de estas si están abiertas, pasan la emociones; si están entornadas se cuelan apenas; tan solo el amor puede abrirlas de par en par a todas y de golpe, como una ráfaga de viento"
(Sussana Tamaro, Donde el corazón te lleve)


A mi el amor me llevó a ser madre. 
Los que entráis en este espacio desde hace años, me habéis leído en más de una ocasión decir que soy una madre imperfecta. Tengo demasiados pajaritos en la cabeza, sueños personales que me atormentan de noche y en mis horas de soledad, poca paciencia, nula constancia y dos hijos sufrientes en multitud de ocasiones de mi falta de saber estar. Cuantas meriendas, olvidadas, siempre he deseado ser como esas madres perfectas que conozco, pero yo soy de dar pataletas. De vivir a galope a su lado sus emociones de niños, de soñar, de llorar, de gritar, a veces incluso siendo más niña que ellos. Y aún así nunca olvido que soy yo la que he de protegerlos. 

Estos dos últimos años en que he estado trabajando una media de dieciséis horas fuera cada día ha sido un infierno. Tantos momentos perdidos a su lado que me ha echo plantearme en multitud de ocasiones si acaso con mi afán de proteger, de llevar cada día el sustento económico, no les he privado de lo más importante, el estar a su lado. Pero las facturas se pagan con € y no con impulsos del corazón. A mi el corazón me ha llevado a trabajar, a sacrificar muchas horas de estar con ellos por hacer mi labor de madre del modo que mejor he sabido hacerlo. 

Estar fuera tantas horas, también ha pasado factura a mi relación con Pepe. A menudo, recuerdo las frases de mi hermano(adoptivo por la fe) Álvaro. Él, cuando Pepe estaba en Canarias, siempre me decía eso de que el matrimonio ha de estar junto y que rezaba para que pronto lo estuviésemos. 
Por desgracia la realidad es la que es y hay que trabajar para substituir. Pero se nota en el día a día, en la convivencia, en  el modo que nos acostumbramos a estar la mayor parte del tiempo el uno sin el otro. 

Nunca lo he dicho antes, pero a menudo sufro como una posesa cuando veo lo independiente que mi familia se ha vuelto de mi. El modo en que hacen sus tareas, viven en paralelo y cuando estoy , aunque no lo diga, me siento como al margen. Me consuelo absurdamente diciéndome a mi misma que es mejor así, de ese modo si me ocurre algo, o el bicho se despierta, al menos ya sabrán vivir sin mi. 

A veces mi Lucy, con eso del desarrollo y los líos de hormonas femeninas, me increpa que soy una mala madre. Lleva toda su vida haciéndolo, pero últimamente lo hace más. Me rompo cuando lo hace, pero se que además de lo que me quiere, reconoce que aunque no soy la madre perfecta lo que hago es por ellos. Pero en sus momentos de crisis personales donde el individuo ha de imponerse, sé que le falto y eso como madre, como mujer, me rompe. Porque yo tenia con su edad a mi abuela siempre presta a escuchar mis mil batallas. 

Estos días ando muy bajita de animo. Mucho. 
Aún sufro el duelo de mi Anita, la echo de menos. Ha dejado una ardua cicatriz en mis sentimientos, se me arremolinan estos, envueltos por varias cuestiones y he de seguir adelante como si nada pasara, como si todo fuese bien, pero duele. 
Sentirte extranjero en tu propia tierra es como poco raro.
Sé que no es más que mi modo de verlo bajo la óptica del desanimo, de mi necesidad de sentirme más arropada, pero lo siento así, y es lo que provoca el sufrimiento pese a saber que la realidad nada tiene que ver. 

Ahora que los turnos son de 24 y 48 horas de trabajo, el tiempo aún juega más en contra. De mis estados y de la convivencia en casa. Imagino que las historias de las familias han de ser por media todas parecidas. Nadie confirmó que sería fácil. Y ya que tomamos elecciones hay que llevarlas a buen termino por difícil y angosto que se ponga el camino.
Cuando eres una capulla sentimental y pasas por la vida como alguien reconocida fuerte, es aún peor. Pocos se detienen a ver que necesidades tiene tu alma, tu espíritu, tu frágil interior de mujer. En mi caso y valga Dios que no me es fácil decirlo, nadie se preocupa nunca de preguntar, de ver que necesidad tiene mi yo interior. Siempre soy la que protege, la que escucha y la que intenta dar una óptica positiva a los sufrimientos ajenos, buscar salidas viables. Yo, bueno, yo simplemente cuando ya no puedo más lloro a escondidas, y otras ni tiempo a esconderme me da. Hay a quien nos toca ser pilar y un pilar no puede ondear, así que mis días han de seguir fluyendo y yo en ellos manteniendo la actitud, en ocasiones al 100% y otras, pa´cagarse de mala que resulta. 

La mayoría de la gente es así, viven experiencias así, se sienten así. No soy nada especial, ni en eso. La única diferencia entre los demás y yo, es que yo lo cuento. Mientras otros se sienten también culpables y pequeños, con ganas de salir por patas de sus vidas en millares de momentos, y callan. Yo soy capaz de decir todo aquello que me queda grande. 
¿Sirve para algo decirlo? A mi desde luego no. Pero siempre están los que por privado en este medio, en persona fuera de él, se acercan y me dicen que encuentran consuelo en mis letras, en mis palabras, leídas o oídas. Y es que el ser humano no está creado para la soledad. Pese a la importancia de saber vivir en ella y hacerla un recurso importante para subsistir, hemos sido creados para el amor. Para ir por esos caminos del corazón que nos llevan a encontrarnos en los demás.  Así que cuando te fallen los ánimos, las fuerzas, o las ganas, llámalo como quieras. Cuando te sientas una mierda en el lugar que te ha tocado vivir y tengas ganas de salir por patas hacia Dios sabe donde... Piensa que mal de mucho puede a veces ser un simple consuelo de tontos. Pero También un hito que te marque el lugar hacia el cual dirigir tus pasos.

Nos venden un ideal desde el mismo momento que uno nace, el mundo nos educa siempre por delante de nuestros progenitores, no importa lo bien que lo hagan, el mundo abarcará siempre más lecciones. Y nuestra libertad hará el resto a lo largo de la vida individual. Así que cuando te sientas tan perdido como yo, mírate en los pequeños detalles, esos que a veces pasan tan desapercibidos, que toda su grandeza queda diluida en un instante.

A mi me pasó el otro día. Estaba al limite de mi resistencia, toalla en mano para dejarla caer a la lona. Con la idea del suicidio golpeando cada uno de mis pensamientos, amenazando cada célula viva de mi ser. Y entonces, le oigo decir como el que no quiere la cosa en medio de una monótona conversación: "no se lo que me pasa, pero ahora cuando no estás me entra una tristeza. Cuando pienso en las horas que aún faltan para que vuelvas a casa me siento tan mal, me pongo tan triste, como si fuera a perderte. No se lo que haría si tú no estuvieras conmigo".

Y aquí sigo. 
Fingiendo hacía fuera que soy fuerte, que estoy bien, que puedo con todo. Pero la realidad es que estoy muy jodida. Como la gran mayoría. Así que me decido a decirlo como siempre a pecho descubierto aquí para quien quiera leerlo. Con la esperanza de ser, no ejemplo, líbreme Dios de ser ejemplo de nadie. Pero sí algo de consuelo para quienes aislados de los que nos rodean, sin valor para decir como nos sentimos, al menos sepamos que no estamos solos. Que no somos especímenes singulares. Que el corazón a veces ademas de ser un simple músculo, se impone en nuestra psique y nos hace sentir cosas que son más normales de lo que a nosotros nos parece.  Que no somos gente rara, sino gente con sentimientos que a veces se salen un poco de lo real por la fuerza de sus latidos. 

Y en mitad de todo este sin-vivir de vivir las experiencias de uno mismo. Esa Voz que nunca habla a destiempo y me dice: "Mi niña tremenda, ánimo, yo estoy contigo. No me asustan tus pataletas, yo te amo tal cual eres y estoy aquí siempre contigo". 
A veces la diferencia entre estar y no, solo depende de Él. Si Él no me susurrase al alma, sería una potra desbocada victima del primer precipicio que se cruzase en mi camino. Él siempre me grita en esos silencio del alma: "No puedes rendirte princesa, ánimo, yo he vencido al mundo"






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