VENID CONMIGO Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES.



     Pasaba Jesús por el Lago de Galilea de casualidad?
     Llamaría a Simón y a su hermano Andrés, a Santiago y a Juan porque no habia otros en el lugar?

     Casualidad? Nooooo...

     A menudo, Dios acontece en nuestras vidas. Como aquel día en que propuso a los pescadores dejar de pescar peces y  junto a Él ser pescadores de hombres. Dios no se cansa de pasear por la orilla de tu vida mirandote, invitandote con acontecimientos que tal vez tú solo sabes llamar casualidades. Pero en Dios la casualidad no existe. Existe el instante, el momento justo en que se detiene a tu lado, te mira y te invita a seguirlo, a trasformar tu vida. A ser participe en la trasformación de otros. Y te aseguro que esa transformación siempre será a mejor. Aunque en el momento en que Dios te sorprende con su propuesta no tengas por donde cogerla, porque no le veas ningún sentido.  

     No existe la casualidad en Dios, Dios no improvisa nunca. Sabe lo que hace, no se equivoca. Aunque a ti y a mi pueda asustarnos las propuestas que nos hace, porque es imposible razonar a Dios desde nuestra pequeñez. Pero si podemos dar sentido, descubrir, comprender, si tenemos una referencia a nuestra imagen y semejanza. Por eso Dios no dudo en hacerse semejante a nosotros, tomó nuestra condición humana y limitada y puso en Jesucristo toda su Santidad para enseñarnos que podemos llegar a ser como Él. Llamó a algunos en su paso por este mundo, mientras duró su etapa carnal y los hizo sus testigos para tiempos venideros, para que tuviéramos tú y yo un referente. Y quizá hoy, quizá... También a ti te esté llamando para ser testigo... Para ser pescador de hombres. Hombres que sufren, que están perdidos en el mar de sus vidas sin sentido. Que el ritmo de las sociedades de hoy les empuja a seguir arrolladoramente sin tiempo para mirar, descubrir, recapacitar, saber que no estamos creados para lo que tan sutilmente el mundo nos impone y que si no obtienes por propios méritos serás un fracasado social. Hay muchos hombres así nadando contracorriente, o arrastrados por ella, igual hasta tú eres eres uno. Pues bien, hoy también a ti el Pescador de hombres te dirige la palabra. 

Ven conmigo, voy a pescarte en mi red y luego te haré pescador de hombres.

     Personalmente me sorprende la paciencia que Dios gasta conmigo. Porque yo no soy de las que lo dejé todo a la primera y le seguí. He perdido mucho tiempo dando pataletas, resistiéndome y aún ahora, cuando Él me propone algo, sigo pataleando tras Él. Lo se, no tengo la prontitud de Simón, Andrés, Santiago o Juan, que lo dejaron todo y le siguieron. Yo voy protestando, pataleando y resoplando tras sus pasos. Pero cuantos más doy tras Él más me alegro de no haberme quedado sentada en mi resignación mirándome el ombligo. Porque cuanto más tiempo llevo tras sus pasos más me sorprende, más me alegra saber que aunque soy un desastre Él confia en mi y me sigue llamando a trabajar en su misión.

     Ayer tuvimos catequesis de confirmación. Y me vino muy bien, es curioso como una termina siempre aprendiendo más de lo que espero. Ayer sucedieron acontecimientos que me dieron que pensar y flexionar. Cuando d. Ignacio me propuso coger el grupo de jóvenes de confirmación le dije que sí, pero luego di de pataletas que no veas. La única tarde libre que tengo para pasar con mi familia, o para descansar y la tengo que ocupar en ir a dar catequesis. Me enfado, me cabreo, sigo pataleando y me comporto como una niña consentida diciéndole a Dios que no me meta en tanto lío, que no doy para más. Pero imagino que Él sabe más y que cuando me llama y me propone hacerme cargo de este grupo de chicos es porque sabe que soy la persona apropiada pese a todos mis defectos. La verdad es que hacemos un grupo muy rarito, no puedo dar detalles porque lo que concierne a sus vidas y lo que se abren y cuentan sobre ellos en catequesis, queda en nuestro grupo, como una confesión que todos protegemos. Pero una vez más Dios me sorprende y me fascina, me deja sin palabras cuando se manifiesta y le descubro en ellos, en su juventud, en sus inquietudes, en sus problemas, en la chica que tuvo su edad y vivió historias similares y que ahora tiene la experiencia de la fe, lo que aprendí de mi Maestro a través de los propios acontecimientos de mi vida y la oportunidad de compartirlo con ellos. Se crea un vinculo especial. No soy una buena catequista, no sirvo para dar una catequesis de una hora, no sirvo para memorizar y dar una buena catequesis como tal vez otros pueden hacerlo. Pero una vez más me quito el sombrero ante Jesucristo que nos llama, que nos sorprende, que nos reúne en pequeños grupos, como el de los pescadores, hoy el de chicos de confirmación de mi parroquia, y nos trasforma la vida a algo mejor que no podemos ni hacernos una idea de su magnitud. Gente que tenemos una misión, una oportunidad de conocer a Dios aquí y ahora, de participar en hacer que las cosas a nuestro alrededor puedan ser un poquito mejor. Y Dios sabe como relacionarnos, pone los medios, el momento y hasta a los desastre como yo o como tú a su servicio para que suceda.

     Llevo unos días de bajón psíquico y eso repercute en toda yo, emocional, física... vamos que me convierto en una inútil andante. Encima en mi trabajo estas noches pasadas no he descansado y todo se enturbia más y se me ralentiza el ahora. Hasta tal punto que tuve que suspender las catequesis del viernes de comunión y si el sábado noche, no fuera mi noche de descanso, imagino que hasta la de confirmación del sábado habría suspendido.  Pero allí me planté, hecha polvo, sin ganas, sin tema preparado aunque disponía del conocimiento de lo que íbamos a dar, pero sabiendo que ser constante y estar era todo lo que en ese momento Dios me pedía que hiciera. Nuestro grupo tampoco estaba muy por la labor de dar catequesis ayer, cada uno arrastrando su dificultades, pero empezamos. Entre toqueteos de móvil, risas, momentos de comentar los últimos acontecimientos del grupo y la nueva incorporación. Invocamos al Espíritu Santo y no me cabe duda que ya fue Él quien tomó las riendas de la catequesis. Porque por mi, hubiésemos terminado en el bar del barrio tomándonos el café en cinco minutos como algunos proponían. No llevaba preparada la catequesis porque teníamos pensado dar la segunda parte del examen de conciencia que ninguno se había traído, ni se habían repasado. Así que la mejor opción era la de suspender la catequesis y tomarnos un café juntos. Pero entonces el chivato de mi ángel de la guarda me dijo al oido:  No les riñas por que saquen los móviles en catequesis, aunque eso les distrae, aprovecha para puntualizar lo bueno de disponer de tecnologías de comunicación para poder recibir el mensaje de Dios a cualquier hora. Y aprovecha para explicarles lo que te propuse de enviarles los comentarios que José el sacristán manda por whassap. Así lo hice, y la catequesis por si sola fue fluyendo. Ninguno se detenía en leer lo que les pongo en el grupo de whassap, y les pedí que reflexionaran en cuantos mensajes leen al cabo del día y sin embargo dejan pasar los más importantes por que son algo largos o porque prácticamente parecen siempre decir lo mismo. Pero Dios lo hace todo nuevo, y les conté lo que me había pasado a mi con los mensajes que recibo de evangelización y el bien que me provocan en ciertos momentos del día cuando los recibo y descubro como Dios sabe que decirme en que momento para que me calme y viva con serenidad y paz. 
     
     Hice hincapié en que la casualidad no existe en Dios, sino el acierto. Y terminamos la catequesis en el bar tomándonos una coca cola porque ya no era hora de café, y yo lo pasé bien los veinte minutos que estuvimos en el bar con ellos. Y luego llegamos justo  para la misa. No estuvimos en la exposición del Santísimo, pero Dios si estaba presente con nosotros también en el bar porque nuestras conversaciones eran en relación a ese vinculo que nos une como grupo. Doy gracias a Dios por llamarme a formar parte de este pequeño grupo que camina tras sus pasos, en el cual cada vez le descubro como una chiquilla sorprendida que se ilusiona aún más deseando saber que tiene guardado para la aproxima vez que nos reúna. 

     Por último contarte que la misa fue como la guinda del pastel a la tarde del sábado de catequesis. Porque una vez más sin previo aviso, ni preparatoria entre el sacerdote y yo. Este en su homilía dijo y repitió todo lo que habíamos puesto en común en nuestra improvisada catequesis y eso llega a los chicos, y también a mi. Porque descubrimos pasito a paso, que Dios es ese Creador perfecto, atento, que sabe que decir en cada momento a cada uno y lo más importante que podamos escucharle aunque sea en boca de gente tan patosa como soy yo. Porque eso significa que Dios sigue confiando en nosotros, llamándonos a ser pescadores, a seguir su misión, aunque lo más importante que hayamos pescado en la vida sea un simple renacuajo en un vaso de yogur en una charca. 
      
    Él sabe más, no te quepa duda, fíate si te llama por tu nombre y no te detengas en lo que hay a tu alrededor en el momento del encuentro, porque lo que vas a descubrir y vivir, bien merece la pena el riesgo de seguirlo  ;)



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