Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

sábado, 27 de diciembre de 2014

UNA FRÁGIL NAVIDAD.

    

     Basta ser solo un poco observador mirar lo que se monta por estas fechas para llegar a la conclusión de que podríamos catalogar la Navidad de muchas cosas menos de fragilidad. Al menos eso es lo que parece si le echamos un vistazo por encima. Lo primero los escaparates, madre mía, todavía no nos habían quitado las calabazas y los zombis y ya habían colocado los árboles adornados bajo las telarañas de la fiesta anterior del halloween. Convirtiendo la Navidad en otra más de esas fiestas consumistas que sufrimos a lo largo del año, una tras otra, para que no nos de tiempo ni de pensar. Que estrés. 
     Me gustaban más las navidades de antes, eran como más pausadas. Yo las recuerdo menos consumistas, más familiares y sin tanta "velocidad". 

        La Navidad es una fecha del calendario que me gusta especialmente, ya tenga dinero o no, salud o no, estén o ya no puedan estar las personas que han formado parte de mi. Hay quien afirma que las fiestas de la Navidad son tristes, imagino que es porque sufren de algún modo los síntomas de la soledad. A mi siempre me han gustado. Me recuerdan al inicio, y no solo del año. Si no a un inicio constante y permanente de oportunidades. Los comienzos son importantes, nos dan esa dosis de oportunidad en mejorar, de algún modo aprovechar el camino andando y empezar desde una nueva perspectiva. Claro que los comienzos parten de cero y la experiencia de nada es poco rentable. Por eso me gusta la Navidad, es como el pistoletazo de salida de un nuevo comienzo.

       Poder experimentar el amor más potente en la suave fragilidad de un Niño recién nacido. Descubrir que en esos ojillos que se abren al mundo está la confirmación de fe de un Dios que cree en su creación y que es capaz por amor de nacer de nuevo hasta en el corazón menos fértil. Dios no se cansa de empezar de nuevo cada Navidad, frágil, indefenso, pequeñito, necesitado...

         Estos días en que le siento recién nacido de nuevo en mi, Solo pido su Gracia para saber hacerlo mejor. Para no resistirme cuando me cuesta. Para no perder la esperanza cuando no salen las cosas como creí que debían salir. Para no perder la alegría del evangelio, para tener el valor y la ilusión presta a transmitirlo a quien pida muestras. Para no teñirme del desaliento que provoca la soledad de la cruz, antes de la resurrección. Quiero la oportunidad de poder mirarme con esos ojillos de recién nacido confiado que mira a su madre y descubre en ella todo su universo existente.

         Descubrir una frágil Navidad es el mayor aliciente a mi vida. Saber, ver, experimentar la grandeza de un Dios capaz de crear el universo conocido y por conocer y poder reconocerlo en la fragilidad de un recién nacido, es todo lo que necesito para cargarme de animo, para poder detenerme, no correr tanto, disfrutar de una pausa y seguir adelante con alegría.

              Y a ti, te deseo lo mismo.

sábado, 20 de diciembre de 2014

CUANTO GASTAS EN SEGUROS?


¿Te has preguntado alguna vez cuanto gastas en seguros?

Yo casi no me lo había planteado hasta que la crisis económica empezó a hacer estragos en la rutina de mi vida familiar.

Aseguramos la salud, los vehículos, la jubilación, la seguridad del hogar, hasta el pago del propio entierro. Cuando vemos la suma anual de todos estos pagos, estoy segura que a más de uno se nos ha quedado cara de pez.

Algo tengo que agradecer a la falta de recursos económicos que se desencadenó en casa con la crisis , el empujón que me dio en un momento dado para sentarme ha ajustar cuentas y dar, incluso en lo económico,  prioridad a lo que en verdad tiene un valor vital para mi vida. Y deshacerme de gastos y parte de engaños que son una lapa camuflada que se pega tanto a uno que terminan por pasar como si fuera parte real de uno mismo.

Esta semana volviendo del trabajo en el bus, observé como otras señoras que van y vuelven al trabajo y con las que coincido en parte del trayecto. Subían y tras pagar, realizaban el ritual del billete de transporte. ¿Qué ritual? Seguro que lo has visto alguna vez, o incluso lo has practicado, o lo practicas.
Haces un pequeño churrito con el billete, lo aplastas y asientas con las uñas y lo introduces hasta la mitad a través de la alianza que llevas en el dedo, por la parte que da a la palma de la mano. Ahora lo pillas, eh? ¿A que es algo que seguro te suena? Lógico. Las empresas de transporte no se hacen responsables si ocurre algo y no llevas el billete encima. Por lo que muchas personas utilizan este método, en lugar de guardarlo en el bolso o la cartera, o los bolsillos. A veces incluso es toda una utopía introducirlo por la falta de espacio, como le ocurría a esta señora que llevaba las manos algo más hinchadas de lo habitual según contó.  Escucharla a ella y a otras señoras hablando del tema, me hizo reflexionar al respecto una vez más sobre el tema. El modo en que las personas a lo largo de nuestra vida buscamos seguridad. ¿Dónde? ¿Cómo? .... Y no somos tan diferente, porque en el fondo esa seguridad generalmente se traduce en un modo de alcanzar una estabilidad que nos haga felices. 

Eso me hizo de pronto elevarme en mi pensamiento a un plano espiritual dentro de lo más rutinario y público de mi día. Y me encontré en el momento en que Dios decidió bajar a dar a su creación la seguridad gratuita e inagotable que da el conocimiento de verle en Jesucristo. Creo que en la cara se me tuvo que notar, porque ese día cuando salí de mi meditación me di cuenta que la gente más cercana no paraba de mirarme, y es que no podía aguantar la risa, una sonrisa de oreja a oreja. No tengo que pagar por este seguro de vida que lo tiene todo incluido, lo más importante saberme siempre acompañada. Disfrutar el momento, aunque no tenga por donde agarrarlo por que la vida da revés que te parten el alma de dolor, la muerte de un ser querido, una grave enfermedad, esa injusticia que te desgarra y te parte en dos. Pero cuando por la Gracia de Dios puedes verle, al Mismo que creó todo y que sigue creando, hecho Hombre por voluntad. Verlo dejándose partir físicamente a pedazos para que puedas ver que no acaba en el dolor todo... Que hasta la muerte tiene limite que Él ha establecido... JODER!!! Y perdón por la expresión, pero te aseguro que cuando sientes eso, ya nada te da miedo. Y aunque lo sientas, me refiero al miedo, ya nada puede limitarte. Porque esa experiencia, la de conocer a tu Creador en condiciones semejantes a las propias, constantemente a tu lado, hace que asegures cada segundo de tu existencia. Por ese conocimiento, hasta a las puertas de la muerte unos son felices y otros sufren. Y ni la situación más incomprensible que te lleva al sufrimiento puede arrancar la seguridad de sentirte uno en Él.

¿Conoces tú alguna compañía de seguros que pueda garantizarte esto? Yo no. Alguna son muy buenas y nos hacen la vida cómoda, bueno, todo depende del grado de exigencia que tengas. Te propongo que te arriesgues a descubrir este seguro no perecedero que es Jesucristo. Y ya me contarás un día de estos cuando allá nos encontremos, cuando ya no estemos limitados por tantos engaños a los que somos sometidos en este tiempo. Jeje.




domingo, 7 de diciembre de 2014

VALORES PERDIDOS, oportunidad no hallada.

   

     Hace un mes se me estropeó el coche, estuve una semana teniendo que coger el servicio publico de autobús para ir y volver del trabajo. Al principio fue una lata, la comodidad y la independencia que crea el vehículo propio es mucho más interesante cuando de pronto no disponemos de ello. La primera noche que tuve que coger el bus, terminé calada, porque no llevaba paraguas y comenzó a llover. Sin embargo lo que comenzó como un revés en nuestro panorama familiar, a mi personalmente me ha venido muy bien. Al final pudimos arreglar el coche, pero yo sigo yendo y viniendo al trabajo en autobús.

     Lo primero que me llamó la atención del servicio publico fue el modo en que refleja el perfil social en que vivimos. En plena era de la comunicación, cuando más medios existen para que se den las relaciones, las personas vamos por la vida corriendo, sumidos en nuestra propia velocidad. La gente sube y baja al servicio público, apenas haciendo una parada en la persona que se sienta a su lado. Me sorprendió ver la poca educación que queda ya, ni unas buenas noches, ni unos buenos días, muchos son los que entran y salen y ni cruzan una mirada con el conductor. Se están perdiendo no solo los valores más pequeños, si no la educación en los básicos como son la cortesía y los modos de convivencia cotidianos.
     No todas las personas con las que me cruzo e mi ruta de desplazamientos son así, gracias a Dios existen excepciones. Pocas, fragmente, pero aún se dan. Yo intento estar atenta y aprovechar cada situación para aprender algo y porque no, también para hacer o decir algo que sirva para manifestar la presencia de Dios en nuestras rutinas.

     No hay que inmolarse, o hacer un acto heroico para ello, basta empezar por lo más mundano y ético como es dar los buenos días, saludar y de ahí a utilizar toda la artillería moral va solo un pequeño paso de adaptación para no violar la libertad y el respeto al otro. 

     En Octubre cuando fui al IV Encuentro de Bloqueros con el Papa me pasó algo parecido. En el trayecto en tren de Sevilla a Cádiz, pude comprobar como la gente se comportaba igual. Pasajeros que suben y bajan y actúan como si fueran solos, muchos ni siquiera van conectados a sus iphone. No es cuestión de juzgar que grado de educación recibieron, sencillamente a mi me desarma cuando veo lo perdidas que van las personas en sus propios yo. 
     Cuando subí al tren, el bagón estaba casi completo, dí las buenas tardes en voz alta y algunas personas respondieron, hubo quien levantó la vista y quien ni se enteró. Me sorprendió en sobremanera la cortesía del señor que se sentaba en el asiento junto al mio. Enseguida se puso en pie pra facilitarme el paso y se ofreció a subirme la maleta y el bolso al altillo. Luego al llegar al hotel donde nos hospedabamos para el Encuentro volví a coincidir con él. Era Alex del Rosal, el director de Religión en libertad. Hay detalles sencillos, básicos de educación que marcan la diferencia. Que en  un momento dado nos llevan de pasar de una simple relación cordial de buenos modales a una experiencia de encuentro y cercanía con el Señor. Porque nunca, por muchas cabalas que formulemos, podremos saber de cuantas pequeñas oportunidades disponemos las personas para llegar a un acercamiento, a un instante que nos ayude de pronto a descubrir a un Dios escondido que está tan cercano. 

     Sin la óptica que facilita la fe, es dificilísimo poder ver a Dios, yo diría que incluso imposible. Pero sin empezar por lo primero que es no alienarnos,  estar dispuesto a llegar a los demás y que los demás puedan llegar a nosotros, entonces si que es imposible. Mis idas y venidas al trabajo en bus se están convirtiendo en toda una experiencia religiosa, y no, te aseguro que no estoy perdiendo la cabeza. Hacia años que no estaba tan centrada como estoy últimamente. ¿quién iba a decirme a mi que lo que empezó como una faena de mala suerte con la avería del coche familiar se iba a volver una bendición para reencontrarme con el mundo en una periferia que tenia ya olvidada? Cuando subo al bus sonrío, saludo, intento recuperar esos valores de cortesía que rompen el hielo y ayuda a las personas a poder verse. Me alegro de ser fiel a lo que aprendí, a lo que otros en mi vida sembraron. Me alegra saber que tras todos esos valores que importan está Dios esperando un encuentro personal con nosotros y que se sigue sirviendo de las personas, sin excepciones, en este juego de amor. 
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