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VALORES PERDIDOS, oportunidad no hallada.

   

     Hace un mes se me estropeó el coche, estuve una semana teniendo que coger el servicio publico de autobús para ir y volver del trabajo. Al principio fue una lata, la comodidad y la independencia que crea el vehículo propio es mucho más interesante cuando de pronto no disponemos de ello. La primera noche que tuve que coger el bus, terminé calada, porque no llevaba paraguas y comenzó a llover. Sin embargo lo que comenzó como un revés en nuestro panorama familiar, a mi personalmente me ha venido muy bien. Al final pudimos arreglar el coche, pero yo sigo yendo y viniendo al trabajo en autobús.

     Lo primero que me llamó la atención del servicio publico fue el modo en que refleja el perfil social en que vivimos. En plena era de la comunicación, cuando más medios existen para que se den las relaciones, las personas vamos por la vida corriendo, sumidos en nuestra propia velocidad. La gente sube y baja al servicio público, apenas haciendo una parada en la persona que se sienta a su lado. Me sorprendió ver la poca educación que queda ya, ni unas buenas noches, ni unos buenos días, muchos son los que entran y salen y ni cruzan una mirada con el conductor. Se están perdiendo no solo los valores más pequeños, si no la educación en los básicos como son la cortesía y los modos de convivencia cotidianos.
     No todas las personas con las que me cruzo e mi ruta de desplazamientos son así, gracias a Dios existen excepciones. Pocas, fragmente, pero aún se dan. Yo intento estar atenta y aprovechar cada situación para aprender algo y porque no, también para hacer o decir algo que sirva para manifestar la presencia de Dios en nuestras rutinas.

     No hay que inmolarse, o hacer un acto heroico para ello, basta empezar por lo más mundano y ético como es dar los buenos días, saludar y de ahí a utilizar toda la artillería moral va solo un pequeño paso de adaptación para no violar la libertad y el respeto al otro. 

     En Octubre cuando fui al IV Encuentro de Bloqueros con el Papa me pasó algo parecido. En el trayecto en tren de Sevilla a Cádiz, pude comprobar como la gente se comportaba igual. Pasajeros que suben y bajan y actúan como si fueran solos, muchos ni siquiera van conectados a sus iphone. No es cuestión de juzgar que grado de educación recibieron, sencillamente a mi me desarma cuando veo lo perdidas que van las personas en sus propios yo. 
     Cuando subí al tren, el bagón estaba casi completo, dí las buenas tardes en voz alta y algunas personas respondieron, hubo quien levantó la vista y quien ni se enteró. Me sorprendió en sobremanera la cortesía del señor que se sentaba en el asiento junto al mio. Enseguida se puso en pie pra facilitarme el paso y se ofreció a subirme la maleta y el bolso al altillo. Luego al llegar al hotel donde nos hospedabamos para el Encuentro volví a coincidir con él. Era Alex del Rosal, el director de Religión en libertad. Hay detalles sencillos, básicos de educación que marcan la diferencia. Que en  un momento dado nos llevan de pasar de una simple relación cordial de buenos modales a una experiencia de encuentro y cercanía con el Señor. Porque nunca, por muchas cabalas que formulemos, podremos saber de cuantas pequeñas oportunidades disponemos las personas para llegar a un acercamiento, a un instante que nos ayude de pronto a descubrir a un Dios escondido que está tan cercano. 

     Sin la óptica que facilita la fe, es dificilísimo poder ver a Dios, yo diría que incluso imposible. Pero sin empezar por lo primero que es no alienarnos,  estar dispuesto a llegar a los demás y que los demás puedan llegar a nosotros, entonces si que es imposible. Mis idas y venidas al trabajo en bus se están convirtiendo en toda una experiencia religiosa, y no, te aseguro que no estoy perdiendo la cabeza. Hacia años que no estaba tan centrada como estoy últimamente. ¿quién iba a decirme a mi que lo que empezó como una faena de mala suerte con la avería del coche familiar se iba a volver una bendición para reencontrarme con el mundo en una periferia que tenia ya olvidada? Cuando subo al bus sonrío, saludo, intento recuperar esos valores de cortesía que rompen el hielo y ayuda a las personas a poder verse. Me alegro de ser fiel a lo que aprendí, a lo que otros en mi vida sembraron. Me alegra saber que tras todos esos valores que importan está Dios esperando un encuentro personal con nosotros y que se sigue sirviendo de las personas, sin excepciones, en este juego de amor. 

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