Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

lunes, 13 de marzo de 2017

60 DÍAS DESPUÉS.




"AMA HASTA QUE TE DUELA, SI TE DUELE ES LA MEJOR SEÑAL".
(Santa Teresa de Calcuta)

Justo cuando se cumplen dos meses del fallecimiento de mi madre. Y sin que lo hubiésemos planeado, precisamente hoy volvemos al cementerio. Han colocado la lápida y llega el momento de volver a continuar con la acometida.

Ha dolido, mucho. 
Más que nada porque la última vez, bueno, la penúltima vez que estuve allí lo hice con ella. Habíamos ido a arreglar las flores de los abuelos 
Pinté el San José de la lápida por primera vez en 27 años. Desde que mi abuelo falleció, me hice cargo junto con mi madre de ir a arreglar el nicho. Antes de más pequeña solo la acompañaba al de abuela. Pero mi abuelo, era mi abuelo, y yo no deseaba que nadie tocara su sitio. A excepción de alguna vez que por cuestión de trabajo me pilló fuera, era yo siempre quien me encargaba de ir y mi madre me acompañaba. 

En Octubre cuando estuvimos. Me costó ir el día que ella quería, estaba muy cansada. Hacia mal día, pero no podía negárselo y verla con el gesto torcido. Al final, hasta nos hartamos de reír en el cementerio. 
Era lo típico en nosotras, nos reíamos hasta de nuestras sombras. 
Esta mañana Pepe y mi padre me recogieron con el coche en la puerta del trabajo y fuimos al cementerio. Quería ver como era la jardinera para comprar las flores y calcular la pintura que necesitaría para adecentar el frontal. 
La cara de mi padre era un poema. Pero solo puchereó un poco e hizo intentos frustrados de llorar, echándole muchos cojones resistió. Y yo con él. Le abracé por detrás, estábamos casi en la misma posición del día del entierro. Aún no comprendo como la gente que no cree en la vida del espíritu puede soportar esto.

Estuve comprando unos ramilletes de flores para hacer el centro, y lo monté mientras mi viejo colaboraba en el corte con los alicates de las varillas. Ha sido especial verle participar, porque en estos últimos años estaba mucho más volcado en arreglarle las flores a mamá; y después de almorzar volví. Esta vez con mi padre y mis hijos.
Iván era la primera vez que iba, Lucy estuvo un par de veces con mi madre y conmigo, pero no lo recordaba. Bueno, pues ya les he dicho que son los herederos del legado de las tradiciones.

Ha sido duro, mucho.
La echo mucho de menos. Y hay momentos en que es insoportable la presión


Con esa inocencia de un niño, me preguntaba mi hija:
-¿Mamá, de verdad la abuela está ahí dentro? 
La verdad es que sí, su cuerpo al menos está ahí dentro descomponiéndose. Encerrado en un hueco al que no he deseado poner su nombre. 
Siempre me gustaron los cementerios. Me dieron paz. Conocer el final de las cosas me ha apasionado siempre, soy incapaz de leer un libro sin antes leer el último capitulo. Yo soy así. 

Saber que el final de muchas cosas de esta vida acaba en este lugar me alivia en mi día a día. Miro a mis hijos, ellos son el futuro. Miro a mi padre que nunca vino a este lugar con mi madre y conmigo. Traía las flores cuando veníamos, con sus zapatazos de su cojera, parecía un novio que iba a pretender a su novia. Y yo que le conozco le dije quitando hierro.
- Viejo, ¿quieres que te las lleve yo? A ver si con las carreras te pasa como a mi el día que llevaba el ramo para la misa y llega la canastilla a la punta del cementerio antes que nosotros.
Entonces mi padre dice eso de:
- Gorditaaa, no te columpies.
Y los cuatros nos reímos a carcajadas, recordando el dia que me caí a cuatro patas y el ramo que llevaba para la eucaristía, por no pillarlo debajo, lo lancé y aterrizó doce metros por delante. 

Como decía, miro a mi padre y se que es mi presente. Él es ahora es eslabón débil de esta cadena. Y he de mantenerme fuerte por él. 

Miro la lápida y me alegro de no haber puesto nombre. 
De poder mirar y ver en ese frontal una patada en el culo al peor de los destinos que muchos creen que hemos de enfrentar.

Mi madre era así. Atípica. Triste por dentro, como un jardín natural florido y multicolor por fuera. 
Con tanta luz. 
Sencilla. 
Sin grandes estrambotismos. 
Elegí así la imagen que le representará desde ahora en el cementerio.
Ella no entendía mucho de Dogma. Ni de doctrinas. Pero sentía el anzuelo del Amor de Dios sujetándola. Y en ese amor se abandono a la esperanza.



Yo, deseo recordarla cada vez que vuelva así.
Voy a borrar las imagenes de verla dentro de la caja, y ésta tras esa lápida que ella siempre deseó que llevase algo puesto que al leerlo la gente sintiera esperanza.

El día que quedé con el chico de la funeraria para elegir la lápida estaba tan nerviosa, que no recordaba la cita exacta de una lectura que me gustaba para poner el epitafio. Entonces la busco y tomo nota de la cita bíblica. Pero al darsela al chico, algo pasa en el navegador y sale ésta en lugar de la que buscaba y entonces... Creo ver su sonrisa... Y lo sé. 

"Que no, que me voy a operar y que sea lo que Dios quiera. Y si tengo que quedarme en la mesa de quirófano que me den por culo, me enteráis y punto. Pero así ahogándome no puedo pasar otro verano más". 

Ella lo tenía claro.
Ya vivamos, ya muramos, del Señor somos.


domingo, 12 de marzo de 2017

RESISTENCIA.


"Uno de los peligros de la disciplina es que el sistema adquiere más importancia que los seres humanos que están dentro del sistema. La disciplina se convierte entonces en un sustituto del amor; y es a causa de la vaciedad de nuestros corazones que nos adherimos a la disciplina. La libertad no puede surgir jamás a través de la disciplina ni de la resistencia; la libertad no es una meta ni un fin que ha de lograrse. La libertad se encuentra en el principio, no en el fin; ni tampoco ha de encontrarse en un ideal remoto". (Jiddu Krishnamurti)

Ayer alguien me preguntó si me estaba muriendo.
Al principio me quedé algo así como retenida en un estado de pensamiento transcendental. Mi primera respuesta inicial, fue responder que no.
Claro que no me estoy muriendo.
Al menos literal e inminente. Y pensarlo me hizo darme cuenta de que realmente si lo estoy. Muriéndome.

Constantemente nos precipitamos hacia el ocaso de la vida, es una garantía, y aunque a menudo y por etapas de la vida cueste más o menos, si te paras a pensarlo es lo más hermoso que tiene vivir. Saber que vas a cascarla.

Salia en las noticias hace dos día los científicos hablando sobre la regeneración celular, la búsqueda siempre de alargar la vida, la ambición de la inmortalidad que el hombre se supone que alberga como mayor exponente de sus anhelos. Otra vez más, yo debo ser anormal.
Seis personas viendo la misma noticia, cinco, comentan y están de acuerdo en que sería un gran logro si fuera viable. Yo me quedo a cuadros. Ser inmortal???? ni de coña.
Imagina vivir siempre en este estado.

Ya tengo una vida inmortal, la del espíritu.
Y aún no sé como va a ser.
Imagina tener que vivir eternamente con el lastre de la carne. Con las limitaciones del ser aquí, aunque no fuésemos mortales.
Que no ostias! Yo ni de coña firmo.

Y me da por aportar mi opinión y mis razones. Y decir que si a mi me dieran la real oportunidad entre vivir eternamente y morir en ese mismo momento, sin duda elegiría la segunda.
Nadie me comprendió. Es más me dijeron que no tenia sentido lo que estaba diciendo.
Vaaaale. Pongamos que se pudiera realmente elegir. REALMENTE... Digo, NO.

No me entienden, y me pregunto si va a servir de algo decir lo que tengo en mente. ahí va, lo suelto.
- ¿Creéis que quien se suicida realmente lo hace porque no desea vivir?
La respuesta es unánime. Que yo no soy normal.

Po´vale.
Seré un extraterrestre.
Y sigo eligiendo la segunda opción.

La cuestión no es vivir más. Es la capacidad de vivir mejor. Vivir el instante. Sin miedos, o con ellos, vivirlos. Tomar elecciones, acertadas, equivocadas. Y encontrar sentido al cumulo de momentos que se nos han permitido vivir en la fabrica de la vida. Somos máquinas perfectas. Y nos resistimos al absurdo de funcionar en la dirección equivocada.

Saber esto, me alivia hoy.
Hace dos meses mi madre se encontraba luchando la ultima de las batallas de esta vida. Y a mi hoy me rompe el alma, el corazón, las horas, las ganas, me rompe y aún así si tuviera la oportunidad de elegir optaría por la segunda opción.

La Verdad solo tiene marcada una dirección. Caminamos hacia ella, aunque algunos parecen ir dando vueltas sobre ellos mismos y sus cegueras. Pero al fin todos estaremos en el mismo punto de llegada, o quien sabe si de salida a la eternidad. Algún día dejaremos de buscar para simplemente ser. Yo vivo en esa esperanza y la fe me alimenta.


Mientras no queda otra que resistir. Porque lo que está claro es que morir, gracias a Dios, moriremos tarde o temprano.


viernes, 10 de marzo de 2017

QUIEN AGUANTA VENCE.



"LAS ACTITUDES SON MAS IMPORTANTES QUE LAS APTITUDES"
(Winston Churchill)


A mi me criaron en actitud de no tirar nunca la toalla, y de que el fuerte jamás abandona al débil a su destino. Nadie me lo impuso, nadie me dijo que sería apta para tal cometido. 

Lo vi en ellos, lo absorbí, lo hice mi combustible y aquí sigo, intentando adaptar mis principios al combate del día a día. Aunque a menudo se me vea patalear y revolcarme como una posesa. 
Cuando pasa mi momento de angustia y me calmo, soy como Leónidas I. enfrento mi destino y (.) no delego en nadie.

Anoche lo hablaba con un amigo que para mi es muy importante. No hay nada malo en mostrarse débil, o jodidamente desesperada, cuando quien tenemos enfrente es benévolo en su juicio hacia nosotros y nos atiende. 
Y aún si así no fuere, mostrar quienes somos, es un modo de mirarnos desnudos al espejo de nuestra realidad y poder ver con claridad que cosas son mejorables. 

Definete con tres palabras. 
Jejj... Ahí van las mías.
ATÍPICA. CONTRADICTORIA. PATALETAS.
Esa soy yo. No hay más. A no ser que quieras complicarte la vida. 
Pero vivo el instante intensamente que al fin y al cabo es de lo que se trata la vida... Vivir... y poner quienes somos al máximo rendimiento en cada instante haciendo que cuente. 

Ayer recibí muchos mensajes de personas que me seguís preocupándoos por mi estado anímico. 
Estoy bien. 
A veces me rompo, y maldigo como todo hija de vecino. ¿Acaso hay algo más humano que eso? Y ya sabes, cuando de dar pataletas se trata yo... me subo al podium y voy por el centro a toda consta, jeje.

A veces necesito perder. Sentirme la más rata de las criaturas y morir a mi orgullo. Solo entonces puedo escucharle a Él con total claridad. Él que me dice: "Ánimo, yo he vencido al mundo." Y me devuelve a la vida haciendo que comprenda que no se trata de mi capacidad de superación solamente, si no de mi capacidad de elección. Y elijo quedarme a su lado. 

Vivir, entre otras muchas cosas conlleva elegir. 
Constantemente. 
La actitud de aguante frente a las malas elecciones, nos garantizan el poder ser aptos para una futura victoria. O quizás, para perder esa batalla, pero seguir vivo para lidiar la siguiente. 

Lo he visto claro en veinte minutos de desayuno con mi viejo. 

Sentados frente a frente. Con nuestros cafés y tostadas. Y le pregunto donde tiene el móvil. Hace un par de semanas le compré uno de esos muy básicos para mayores. Convencida de que no será capaz de utilizarlo. O de mantenerlo en condiciones optimas para lo que es. Pensé que lo perderia en el minuto uno por la parcela, y tendriamos que buscarlo entre el verde a golpe de llamada, pero no, sobrevive. Y ademas lo lleva en el bolsillo en su funda y lo conecta a su base cuando entra en la casa. Ya sabe usar el botón de emergencia y hasta no colgar cuando le llamamos, vamos, que promete el avance. Jejeje... Para un tío tan bruto de campo, y encima analfabeto, eso es una gran hazaña de la que como hija me siento orgullosa. Más que nada porque son cosas que él nunca se vio en la necesidad de aprender a utilizar, para eso tenia a su mujer que se lo daba todo hecho.  


Pues se me ocurre ir más lejos. 
Le pongo una tarjeta de memoria y le pongo un par de fotos de mi madre. Una, ésta, la última que le saqué (joder como duele solo de escribirlo) en Nochebuena, maquillada, guapísima con sus ojos celeste cielo. 

Sabía que lloraría, es el palo del que salió esta astilla. Y lloró. Mi padre es un hombre duro, como pocos he conocido en la vida. Y también un hombre que llora. Pero cuando lo hace, sus lagrimas son afluentes de fortaleza, de resistencia, de combustible para mi, aunque se me parte el alma verlo así. 
Lloramos juntos. Y cuando se nos pasó. Vino lo complicado. Que aprendiera a entrar en el menú con sus endurecidos dedos de labranza que cada vez que pulsaban el botón, pasaba las seis o siete opciones del menú de una vez. 
Ahí estábamos los dos, del llanto a la risa, al cachondeo de lo absurdo de lo más básico y cotidiano. A reírnos de nosotros mismos y hasta de nuestro dolor. 

Así que después de una larga hora para que aprendiera a usar el menú y encontrar las fotos de mamá y usar las teclas de número para llamarnos. Lo vi tan claro que había que pasar al bachiller del aprendizaje: Reconocer la llamadas por una banda musical y no por el ring-ring básico, jejeje.

¿Y que mejor tono de llamada que el de Ennio Morricone llamado "El Trío"?
Porque sabía que es algo que a él por historia y edad le iba a gustar y porque pega con nuestra historia propia. Aquí estamos enfrentando nuestro destino con lo que tenemos y frente a quien ose plantar cara.

Suena la música, y el hombre que lloraba, de pronto empieza a reír. Y se hecha mano a las cartucheras y saca su tijeras de podar. Y suelta eso de que ya está preparado. Nos partimos de la risa. Me dice que ya cuando lo llame yo y esté por medio la parcela, solo hace falta que los vecinos lo vean sacando en lugar del móvil, el cuchillo o las tijeras de las cartucheras que lleva a la cintura con las herramientas de poda. Y hace un poco el payaso, como el que desenfunda, en mitad de mi cocina con el tono de llamada sonando.

Río, mientras el alma por dentro aún llora.
Sé que esa es la actitud.
Que no importa lo contradictorio que se puede ver desde fuera. O lo atípico. Me siento orgullosa de parecerme a él. De luchar esta batalla de la vida junto a mi rey espartano.

Y solo le pido a Dios una cosa.

Que no me tenga en cuenta mis pataletas. Y que me deje vivir el tiempo necesario para ser yo quien entierre a mi padre y no al contrario. Aún tengo muchas batallas que lidiar a su lado y también continuar la saga cuando no esté.





jueves, 9 de marzo de 2017

TE ODIO CON TODA MI ALMA, PORQUE SE QUE TE PERTENECE...



"... Y AL GRITAR QUE ME ODIAS, HERIRÁS TUS SENTIMIENTOS....
... Y SABRÁS CUANTO ME DUELE TAMBIÉN A MI AMARTE". (Dios)



¿Cuánto dolor puede soportar un corazón humano sin que éste estalle y se pare?
¿Cuánto sufrimiento albergar el alma?

Te odio Señor, te odio. 
Y es un sentimiento tan real como imperecedero a las horas que vivo. 

No seré yo quien mienta en esto. Quien diga que todo está bien, y quien diga que lo acepto para aparentar serenidad y no desorbitar la tierra. 
A la mierda!!

Me duele, y lo digo. 
ME DUELE, y lo grito.
Y lo pataleo...
Y si pudiera lo lloraría, pero me duele tanto dentro, que es como tener una esponja atragantada en la garganta y los lagrimales... Que no me deja llorar, que no me deja romper esta puta desesperación que llevo dentro. 

Y qué pasa si en el fondo todos somos igual de débiles, todos sufrimos y callamos por mil razones que seguro podemos justificar. Pero que al final por mucho que intentamos disimular, están ahí dentro, como una planta invasora chupando nuestra savia. Incrustando sus raíces a nuestro tronco, infestando nuestras corrientes vitales. Matándonos lentamente de soledad por no querer admitir que nos duele. Por no querer pagar la purga, por no ser medido, señalado, y sentenciado a algo que no creemos nos hará justicia. 

Pues yo no. 
Yo no me callo. 
Y quien no lo entienda que lo busque en la wikipedia, a ver si tiene más suerte que yo y encuentra una respuesta que le alivie tanto como para devolverle la vida sin decir que está ya muerto. 

No puedo más y Él lo sabe. Y sigue en silencio y yo desespero. 

Te odio Señor, te odio. Nunca antes te había dicho esto, pero es que nunca antes algo me jodió tanto como para que ni una pataleta me hiciera aligerar el peso y descargar lastre en lagrimas. 

Yo la necesitaba aquí conmigo, y Tú... estabas ahí callado mientras todo sucedía. 
Te odio con toda mi alma, te odio, para que haya algo más fuerte que este dolor que siento.

Mientras le habrían el pecho intentando arreglar su corazón yo ya moría lentamente. Dolía tanto, tan pronto, que no había cabida para la esperanza. 
Vi un poco de ella en los ojos de mi hermana que me buscaban en aquella sala de espera del hospital. Pero no había esperanza en mi, lo sabía mientras para asombro de las personas que allí había, mi hermana y yo nos abrazamos y bailamos un lento cantando ambas a dúo la canción de Malú Blanco y Negro. 

Mientras cantaba y seguía los pasos, recordaba la conversación de mi madre días antes por si la cosa no salía bien. La niña orejitas que es mi vida, era una mujer más alta que yo entre mis brazos bailando, y mamá me había echo prometer que no la soltaría. 

Esa noche ya con mi madre de cuerpo presente, en el mortuorio del hospital, nos miramos, ya ninguna tenia esperanza. Y mi hermana pidió que si alguien podía poner esa misma canción. Y al son de un vídeo de youtube, la volvimos a bailar allí mismo. Como dos Titanes que se retan para no perder el trono de poder. 

Es ley de vida. Las madres mueren. Y nadie se va detrás, ya lo sé. Yo ni siquiera era madrera, así que se supone que lo he de llevar mejor que otros. A tomar por culo, duele como vivir, como respirar, algo continuo que no cede. 

Pero es que yo ya estaba al limite de mi capacidad de aguante. 
Y aún así tengo que seguir en pie y resistir.

La mañana que enterraron a mi madre. Creí que moriría yo también. Pero ahora se que nadie muere de dolor de corazón. 

Con quince años mi abuelo murió en mis brazos, yo le amaba, pese a que era el mayor hijo de puta, egoísta, mal esposo, mal padre... Pero era mi abuelo, me enseñó a leer, crecí a su lado y era su niña. Había que exhumar su cadáver para meter allí a mi madre... A mi madre...

Esa mañana una vez más las elecciones marcan quienes somos. Fui sola. Nadie más pasará ese mal rato, me dije, y lo hice.
Veintisiete años después el esqueleto estaba completo. Hoy no me encuentro con fuerzas para compartir que sentí al verle. 
Me fui llenando de dolor.
Y así voy.
No importa lo delgada que me esté quedando, cada vez peso más.
Más, más... Y te odio por todo ello. 

Sé que estás ahí. 
Y no comprender tu silencio, es lo que más me duele. 
Lo que más me mata en vida, lo que más infesta de dolor y rabia mi momento. 

Lo único que me consuela es saber que otros rezan por mi. 
Porque sin sus oraciones, no habría paz para los malditos. 




lunes, 6 de marzo de 2017

1000 FACES... Y EL TIO QUE VENDE LA MOTO.




“Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.” François de La Rochefoucauld

Y en las redes sociales, se concentra el mayor de los desfiles de disfraces.

Seguramente si mi abuela viviese y hubiese conocido esto de las redes sociales, me habría dicho al respecto: Mentito, mira como publicas y te dirán quien eres. 

Llevo unos días un poco inactiva en mi perfil de facebook. Apenas si entro. Motivo: hastío.  Y una dosis elevada de conocimiento del limite de mi paciencia. 

No conozco una sola persona que tenga red social, a la que no haya escuchado ni una sola vez quejarse de sus contactos. No importa en que modo usemos nuestro perfil social y el uso que demos a nuestro espacio. Ya sea para la evangelización, como hago yo aquí en Bloguer, para compartir momentos con familias y amigos, para desconectar de la rutina diaria, para publicitarnos, o simplemente para alimentar el propio ego a base de publicar selfies... El caso es que des el uso que des a tu propio perfil social. Siempre tendrás ese calentón de cuernos, a veces hasta literales, que te hará que el ambiente huela a chamusquina. Para ti, y para el número de amigos o seguidores que tengas. Que ese es otro tema. Amigos se le llama a todo y así están de entretenidos los muros de la gente, con decepciones y personas que nos acusan y a quien acusar de que nos fallen.

Va ha hacer un año que lo tengo claro. Ni puto caso a quien por privado te pregunta, te aconseja, te acusa o simplemente opina. Tomo nota de todo, pero quien decide al final soy yo, como todo en la vida, mi elección y la responsabilidad de como me comporte es solo mía.

Antes cuando venia a darme cuenta estaba dando explicaciones a la gente de porqué colgaba o subía una u otra cosa. Si ponía algo que no tenia que ver con mi fe, parecía tal cual si de pronto la gente me viera ya perdida al otro lado, posicionada en el lado oscuro. Con respecto a mi fe, llevo más de veinte año luchando contra el lado oscuro y ni antes, ni ahora una conducta mía en un perfil social va a darme la llave del cielo o la patada en el culo dirección al infierno. Aunque quien me lea o siga así crea entenderlo. Tengo un amigo que sabe un rato de como comportarse en la red social y siempre me lo dice, todo es como la gente quiere interpretarlo. Así que un día decidí dejar de usar mi face solo para la transmisión de la fe. Y usarlo como un apéndice más de mi ritmo de vida. Y a quien no le guste como dice Rafa: que se vaya. Y es que a menudo parece que estar conectados en las redes sociales es como firmar un contrato de por vida con un inquisidor. Siempre pendiente a que ponen los demás, a lo que van a decir según lo que publiques...


Viendo hoy el anuncio de un nuevo móvil de alta gama, me llama la atención la propaganda que hacen. Dicen literalmente: no podrás dejar de mirarlo. 

Y me quedo muerta. Porque justo en ese momento escucho la voz de uno de los indeseables "caídos" que me dice al oído como el que no quiere la cosa:
-Y si no,  ya no encargaremos nosotros de que no puedan.

Me quedo en silencio a ver que más va a decir, pero entonces escucho la sonrisa de mi ángel que me dice: ni se te ocurra escucharle. Que ya hoy bastante mierda lleva metiendote con esa persona que está hablando mal de ti en fb. es lo que pretende, que te calientes más y sueltes en público una de tus patadas de buey.

Mi ángel me conoce mejor que nadie. Sabe que yo no presumo de lo que no tengo, que de eso en las redes sociales hay mucho que desear. Personas felices, publicando esos pots cargados de momentos que a todos sus contactos les gustaría poder publicar. Y que en la trastienda tienen la vida echa polvo y no se atreven a decirlo por no ver su maravilloso perfil desmoronarse. 
También los hay que entras y solo están lamentándose, pero nadie en serio se preocupa de averiguar que necesita esa persona. Porque es más fácil criticarla en otro perfil de algún contacto en común de victimista.

Vamos, concluyendo, la casa de vecinos en que vivían antes nuestros abuelos, pues eso es una red social ahora, un patio de vecinos donde estar de cháchara no educativa.
La critica pasada al infinito y más allá. Y como no sepas utilizarla ... Se te terminará escapando de las manos y te verás envuelto en más de una pelotera.

Hace muchos meses que escribí este post y lo tenía con otros en borradores. Es curioso como las cosas no pasan de moda, pese a lo fácil que es quedarte antiguo en esto de las App con tantas actualizaciones periódicas que tienen. Por eso me gusta Blogger, aquí siempre se almacenan los pensamientos, los sentimientos y un sinfín de cagadas que a veces hacemos publicas. 
Lo básico, es uno mismo y quienes somos, y no cambiar pese a que tengamos que adaptarnos a las situaciones  y los medios de comunicación sociales del tiempo que corre. 

Hoy simplemente me apetece publicar este pots que no sé porque motivo no publiqué entonces. Lo cierto es que ahora al hacerlo he pensado que aunque las relaciones de amistad ciber en las redes tienen mucho de pelotera. Después de haber vivido la experiencia del fallecimiento de mi madre con vosotros (y ya sabéis quienes sois sin tener que dar nombres)  Eso también me hace pensar el mucho bien que hace contar con la posibilidad de estar conectado. Siempre hay un hombro amigo en algún punto mundial que ve tu alerta, te lee y te dice: Aquí estoy, no estas solo. 

Y eso en los tiempos que corren, sigue siendo de las cosas más importantes de las relaciones humanas, sentirse escuchado. 
Decía un psicólogo amigo mío: Facebook, es la gran competencia.  Jejeje, yo así lo creo. 
Puede que como todo, sin medida sea muy dañino. Pero en su justa medida, también es un remedio para el corazón. 

Con el corazón hoy a ti que me miras con buenos ojos quiero decirte:
Gracias por estar ahí después de tantos años soportando a esta tremenda pataletas.  





miércoles, 1 de marzo de 2017

S.O.S.



Por tanto, he aquí, la seduciré, la llevaré al desierto, y le hablaré al corazón. (Os. 2, 14)


Es curioso Señor como la esclava no entiende el mensaje. 
Cuando es tanto el dolor que lleva oprimiendo el corazón de esta.

El desierto es tan árido, no podré soportarlo. no puedo, no soy tan fuerte y estoy tan sola aquí dentro, tan incapaz de gritar efectivamente, que a veces desearía morir y no tener que vivir en este estado.
Duele.
Duele tanto que solo en Ti encuentro mi lugar, solo en Ti puedo apoyar mi frente y descansar. Solo en Ti encuentro el aliento de esperanza y comprensión, no me dejes caer cuando cegada por la desesperación grite a esos falsos profetas. Tú no mires mi embotamiento Señor, quédate conmigo, no porque yo sea digna de ti. No porque yo te merezca. Quedaté conmigo Amor de mi alma y no me dejes caer cuando otros así lo hagan. Por tu Santidad, por tu Amor Misericordioso quedate con esta pobre criatura y acompañame en mi noche oscura, no me dejes caer, no me dejes caer... y si caigo... Por tu Corazón Inmaculado, no pases frente a mi sin detenerte.


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