XX años depués sin miedo a levantar las manos.


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La resistencia de una cadena se mide por su eslabón más débil. (San José María Escriba)


Hace veinte años las cosas en la sociedad española iba a otro ritmo. En el interior del ser humano, los valores no entienden de épocas, de generaciones, de sistemas sociales. 
Hay una identidad interior que está por encima de todo eso.

Recuerdo aquellos días, el modo en que se vivió el secuestro, el modo en que un país se unió, el modo en que nadie evitó el desencadenante final.

Pero si algo recuerdo por encima de todo, fue abrir los ojos definitivamente a la tibieza de un gran número de personas en las que yo creía. 

Recuerdo llamar a mis amigos para ir a la manifestación de Sevilla. Nadie tenia tiempo, o ganas, o medios, o... un mojón, la mayoría tenia miedo y la otra parte un pasotismo de cojones.

Recuerdo que llegué a casa de trabajar me duché y comí algo. 
Mi madre no quería que fuera a Sevilla. Ella también tenia miedo. había estado escuchando las noticias y a algunos vecinos bocazas. Me pidió que no fuera. Me dijo que de todos modos no cambiarían las cosas. La vida es así, y en la historia de la humanidad había multitud de victimas. Mi pobre madre tenia miedo. Yo también. Sabia que podría haber problemas, pero la historia se hace con personas que superan sus miedos, nada se cuenta de los cobardes. 

Me terminé de arreglar y cuando salia a la calle camino de mi coche, mi madre venia detrás, mi padre estaba en la huerta y salió al encuentro a ver que pasaba. Mi madre no paraba de decir que donde iba aparcar con lo que tenia que haber liado en el centro, que sola, ect. Entonces le dijo a mi padre donde iba, él me preguntó porque iba sola y le dije: porque los demás tienen miedo o prefieren mirar a otro lado. Entonces mi padre echó a correr en dirección a la casa  mientras me decía dame cinco minutos que voy contigo. 

Aquella fue la última manifestación a la que fui con mi padre. Jamás olvidaré lo que sentí en aquella concentración siendo una entre tantos que no tuvimos ese dia miedo a ETA en mi país. Y si lo tuvimos, le echamos huevos y plantamos cara con las manos en alza. 

No haré apología política. Solo diré que asco me dan muchos que tienen poder de cambiar las cosas, y cargos que le apoyan facilitándoles la lucha, y pierden el tiempo. Tampoco haré apología social. Solo diré que tenemos lo que sembramos. 

Mientras vives, no estás libre de que un hijo de puta te meta dos tiros a traición en la nuca. Pero si eres libre de la aptitud con que llegado el momento lo afrontes. 

Cada vez que visualizo la imagen de Miguel Ángel  Blanco en mi cabeza, se de color se tiñen mis miedos y sé como he de enfrentarlo. 


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