13



"Tú eres más fuerte que yo, eres más fuerte que muchas personas. Solo tienes que hacerlo. Yo sé que te puedes" (Mamá)


Hay quien dice que pensar en los que ya no están es martirizarse... 
Yo creo que una cosa es pensar y otra lo que su recuerdo nos provoca dentro. Hay heridas que no sanan nunca, todo depende del modo en que elijas mantener vivo dentro de ti a aquellos a los que amas. 

Últimamente le dedico más tiempo de lo normal a pensar si acaso soy normal. Bueno vaaa... Ya sé que muy normal no soy. Me lo dijo el anestesista de maternidad cuando insistió e insistió en ponerme la epidural para el parto de Lucy. 
Recuerdo que me dijo que no era muy normal que una primeriza no pidiera la epidural, que no sabía a lo que me enfrentaba, y que estaría ahí al lado para cuando lo llamase, pero que había un momento en que si no me la ponía ya tendría que apechugar sola con el dolor hasta el final. 
Sé que él me lo decía por mi bien, desde su punto de vista y la experiencia de su trabajo, pero fue el modo en que lo dijo lo que me empujó a preguntar si él había parido muchas veces. Me dijo que ninguna, pero que a la hora de la verdad todas las fuertes pedían a gritos la epidural, que el padecer ya no es necesario en nuestros días. Que era una experiencia bonita para tener que pasarlo mal.

Recuerdo que pensé dos cosas. En lo que yo conocía por dolor.
El dolor del alma que siempre había de algún modo acompañado a mi persona en diferentes acontecimientos a lo largo de mi vida y en el dolor físico. Alguna vez he hablado del accidente de mi pierna y de como en rehabilitación llegaba a perder el conocimiento soportando la terapia de estiramientos y forces. Pero yo volví a caminar y sin cojera. Y tenía muy claro que el dolor a veces es necesario en toda vida, somos humanos, no podemos temer al dolor. Y yo, entonces tenia muy claro que algo tan importante como abrirme a la vida sería a dolor y punto. Y que si podía elegir combinar ambos dolores en un acto, nada ni nadie me iba a hacer cambiar de idea y experimentarlo así.  Casi la cascamos, y pese a lo mal que fue la operación luego sin anestesia, no me arrepiento, sabiéndolo, lo volvería a hacer. Es más, con Iván repetí. 

Sufrir por sufrir es de gilipollas.
El dolor a veces es la diferencia que nos mantiene vivos. 

Este medio día me dio un golpe de calor esperando en el coche a Pepe (lo de no tener el aire acondicionado del coche al día en Sevilla es de suicidas) El caso es que cuando llegué a casa y me bajé el mundo giró en opuesto a mi y ya no podía ni mantenerme en pie. Tardé un poco en recuperarme. La tarde ha sido difícil. Mi padre a venido varias veces a ver como seguia y yo, en fin... me sentia fatal en todos los aspectos. 

Encima el día que es. 
Me vine abajo del todo.

Y en ese remolino de emociones, malestar físico y desesperanza emocional me parece oírla. Diciéndome lo fuerte que soy.

Estuve a punto de romperme. Entonces pensé que estaba demasiado débil para romperme, y pedí una epidural emocional.  Desconectar mi mente en la medida de mis posibilidades, ponerla en blanco y dejarme llevar... 

Me dormí.

Podría haber muerto y ni darme cuenta de lo profundo que caí. Al despertar me encontraba algo menos mareada y el dolor estaba esperándome, jeje... ¿Pero sabes? Lo prefiero a no sentir nada. Me niego a adaptarme a esta cultura del no sufrimiento que hemos creado y que la sociedad sigue alimentando amparándose en que es la mejor opción.  


Comentarios

Entradas más vistas del último mes.

Daisypath Anniversary tickers