SILENCIO... TE ABRAZO. (Donde nadie me oye)



Sólo en el silencio el hombre logra escuchar en lo íntimo de la conciencia la voz de Dios, que verdaderamente le hace libre. (SS Juan Pablo II).


Nuestra vida está llena de ruido.
De carreras, de velocidad.  
De acontecimientos que nos llenan de inquietud y nos roban la paz.
Te levantas y toda tu actividad está esquematizada dentro de un horario. A menudo excesivamente estresante. Hasta tal punto que viviendo rodeados de personas que nos quieren, pasamos solos la mayor parte del tiempo absorbidos por la aplastante cantidad de información que nos llega de todos sitios, y en cantidades lo suficientemente grandes como para que nos sometan y nos aplasten.

Ese estrés termina por convertirse en agobio, y ese agobio en aislamiento. 
Y el aislamiento no es lo mismo que el silencio.

Las personas nos aislamos sometidas por factores externos que nos hacen ser incapaces de procesar en nuestro cerebro estímulos positivos. 
Por el contrario el silencio libremente elegido es una experiencia que nos enriquece, que nos ayuda ha discernir, a encontrar un equilibrio en la meditación, un afianzamiento en aquello que deseamos, que valoramos, que realmente necesitamos cimentar para encontrarnos tal cual somos. 

Hoy no voy a extenderme en mi pots. 
Solo diré que en silencio amo y en silencio me siento amada. Que a veces los gritos más agudos son silenciosos, y los abrazos más fuertes se dan sin palabras, sin gestos.  

Nunca permitas el aislamiento en tu vida... Grita. 
Y luego ... Guarda silencio. 
Por que allí te encontrarás, le encontrarás... Nos encontraremos.





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