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HÉROE DEL CIELO... HÉROE EN MI TIERRA...




"Creo que un héroe
 es quien entiende la responsabilidad que conlleva su libertad"
Bob Dylan.


Cuando era pequeña solo había dos canales de televisión donde elegir. 
Llegaba La Semana Santa, el Jueves Santo e imponían la religión. El Triduo Pascual desde Roma, y  después toda la tarde de películas de la Pasión de Cristo hasta el cierre.

Ahora, hay cientos de canales donde elegir con horarios indefinidos de emisión y se ha pasado de tener la fe impuesta por cojones, a no tener casi ningún referente. 

Para mi igual de impositor es un régimen social, que otro.  

Cada año era igual. 
En mis recuerdos de infancia con referencia a la Semana Santo tengo marcados algunos junto a aquellas pelis. Por lo desarrollado de mi sentido del olfato, el olor a incienso. Es el recuerdo más acentuado. Y el olor a miel, a anís estrellado, a cascara de limón de la cocina de casa, donde mi abuela y mi madre hacían los típicos dulces de la fechas.
El sonido de la banda de música.
Entrar en casa de mis familiares, amigos, vecinos y ver las túnicas de nazarenos perchadas del techo en sitios estratégicos planchadas y esperando ser utilizadas. Los chiquillos del barrio pidiendo por las casas de su calle a los vecinos, para hacer sus pasos infantiles. Luego los sacábamos a la calle y competíamos con los chicos de las demás calles del barrio. Daba igual si eras católico o no, si creías en Dios o no. Entonces esa religiosidad popular invadia nuestro mundo interior, del mismo modo que hoy lo hace el fútbol, por poner un ejemplo.
Y recuerdo con un sentimiento inenarrable, la sensación de sentarme en casa a la mesa camilla, nada de tumbamientos en los sofás. Yo que no tenia hermanos, con mis abuelos y mis padres y ver la historia de Jesús. Mis abuelos paternos no eran muy religiosos, por no decir nada. Mi padre tampoco. Pero allí nos sentábamos todos a ver la pelicula como si de una de indios y vaqueros se tratara.

Mi madre intentaba explicarme algunas cosas acerca de la historia de la salvación, mientras mi abuelo se reía del tema. Y mi abuela y mi padre, tampoco parecían muy convencidos de que ese Jesús fuera el Hijo de Dios. Cada año se repetían aquellas escenas, casi los mismos comentarios. Crecí viviendolos una y otra vez.  Pasando de ver la historia de la Pasión en blanco y negro a color. Dentro de mi ardía un fuego que no llegué ha comprender en mi mentalidad de niña. Un deseo de creer aquello que parecía algo tan irreal. 

Recuerdo que ver el mundo a través de los ojos de papá era mi enfoque perfecto. Pero aquello que yo quería ver sobre ese hombre humillado y matado, no podía mirarlo a través de los ojos de mi padre. Le pregunté una vez:
-Papá ¿porqué no crees en Dios? ¿Porque no crees que Jesús es su Hijo y que resucitó?
Y sin saberlo, mi padre me dio la mejor catequesis sobre la fe que jamás he recibido. 

Me dijo que no podía creer en Dios porque no creía nada que sus ojos no vieran. Que de niño había visto a la iglesia cometer en nombre de Dios muchas injusticias. Y que por eso no creía en nada de lo que contaban los curas, ni nadie relacionado con Dios. Que sabia dentro de él que Alguien había creado el mundo, pero no como, ni quien. Y que al mirar lo perfecto de las cosas del campo, sabia que no podían haber sido creadas de la casualidad de ninguna explosión de meteoritos o de lo que la gente con estudios contaba.

Y añadió al respecto hablando de Jesús una cosa que lo convirtió en mi héroe para siempre.

Porque al escucharle pude ajustar mi propio enfoque al de mi padre. Y resultó que él lo veía como yo.
-Te voy a decir una cosa neni. Yo no se, si ese Jesús existió de verdad o no, porque yo no estaba ese día allí. Y tampoco si era o no el hijo de Dios como cuentan. Pero si yo hubiese estado allí y le hubiera visto hacer los milagros que cuentan y curar a los enfermos, y preocuparse por los pobres y tener dos cojones para no rendirse hasta dar la vida libre por su palabra y lo que él decía ser. Te digo que yo hubiese dado mi vida allí al lado de él. Porque esos son los hombres que de verdad valen en esta vida. A mi parecer esos son los verdaderos héroes.

Y lo hizo... 
O fui yo...
O fue Jesucristo quien supo a través de esos acontecimientos ir instituyendose como el Héroe de mi tierra, hasta fecundarla toda.

El caso era que entonces no había modo de ver películas de mi Héroe, si no era en Semana Santa. Y yo era una cría que añoraba que llegaran esas fechas para verle en mi televisión. Así era yo cría...

Y así soy ahora yo.

Hoy soy yo la madre. 
No impongo mi fe a mis hijos, ni les obligo a que me sigan. Se que Dios tiene una historia personal con cada uno de ellos y rezo para que la descubran más pronto que tarde. 

Hoy llegué del trabajo de nuevo con fiebre. No me recupero, y por lo tanto no he asistido al Triduo Pascual de mi parroquia. Tengo que reservarme en salud, porque aunque esta noche descanse, mañana he de volver al trabajo y no puedo permitirme una baja laboral. Pero eso si. La pantalla de casa ha traído la misa del Jueves Santo a casa. No he obligado a nadie a sentarse conmigo a verla. Eso sí, mi hijo a reclamado la tele para ver el sub21 de España que estaba jugando. 
-Cuando acabe la misa, se verá el fútbol, ahora si quieres verlo, hazlo en tu "psvita".
Terminada la misa, el fútbol, en el salón de casa, aquí andamos viéndolo. Eso si, aclarándoles que la pasión por la roja en esta Semana Santa, no es el eslogan de los partidos de hoy. Que la Pasión por la roja es y será siempre la de la de la Sangre de Cristo. 
Y cuando acabe el partido de la selección. DVD de la Pasión de Cristo de Mel Gibson al Home Cinema. Y el que no quiera verlo, que se busque la vida en el resto de la casa. Y como otros años, se que acabaran viéndola conmigo y haciendo sus preguntas de niños. Y entonces yo aprovecharé para contarle mi historia de amor. La historia de mi relación con ese Hombre-Dios humillado y matado. No intentaré comerles el coco, ni siquiera que entiendan lo que les cuento. Le contaré las anéctodas de como ese Héroe del aire bajó hasta mi mundo y me cortejó, y me cameló, y me conquistó para siempre. 
Y lo haré del mismo modo que le cuento la historia de como nos conocimos su padre y yo. O las anécdotas de como vivimos la transmisión del partido en casa de cuando la selección española ganó el mundial ya que Iván era pequeño y no lo recuerda.

Dar testimonio de la verdad es importante. 
Pero hay una Verdad que por si Mismo da su testimonio. 
Y no importa si le abren camino o no en nuestros días y en las sociedades en que vivimos, en ellas se engrandecen las cosas absurdas y se intentan ocultar las importantes. 

Y un así...
Él a bajado del cielo, libremente. 
Me vio como yo le buscaba y no tuvo, ni tiene reticencia en venir a fecundar mi tierra. 
Mi Hombre, mi Héroe, mi Dios. 




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