ALGUIEN ... COMO TÚ.



Admiramos las cosas por motivos, pero las amamos sin motivos.
Gilbert Keith Chesterton. (1874-1936) Escritor británico.

Ayer me pasó algo que no es la primera vez que pasa y para ser sincera me preocupa. A todos nos gusta ser reconocidos, que se nos valore, que las personas nos aprecien. Pero ciertos reconocimientos pueden ser un arma de doble filo que inflame nuestro ego hasta hacernos reventar. Yo no quiero que algo así me pase a mi. Y a veces es tan difícil no caer en la tentación.  


Ayer mi Pepe me recogió de la parada del bus, me quedé sentada en el coche mientras él se bajaba a la panadería a recoger el pan. Venia tan cansada de mi trabajo, que solo tenia ganas de cerrar los ojos y dejarme llevar.  Entonces en mi nebulosa de cansancio escucho a Pepe que está hablando con alguien y aprecio a oírle decir: "...En el coche". Pero sigo en mi nube de soñolencia... Cuando de pronto abro los ojos y un señor mayor del barrio está en la ventanilla de mi vehículo. Le conozco de coincidir en los establecimientos del barrio y ahí estaba, había salido a saludar: "Señora ¿Cómo está usted? Llevo mucho tiempo sin verla, siempre le pregunto a su marido como está. Porque le voy a decir una cosa, se le echa de menos, a mi me gusta la gente como usted. Me gusta escucharla cuando conversa mientras espera su turno. La verdad es que yo admiro a la gente como usted que sabe trabajar para los demás y ayudar".

No supe ni que decir, entre que estaba medio dormida y que aquel aluvión de palabras halagadoras me estaban tocando el alma mientras este señor me clavaba la mirada y me atravesaba con su sinceridad. A penas atiné a decir. "Anda hombre, eso es por que me miras con buenos ojos, yo solo soy un pobre diablo. Te lo digo en serio." Al ver que yo lo tuteaba me dijo: "Pues yo te lo digo de corazón, admiro a alguien como tú"

Durante los diez minutos que Pepe tardaría en salir de la tienda estuvimos hablando. Me preguntó por la abuelita que cuido, y me habló de su suegra que la tienen recogida en su casa ahora. Una conversación entre dos personas de diferentes generaciones pero con una compenetración tal que llegó a despertar mi cabecita atolondrada. Una vez que nos fuimos y tras despedirnos no podía dejar de pensar y analizar la conversación que habíamos tenido. 
     
Y es que yo, se lo que es sentir admiración por otros o por situaciones. Y es un sentimiento que me llena de perplejidad. Las personas solemos admirar tantas cosas y a veces con tan poco sentido común. Podemos admirar a los demás porque despiertan en nosotros una sorpresa agradable, una sensación de querer identificarnos en ellos, a veces magnificando demasiado.

Yo no quiero que los demás me vean como un ejemplo a seguir. Tampoco quiero que nadie se equivoque conmigo. Ser una buena persona es una responsabilidad personal que todo individuo debe asumir. Yo lo intento. Solo eso. Pero para nada soy esa buena persona que otros ven en mi, mucho menos para ser digna de admiración.

Esa coversación me ha dejado muy perpleja, la verdad. 
Con una necesidad de poner a análisis mi vida, el modo en que actúo, en que me comporto de cara a los demás. Sé quien soy, no soy ningún ángel. No quiero que lo que los demás ven en mi me limite o hagan crecer sentimientos de vana gloria que a la larga sean un peligro para mi desarrollo. La vanidad es como una esponja que ha estado al sol muchas horas... es capaz de absorber un océano si la tirásemos dentro.   

Ser una buena persona, es una responsabilidad personal. Pues bueno solo hay Uno. Y yo no solo siento admiración por Él... siento... una inmensa gratitud.






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