QUÉDATE CONMIGO.




A veces me gustaría que él que me lo pudiera decir así de claro. 
     Pero no es esa su misión. Cuando calla, yo se que otorga y que debería de guiarme por la experiencia de mis años en su compañía. Después de todo es mi ángel de la guarda y siempre mira en primer lugar por mi, no obstante nunca interfiere en mi libertad, ni tan siquiera por evitar que yo me descarríe. 


     He pasado unos meses muy perdida. Soñando imposibles, buscando quimeras. Lo peor es que sabia que no habría otro camino que el de volver sobre mis propios pasos a la casa de mi Padre. Aún así, viajar ha sido toda una tentación imposible de negar. No me siento mal, ni culpable, no voy a revolcarme en propios errores ni mucho menos. Después de todo equivocarse es parte de la libertad que poseemos y fundamental para la experiencia. La próxima vez, tendré en mi saber más con que defenderme, luchar o simplemente contar a la hora de elegir. 

     Cuando te equivocas y al fin lo descubres, es liberador. Una oportunidad única de empezar de nuevo, la batalla de la fe es lo bueno que tiene. Mientras estás vivo puedes combatirla. Lo malo es agotar el tiempo sin haber avanzado, si ganar nuestra porción justa de conversión. Sin haber amado y sin dar la vida  por amor. Porque mientras respiramos, lo único que realmente nos mantiene vivo es el amor. 

     Vuelvo sobre mis pasos, regreso a mi Amado. Y aún antes de llegar Él ya está esperándome, me mira y me sonríe. Y puedo ver la mirada de mi Padre en sus ojos que me acoge como a la niña que soy para Él. Con una compasión infinita. Él me ofrece su apoyo me sujeta y me dice: Quédate conmigo. ¿No ves díscola muchacha que nadie te puede amar como yo? Puedo escuchar la sonrisa de mi ángel cercana y una aprobación de mi Amado hacia él. Tengo la sensación de que le está diciendo que lo ha echo bien, no se. De pronto me siento muy arrepentida de mi necedad, y Él me sujeta más fuerte, me tranquiliza, me dice que ya lo se para la próxima vez, que aprenda y que transmita lo aprendido a quienes tengo más cerca. Porque nunca sabemos cuanto tiempo nos queda ... Y añade: "Imagina como te sentirías si en lugar de tener tiempo aún, este fuera el final de tu paso por aquí".

     Y ser consciente de esa realidad que llega hace estremecerme. Entonces soy yo quien le pide a Él: 

Quédate conmigo por favor, átame fuerte mi Señor que yo no me resista.





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