Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

jueves, 31 de julio de 2014

A GOLPES DE CARIDAD.


No creo en la casualidad, lo sabes si me conoces.

Hoy volviendo del trabajo me enfrento a la realidad de mis propios sentimientos. Una vez más me siento indigna de la fe que Dios deposita en mi para ciertos servicios. No me siento cualificada. Pero confío en que Él sabe más.

En mi trabajo hoy vino de visita sor Rosa, y mantuvimos una larga charla sobre el voluntariado, sobre la caridad y sobre el modo de hacer el bien. De vuelta a casa me bullían en la cabeza muchas frases mientras conducía. 
Y hay llegó la diosdicencia.

Ya en el barrio estaciono el coche junto al parque mientras recojo a mi hermana que está en el kiosco. Me mantengo a la espera dentro del coche y esa risa sarcástica que nada tiene que ver la dulce risa de mi ángel suena en el ambiente. A ese también le conozco, pero ni le dirijo la palabra, ni le presto atención, es el tentador que siempre está al tanto para dar el golpe mortal. 
"Mira, ahí tienes para lo que sirven vuestras estúpidas obras de caridad"
Le veo de espaldas, fumando, entre el grupo de chicos que se reúnen siempre en el mismo lugar y que no tienen muy buena reputación en el barrio.

Joder, que mierda. Pienso y me invade la tristeza.

Eso provoca un desencadenamiento de acusaciones por parte de mi enemigo que se regodea mientras las sueltas sin reparo. "Preocupada por ayudar. Perdiendo el tiempo para eso. Siendo la critica de los conocidos. Haciendo mal el servicio al derrochar en quien no tiene voluntad de cambiar..." 

Entre su retahíla de mierda le escucho a él, a mi ángel que hasta entonces está en silencio. Solo dice una palabra: Mírale.
Y sucede, como si él chico de pronto sintiera mi presencia, se gira y me mira, se cruzan nuestras miradas y su rostro palidece. Agacha la mirada, la cabeza y se encoge. Me ha visto y sabe que lo he visto. No puedo evitar que el corazón me de un vuelco y esa mirada me desarma y deja mudo a mi enemigo. 

Fueron un par de minutos que parecieron horas. El chico en cuestión pertenece al grupo de personas que ayudamos desde cáritas parroquial. Cuando hice el curso de ayuda a la prevención y rehabilitación a la drogodependencia, nunca pensé que me enfrentaría enseguida a la practica. 
"Pues vaya mierda de nota que has sacado en el curso, jajaja, mira para lo que ha servido la tarde que hablaste con él. Las indicaciones, el CTA, sus lagrimas de cocodrilo, tus oraciones." El enemigo no calla, golpea con toda su mala leche, que pesado. 
Ya no miro más que de reojo en esa dirección, pero él se vuelve tres veces más a mirar con disimulo hacia el coche y cada vez que lo hace su mirada parece más triste, más. Y en el fondo se que nada de lo que dice el imbécil ángel caído que sigue con su lista de acusaciones tiene que ser cierto.  
Vete al carajo, no me afecta nada de lo que dices. Le espeto. 

Motivos por lo que se que no esta todo perdido. Muy sencillo porque conozco esa mirada, se parece a la que asaltan mis ojos cuando me arrepiento, cuando busco el consuelo del Señor. Y recuerdo lo último que le dije al chico: no es fácil, pero si otros pueden tú también. Yo pienso estar aquí cada vez que necesites hablar con alguien y no voy a juzgarte por nada de lo que me cuentes.

Y mis propias palabras ahora me sirven a mi. 

Existen batallas que no podemos ganar por puños, solo pueden ser ganadas a golpes de caridad. 

Por mucho que analicemos el campo de batalla, la jugada a realizar, aunque conozcamos al enemigo, sigue estando fuera de nuestro alcance la victoria si no contamos con la experiencia de haber sido antes destinatarios de esa misma caridad por parte de nuestro Señor.  

No voy a darme por vencida, voy a poner de mi parte todo lo que puedo porque se que lo que no soy capaz lo pone Dios. Y no, no me rindo, ahora más que nunca se que a golpes de caridad puedo ganar mi porción del reino. El que Cristo nos ha prometido a todos. 





miércoles, 30 de julio de 2014

LA SANGRE DE LOS INOCENTES.


Sí, cada día la sangre de los inocentes corre como afluentes por encima de esta tiempo, en este justo momento.
 Y el mundo sigue su ritmo. Todos seguimos a nuestro paso en mayor o menor medida. Depende del lugar en que te encuentres que un conflicto afecte más o menos a tu vida. Pero cuando te sientes unida al sufrimiento humano en si, puedes estar a miles de kilómetros y sentir ese dolor, hay heridas internas que te desgarran y duelen mucho más que las que se producen en el cuerpo. Eso siento cuando viendo los niños morir pienso en Jesús dejándose golpear, venciendo al mundo a base de latigazos que desgarraban su Santo Cuerpo. 
Le pregunto, ¿Señor te dolió mucho? Y me traspasa con sus ojos serenos, cargados de verdad y de sabiduría, cargados de compasión. 
"No me dolió nada comparado con las heridas que provocan mis hermanos en mi corazón"

Madre mía.
Me quedo en silencio, no se como asimilar esto que le oigo decirme. Necesito pensar en cuanto dolor soy yo capaz de soportar físico y pienso en algunos momentos de mi historia. Después del accidente perdía el conocimiento de dolor en las rehabilitaciones. Intento imaginar ese dolor continuo, sin que el cerebro entre en trance y se desvanezca y le oigo susurrarme: " mucho más"
Y comprendo cuanto me ama, lo poco que soy dentro de este universo y lo grande e importante que soy para Él. Igual que tú, igual que el resto.

"No cae una gota derramada al suelo sin que mi Padre la ignore"
Señor no entiendo, quiero hacerlo, pero no alcanzo a tanto. Y ya no me dice más. El silencio me invade y siento una necesidad bruta de contarlo tal como lo acabo de sentir. Me duele como antes, hay tantas cosas que sigo sin comprender, un apice de tristeza, de desgana comienza a despuntar en mi pensamiento y entonces le oigo a él. 

Es la risa de mi ángel que me acaricia. 
"No, no les permitas que te infesten de desanimo, este es el tiempo de combatir, y en la batalla no hay lugar para la derrota hasta que no se pierde el último soldado. Ellos saben más que vosotros, ellos están en su tiempo. Pero el estandarte de la cruz nunca será derrotado, no pueden abatirlo y ellos también lo saben, esa es su peor condena". 

a veces cuando él es tan directo a mi me cuesta comprender las cosas, pero esa comunicación entre ambos lleva una especie de bálsamo que me alivia y me da fuerzas siempre. Y lo mejor es que aunque no lo llegue a comprender todo se que tiene razón, el camino recorrido me lo confirma y lo sella de garantía.



martes, 1 de julio de 2014

¿QUÉ TIENES CONMIGO, JESÚS? Donde nadie me oye.


Hay preguntas que... uno se piensa una vida. 

Preguntas a las cuales incluso antes de formular  ya sabemos que vamos a obtener por respuesta. Preguntas necesarias que aún con las rodillas temblando y la voz entrecortada sabemos que hay que realizar.

Nunca me he explicado como la chica que fui, insegura y cargada de miedos en el fondo fue tan valiente para el amor. Era una suicida cuando me enamoraba, me lanzaba sin red a por el chico en cuestión. Nunca supe esperar, me faltaba tiempo para tener claro lo que sentía e ir de tiro echo a ver si era correspondida. Tan contradictoria esa conducta con mi personalidad. Hasta que llego Él.

Sabia que era diferente al resto, que era distinto y que lo que comenzaba a hacerme sentir pondría mi vida patas arribas. Él tenia todas las cualidades que yo buscaba y para colmo también me buscaba a mi. Desde el principio las preguntas se agolpaban, se acumulaban, necesitaba saber, saberlo todo de Él. Saber si de verdad era real, saber si iba a quedarse para siempre, saber si de verdad me amaba... Con voz solo lo dijo la primera vez, fue un susurro, una promesa eterna que me hizo arder de emociones que no supe catalogar, ni en mi cabeza, ni en mi corazón. El resto del tiempo su presencia a mi lado es indiscutible aún cuando apenas es palpable, se que está, observándome con esa mirada que conozco llena de infinito amor, dejándome hacer y disfrutando mientras me contempla como el eterno enamorado que no aparta los ojos de la niña de sus amores; así soy yo para Él, lo se, lo supe siempre.

Y aún así, cuanto me cuesta preguntar, cuanto...
¿Que tienes conmigo, Jesús? Que toda mi vida se pone patas arriba una y mil veces, que me asustas y me deliras, me gustas a morir y aún cuando mi corazón es puro torbellino de emociones contradictorias, nada tengo más claro en mi ser que soy tuya y que no hay otro lugar donde yo quiera estar más allá que en tu presencia. Dejándome ser contemplada, querida y deseando poder responderte de algún modo que te agrade, mi Dios, mi Creador. Hasta mis miedos son tuyos, nunca me he sentido más importante para nadie, como Tú me haces sentir nunca me hicieron, nadie lo hace. Y eso hace que tiemble a cada momento de esta relación nuestra, mi pequeñez no alberga entender como... Siendo Tú... Inviertes el papel y me mimas y me tratas como si fuera yo la diosa. 
¿Qué tienes conmigo, Jesús?


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