QUE LA FUERZA TE ACOMPAÑE. (Diario de una madre imperfecta)


Esta mañana aún no habia echado los pies abajo de mi cama y ya esta frase cobraba sentido en mi día. Bueno, la verdad es que son muchas las mañanas en que en modo irónico me la digo a mi misma pensando en las horas y mil aventuras que tiene un día completo de una mamá de familia. Pepe desde que estamos en casa sin trabajo es nuestra diana. Él suele ser el primero en levantarse y tocar diana al resto de la tropa familiar. Le escuchaba en la cocina manipulando el microondas, y luego el interruptor de la tele, pone el canal de boing para los peques y empieza a sonar nuestro despertador personal como cada mañana laborar de cole. Pero hoy ha sido diferente, sentía la cucharilla del café en la taza, el envoltorio de sobaito y las noticias en la tele. Y la imagen del hombre de mi casa desayunando tranquilito en el salón, pasó como un escopetazo a segundo plano al escuchar las noticias. 

El titular: Un año de la renuncia del Cardenal Ratzinger.
Y a la frase del titular sigue en lugar del mérito que supone una renuncia del tal índole, una lista de despotrificaciones acusadoras al papado del hoy Emérito Benedicto XVI. Ya sabemos cuales, para que enumerarlas, a la Iglesia siempre se nos culpa y acusa de lo mismo. 

Cierro los ojos.
tengo demasiado sueño y muy ganas de levantarme, no me encuentro bien de salud, tengo un trillón de cosas que hacer por delante y no acabo de despertarme escuchando algo que me haga mucha gracia, en verdad ninguna. Y las acusaciones que acabo de oír empiezan a dar vuelta en mi cabeza, ya conozco esa sensación, esa duda que termina por ser empalagosamente agobiante. Y es que aunque me duela reconocerlo, en cierto modo yo también lo puedo llegar a pensar. Imagino como me sentiría si el rostro de ese sacerdote amigo, la persona a la que cuento mis cosas, la persona en quien confío, pasara a tener el rostro de un pederasta, de un avaricioso, de un trapala que utilizara su posición vocacional para un lucro propio en lugar de un servicio 
y...

... La mala leche me va en aumento. 

Intento razonar, no dejarme llevar por ese montón de información que se me agolpa en la cabeza y que es como una cangrena para mi buen hacer. Y entonces le escucho, en ese lugar tan intimo y personal de mi ser que solo Él sabe ocupar, me estremezco, no puedo evitar estremecerme cuando escucho su voz sin sonido tan nítida dentro de mi. Ni siquiera le he pedido explicaciones, no he pedido una aclaración, y Él tampoco viene a darme ningún mitin. Me formula la pregunta: ¿Me amas? Y el tiempo no se si se detiene, la verdad es que cuando tenemos ese tipo de conexión no soy consciente de nada más allá de ese instante. Y vuelvo a sentir la pregunta que me reclama. Ni que pensar la respuesta, ojala todo en mi vida fuera tan fácil como ese momento. Claro que te amo, más allá de mi necesidad de ser amada por Ti, más allá de cualquiera de mis necesidades he descubierto que necesito amarte, no se dar explicaciones de este amor ¿acaso se necesita explicar los sentimientos? Yo solo se que te amo y que me merece la pena todo el resto por este instante de estar. Y entonces me vuelve a formular la pregunta. ¿Me amas aún con este fondo que tiñe nuestra relación, me amas siento pederasta, siendo un ladrón, me amas con mi pecado? (...)

Me desarmo.

Mi cabeza no da para tanto, soy capaz en ese momento de razonar lo que siento. soy libre, mis sentimientos no están sometidos, amo porque quiero, porque me da la gana así de claro. Y en ese momento soy consciente de que también puedo amar en esa dimensión que escapa de mis principios, de lo que yo creo moral, de lo que considero ético. Este amor que siento por Él se engrandece de compasión y siento que puedo perdonar aún sin comprender, que por Él soy capaz de salir de mi y mirar al otro desde la misma misericordia con la que tantas veces me he sentido mirada yo por Él. No estoy capacitada para este tipo de intimidad, para esta relación tan personal, para lo que siento, para lo que pienso, para lo que creo que puedo hacer con el resto de mi vida, demasiadas cosas que procesar y poca capacidad en mi portátil cerebral. Pero el sigue ahí a mi lado y me mira con la seguridad del Hombre que se siente amado por mi y yo me siento la creatura amada por excelencia, ¿se puede pedir más?

Sí. 

Que la fuerza de ese instante de comunión nos acompañe. 
Porque el resto de la jornada y el mundo donde por el momento nos tenemos que mover, va a una velocidad vertiginosa en contra de todo lo que acabo de sentir. 

Pepe vuelve a dar el toque de diana y sí, estoy preparada para una nueva batalla. Suerte la mia que hoy cuento con Francisco al frente de mi ejercito y con mi papa Emérito Benedicto XVI, en los flancos del pelotón.



Comentarios

  1. Sí, es la lucha diaria de cada día. Ayer me preguntaba algo parecido. Recibí un desplante por un amigo de infancia. Sentí alegría y emoción por darle un abrazo, y en su lugar recibí un cierto aíre de desplante e indiferencia. Mis primeros pensamientos fueron de sorpresa y de insulto, ¡qué se ha creído ese...! ¡Valiente imbécil!...etc

    Pero luego, supongo que el Espíritu Santo, me hizo recapacitar y pensé: a ese también lo quiere Dios. Y me dije, y yo también tengo que perdonarle como Tú, Señor, me perdonas a mí. Y ese es el milagro de cada día, darnos cuenta que perdonamos sin tener capacidad para ello. Lo logramos en el Espíritu Santo. Y mi corazón se abrió al perdón.

    Un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

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    1. Que cierto es esto amigo mio, el día con tantos momentos contradictorios que nos ponen a prueba a nosotros mismos. A mi me anima saber que Dios no necesita probarme para saber que voy a hacer, pero que con tanto amor permite en mi día a día tantas pruebas y momentos que a menudo me sacan de quicio, con el fin de que yo me pueda probar y conocerme y elegir. En un mundo de esclavitud, yo valoro mucho poder elegir de verdad sintiendo y sabiendo que lo hago sin engaños, sin acondicionamientos.Sin el Espíritu, estaríamos como el resto Salvador, engañados y creyéndonos libres sin serlo.
      un abrazo grandote ;)

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  2. El cristiano odia el pecado no al pecador.
    Que bonito cómo tu Amor disipa los nubarrones negros.
    Para todo el día cielo despejado.

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