JUNTOS PERTENECEMOS A CRISTO.




Las meditaciones de esta semana, ayudándome y uniéndome a la semana de oración por la unidad de los cristianos  me están viniendo muy bien para mi vida espiritual. Y como no, también para afrontar el día a día. Sobre todo estos que transcurren un poco alterados por los acontecimientos presentes que parecen aunarse para no dar descanso a esta cabecita mía.

Sin duda todo es más fácil cuando una se deja llevar por la confianza depositada en Cristo. Aunque confieso que a mi me cuesta mucho, mi forma de ser me empuja a cuestionar todo, a resistirme, pese a que la experiencia de anteriores vivencias me recuerdan y confirman que cada vez que me he dejado llevar por lo que el Espíritu me insinúa todo termina saliendo bien. A veces dar el paso ha sido traumático, renunciar a lo que una piensa y al modo de entender las cosas no es sencillo, pero al final, siempre a merecido la pena y las expectativas han terminado por dejarme siempre sin palabras y para bien. Cada vez estoy más contenta por poder descubrir a Cristo cercano, a mi lado, junto a la Iglesia, pese a que eso en muchas ocasiones también significa tener mi vida patas arribas. Conocer al Maestro no es solo tener la oportunidad de aprender, también es la responsabilidad de elegir, y de poner en practica lo aprendido y es hay donde las cosas a mi se me van un poco de madre. Sus enseñanzas son para el mundo, pero no van con el ritmo que el mundo lleva y elegir el modo de mi Maestro es saber que Él va a poner la mayor parte del esfuerzo por llevarme, pero sin mi aporte poco vamos a movernos del sitio.  Como decía esta semana aprovechando la semana de oración por la unidad de los cristianos he intentado poner de mi parte un extra para ver que puedo aportar más a mi circulo más cercano. Y es que a veces nos ponemos unas metas tan irreales para cualquier proyecto, que uno termina por desanimarse incluso antes de tomar realmente la decisión de hacer algo. En ocasiones llegamos a descubrirlo, y otras no. Yo desde que estoy en esta nueva parroquia, lo veo tan claro, que miedo me da. 

Dentro de mi, sigo siendo la misma adolescente que se enamoró de Cristo, que siento el corazón emocionarseme y se me acelera cada vez que me habla y me susurra entre el ajetreo de mi vida. Cuando menos lo espero, entre el bullicio de los acontecimientos cotidianos, de pronto me deja verle y... te aseguro que se me eriza la piel, nadie me ha hecho nunca sentir así. Es un sentimiento tan intimo y personal, que me transforma, capaz de sacar lo mejor de mi. Y no creas que reconocer esto es fácil, me da miedo reconocerlo, porque soy consciente que solo cuando me siento así soy capaz de todo. Y ese todo abarca infinidad de cosas que en mi yo normal nunca cabria. No se si me explico. 

Cuando llegamos a esta parroquia ya sabia que Dios se había encargado de guiarnos hasta aquí, no me gustaban los acontecimientos, ni el modo, lo habíamos pasado mal. Pero me bastó ver el panorama para ponerme peor, porque sabía cual seria mi cometido y mi comodidad estaba a punto de ser invadida por un montón de sus susurros. Y así ha sido. Tengo que decir que soy la persona más penca del mundo para salir de mi misma, romper mi inconstancia es todo una odisea y la misión que Dios me pide es precisamente esa en esta nueva etapa de mi vida y como individuo adulto en la fe. Ya ha pasado el tiempo de haber sido alimentada con el pecho y llega el momento de pasar a otra etapa de alimentación. No me hace mucha gracia,  tengo que comprometerme, salir de mi, ser constante, y encima sabiendo que lo más seguro es que reciba más palos en el costillar, pero también se que Él me susurrará al oído y un solo instante de esa intimidad merecerá la pena.

Me ha dicho: Compacta. Te necesito en más grupos dentro de mi parroquia, necesito que des testimonio de mi amor, que ayudes a que se de la fusión de este cuerpo. 

Y te aseguro que me dejó no solo con la piel erizada, sino con un nudo en la garganta que no podía ni tragar saliva. Yo no puedo comprometerme más, es una locura, es quitar tiempo a mi vida familiar, es tener que estar en otro punto conflictivo, es tener que renunciar a ... Uff... menudo acelero me entró. Mejor búscate a otro, mira hay tantas personas "apañas" incluso en este reducido grupo parroquial, yo no soy la adecuada... Y entonces siento como me mira. Y todo mi ser se detiene. Cuando Él te mira de ese modo ya no existe nada que sea más importante que ese instante y cuando pasa, todo es diferente.

Y ahora me encuentro en este instante después. Acojonada. Pero segura de Él.
He entrado también en el grupo de Caritas de mi parroquia. En un momento donde hay muchos cambios, donde los servicios que llevan los puntales están siendo  aceptados por nuevas personas, donde hay mucho trabajo que realizar y compromiso que afrontar y en medio... esta pobre mujer cargada de inseguridades y de mal carácter que va a tomar una decisión importante en un par de días. Bueno, en verdad ya la he tomado, lo supe nada más me vi reflejada en sus pupilas. Se que es una locura, que tal cual soy no tiene ni pies ni cabeza embarcarme en algo así, pero Él me ama también con locura y por amor, ay... ¿quién no hace locuras por amor? 

Ya te contaré la que voy a hacer yo, aquí comienza un nuevo culebrón, con un reparto que no tiene desperdicio.





Comentarios

  1. Que bonito escribes Mento.
    Muchos saludos!!
    DTB!!

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    Respuestas
    1. Gracias María, un abrazo grandote. Escribo desde el corazón, no se si será bonito, pero si así lo sientes es porque Él se deja ver. ¡¡ Él es el EL BONITO por excelencia :) !!

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