Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

ama

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

sábado, 28 de diciembre de 2013

CON LA INOCENCIA DE UN NIÑO. (Diario de una madre imperfecta)


"Llámame inocente...

Fuente de imagen:© Michael Jastremski 

     En mi vida me he llevado fracasos monumentales por apostar por las personas con el corazón y dejando a la niña que vive en mi tomar el control. Siempre he creido que era mejor levantarme del suelo que llegar la primera por haber arrollado a los de alrededor. Siempre he sido muy competitiva, pero en el tema sentimental y humano, nunca he sido capaz de crecer más allá de aquella chiquilla pecosa de ojos verdes que cree que con amor y paciencia puede lograrse todo. 

      La vida, las experiencias y los "herodes" que a lo largo de mi existencia han querido arrasar con esa inocencia que me ha ayudado a levantarme sin buscar culpables. Me han echo siempre ir dudando de si soy normal o es que sufro algún síndrome infantil o algo así. Siempre en conflicto interior, intentando alumbrar a la mujer en que me he convertido sin perder de vista la niña que fui. Cuando los mayores pierden toda la inocencia, de algún modo mueren para siempre aunque vivan hasta los cien años. Siempre me pregunto si es por eso por lo que Dios mandó el inicio de la salvación de su creación en la inocente y frágil persona de un Niño. Y me lo sigo preguntando cuando con tristeza pienso en tantas posibles madres que sin conocimiento de la magnitud de su decisión matan a tantos inocentes cada día en esta etapa del ser. 

     Se me hacen preguntas tan difíciles de entender. Y entonces toma el control la niña pecosa y me recuerda el tiempo en que mi dios era mi padre. Ese hombre de pelo rizado, anchos hombros y pecho fuerte que yo, inocente,  creía que era invencible y que lo podía todo. Y si que lo podía, en mi mundo inmediato de niña lo podía, porque todo lo que tenia que hacer era cuidarme.  

     Y apareció mi verdadero Dios, y cuanto más lo conozco, más he de luchar contra los "herodes" que intentan romper esa reserva de inocencia que cree en lo intendible, en lo inesperable, en que mi Dios como Padre todo lo puede y en que Él sabe el sentido de cada circunstancia, la respuesta a cada una de mis inquietudes. 

     Mantener contra el mundo esa inocencia es quedar muchas veces como una idiota. Hay tantos sinónimos, que comúnmente se suelen utilizar con la palabra inocente cuando te quiere llamar con diplomacia gilipollas. 
     Tantas veces que una queda muerta de bruces en el suelo, porque lo que para otros es sinónimo de gilipollas para mi es sinónimo de misterio, de esperanza, de confianza, de saber que aún sin entender estoy en el camino correcto.

     Si tú también eres un inocente, bienvenid@ al club de los idiotas sociales. Quedemosnos como niños con lo último que hacemos, solo los niños viven el momento sin preocuparse en que van ha hacer más tarde. Y ahora en la persona de un inocente Niño llega la salvación a quien la quiera recibir. En la inocencia de los santos mártires hay un misterio de gloria a Dios que yo aún no llego a comprender. En la confianza de los que son como niños, radica la fuerza elemental de la fe. Así que bienvenid@ al grupo de los idiotas, que de momento, siendo los tontos de la sociedad, tenemos todas las papeletas para ser  los beneficiados con el mejor premio.


... A ver quien es el más tonto al final del paso por esta vida"





miércoles, 18 de diciembre de 2013

Esperando al Mesias.






     Este año la navidad parece que ha llegado más tarde a casa, pese a que vivimos más intensamente estos días en familia. 

     El paro, nos obliga a estar en casa. Hacia muchas navidades que no estábamos juntos a tiempo completo Pepe y yo con los niños. Y aunque la situación es critica y nunca hemos tenido una navidad más escueta por la situación económica, lo cierto es que ni la crisis, ni los males que nos han impedido montar el belén hasta ayer, van a poder aburrirnos o quitar el espíritu de estas fechas a esta familia.
     Otros años a esta altura del mes los niños ya están hartos de comer turrón y mantecados y toda clase de caprichos especiales de estas fechas y este año por primera vez, aun no ha entrado en casa ni un extra, no se puede. Pero Dios ayuda, era más lo que yo me preocupaba que lo que al final está siendo. Pensé que los niños iban a pasarlo peor, que se pondrían a pedir las cosas típicas de las fechas, pero casi sin darnos cuentas, nos vamos adentrando en las fiestas, sin dramas por las cosas que este año nos vemos obligados a privarnos y con la misma alegría que esta fecha requiere y que hemos vivido en años anteriores.

     Por el puente de la Inmaculada cada año adornamos la casa. Pero este la mitad de la familia estaba encamada con la gripe, así que fue este fin de semana cuando pusimos el abeto de navidad y ayer montamos el belén. 
Vuelven a sonar un año más los campanilleros en el equipo de música de casa, embriagando el ambiente de calor y de color, con ese tintineo de zambombas y panderetas. Los niños arrancan a cantar conmigo a cada dos por tres los villancicos que se cantan en la misa de niños de la parroquia. Y Pepe, aunque seamos más pobres, está este año en casa con nosotros. El año pasado por estas fechas estaba fuera y fueron días muy tristes de estar la familia separada. Así que he de dar gracias a Dios por dobles. Cada año cuando tengo el Belén puesto en casa, me gusta reflexionar frente a él, siempre aprendo cosas nuevas. 

     Este año quizá por el momento que vivimos, me toca especialmente la situación en que María alumbró al Mesías. Él pudo nacer en el mejor de los palacios y sin embargo, allí iba, en el vientre de una jovencita humilde y como si de un desahuciado más de tantos que tenemos hoy día en esta sociedad de España que se ven sin un techo. Allá estaba el mismo Dios que creó la tierra y los cielos buscando posada donde alojarse para pasar la noche y protegerse durante el alumbramiento. Con unos padres de clase media, no reyes, no personas de la alta sociedad, personas sin respaldo, personas humildes que vivían a la providencia y al día. Meditar en ello, me ayuda a superar mis miedos al futuro y a vivir mi presente con seguridad y alegría. 

     Si Dios eligió nacer en semejantes condiciones ¿porqué he de temer yo por los míos? ¿Por qué he de temer yo que la crisis me complique tanto mi presente y dañe el bienestar de mi familia? Lo básico no es sustituible y lo tenemos, estamos juntos, sabemos que Dios cuida de nosotros y todo lo demás son consumismos que pueden ir sustituyéndose en mayor o menor medida. 

     Este año el mejor "mantecado" que están degustando mis hijos es levantarse con su padre cada mañana, ser llevados al cole por él y compartir el resto del día juntos. Eso, nadie puede quitárselo ya. Ni los momentos que hemos pasado haciendo los adornos de navidad este año con tubos de cartón de los rollos de papel higiénico, los adornos de recortable, de colorear. Tantos momentos que están completando este tiempo de adviento a la espera del Mesías de ir el 24 a la misa del gallo a celebrar que el Niño ha llegado.



domingo, 8 de diciembre de 2013

SEGUNDAS OPORTUNIDADES. (Diario de una madre imperfecta)


    

      Es fácil caer en un falso "buenismo", creernos que estamos capacitados para asumir en todos los sentidos segundas oportunidades, pero cuando nos toca de cerca darlas y hay que arriesgar parte del circulo primario que consideramos lo intocable para uno mismo... 

...Ya varia... 

     ...Ya las segundas oportunidades se nos atragantan y como que descubrimos que no era uno tan bueno como creía, a mi por lo menos me pasa. Quizá sea que yo no mido con la misma vara que mi Padre me mide, quizá sea que es más fácil ser generoso cuando no has de compartir lo básico, lo tuyo, lo que cuesta soltar, lo que duele perder...

     Estas últimas semanas en España la sociedad anda revuelta con esto de el fallo del tribunal de Estrasburgo que supone, ademas de la excarcelación de terroristas, la puesta en libertad de los más sanguinarios criminales de los noventa. Los ánimos están calientes y no hay más que sacar la conversación en donde sea para darse cuenta de que a estos no hay quien les de una segunda oportunidad. Yo por lo menos no los quiero en la calle. No quiero en la calle a un hombre que ha violado y matado a unas niñas, no voy a dar nombres, todos sabemos que salen antes de cumplir la condena que le impusieron y que los especialistas dicen que salen sin reinsertarse y sin principios de hacerlo... Y yo, con dolor de mi corazón, porque no me gusta ser así, y no me gustaría sentir esto, tengo que decir que yo si me viera en la situación ... me tomaría la justicia por mi mano. Sería una hipócrita si dijera que los perdonaría, que merecen una segunda oportunidad. Porque pese a que se que es el camino a seguir y que si un asesino no recibe una palabra de amigo de nadie, si no siente que alguien apuesta realmente por él, jamás se dará esa inercia necesaria que le empuje al cambio, a la reinserción, al arrepentimiento... Yo, no estoy aún cualificada para ese derroche de caridad, pese a saber que es lo correcto porque me siento siempre perdonada por mi Creador, porque en Jesucristo tengo los brazos siempre abiertos de alguien que me abraza y me da una segunda oportunidad, aún así...Yo soy incapaz de darla a quien he sentenciado.

     Y es a este punto de mi falta de caridad donde quiero llegar para contarte el modo en que Dios comenzó a actuar en mi vida hace unos dos años. Mis hermana se fue a trabajar fuera con una amiga y al poco tiempo me llama y me suelta esa frase que tan bien me conozco y me hace estremecer y que las tripas se me suelten.
- Nena tengo que contarte una cosa... 
     Y ya el mundo me comenzó a girar a mayor velocidad, conozco ese tono y si a eso se añade el: Gordita tú que crees que debo de hacer?... Ya apaga y vamosno. Le había pedido a Dios tanto que pusiera en su vida un buen hombre, un hombre que la ayudara a asentar cabeza, que la ayudase a madurar y a ser feliz y ahora la niña me salia con esa. Se iba a vivir con un hombre mayor que ella, separado, padre de dos niñas, con un pasado enturbiado por las drogas y una vida de robos y delincuencia. No me lo podía creer, por un instante creí que iba a despertarme de una mala pesadilla, pero sabia que no iba a ser así, la conozco demasiado bien y solo escuchándola se lo importante que puede llegar a ser algo para ella y esto lo era. Me decía que tenia miedo, que no sabía como se lo iba a contar a nuestros padres, pero que estaba enamorada. Una parte de mi, la más egoísta, quería hasta zurrarla, quería decirle: pero bueno, tu eres gilipollas o qué? Es que no hay tios en el mundo en condiciones para que te tires de cabeza y sin casco a un pozo sin agua? Mi cerebro era una turbina de mala baba a punto de estallar, pero por otro lado sabía que si fuera al revés yo esperaría otra respuesta. Le dije que si se lo había pensado bien y estaba segura solo tenia un camino y era arriesgar. Intenté transmitirle toda la serenidad que pude fingir y animarla y le dije que no se preocupara que yo se lo contaría a mis padres, pero me dijo que esperara. Cuando colgó me dio tal crisis de ansiedad que me tuvo que llevar Pepe a urgencias. Estaba muy preocupa, muy cabreada y tremendamente desesperada, no entendía que demonios quería Dios decirme con aquello y por supuesto no estaba en disposición de querer entender. Mi niña acababa de salir de una mierda de relación y volvía a tirarse de cabeza a querer arreglar el mundo a su manera. No podía aceptarlo.

     Mi ángel de la guarda habló mucho conmigo en aquella etapa, me instruía sobre la importancia de creer en las personas. De esperar y de apostar por sacar de la dureza de un corazón devastado el aliento de Vida que Dios ha dado a las personas en sus orígenes, me hablaba del perdón, de la fe, de actuar y de ser sincera conmigo misma y con los demás. Y sinceramente, yo sabía que tenia razón, pero una cosa era dar una oportunidad a un pobre que pasa por delante tuya y otra quedarte con el pobre para ti y para siempre. Lo digo con un tinte algo sarcástico, pero de verdad que así lo sentía. No es lo mismo ser caritativo, que rendirse a la caridad sin limitaciones y yo no estaba preparada. 
     
     Pero Dios no se paró en mi falta de preparación, ni hizo oídos a mis quejas, sencillamente siguió adelante con su plan.

     Mi hermana comenzó a vivir con Titi, así se apoda mi cuñado, en su pueblo lo conoce todo el mundo, en el pasado robo, y anduvo tirado en la calle, arrastrado por las sustancias que consumía y por el ritmo de una vida que equivocadamente eligió. Su matrimonio se fue al garete y no pudo hacer de padre por las circunstancias que manejaron su vida en aquella etapa. Se metió en muchos lios y cometió algún que otro delito. Tocó fondo y encontró a Jesucristo de la mano de los evangelistas, en la ONG  BETEL quienes apostaron por él, le recogieron y le dieron la oportunidad de un nuevo comienzo, andaba ya reinsertado, apostando por seguir su camino alejado de lo que antes le había perdido y le había hecho perder...
     ...Y entonces mi hermana se cruzó en su camino con intención de salvarlo para siempre. Seguía sin querer creérmelo. Pero como dice el evangelio ¿que padre al que su hijo le pide un trozo de pan le da una piedra? Tenia mis reparos, no conocía a ese hombre, no sabia si estaba reinsertado, si estaba limpio de todo su pasado, si era el adecuado para mi hermana, pero si tenia claro una cosa, sabia que había en el corazón de mi niña, la conozco y se como ama su corazón y esa forma de entender el amor si merecía todo mi apoyo. Que yo saliera de mi egoísmo, de mis reparos y que apostara por esa relación y por ese nuevo miembro que iba a formar parte de mi familia. No sin miedo, no sin reparos, no sin aguantar un día tras otro esperar lo peor y ver a mi niña volver a casa derrotada. Aposté por esperar, por dar una segunda oportunidad a alguien que por mi misma nunca hubiese dado. Dios se sirvió de esta historia, de mi hermana y de su forma de entender el amor, de la historia de mi cuñado y de lo que fue antes, para que yo salga un poco de mi vanidad, baje y reconozca que verdaderamente el cambio siempre ha de empezar en uno mismo, en el modo en que nos demos a los demás, en que apostemos por ellos. Podemos terminar dándonos de bruces contra el suelo, pero si uno no lo intenta, por lo menos intentarlo, tampoco deberíamos de dictar sentencia sobre los demás.      

     Me sentí en ese momento en que Jesús invitó al pueblo a tirar la primera piedra contra la mujer mientras escribía en el suelo. Y veía mi nombre, Él escribía mi nombre y yo me siento agradecida de ser participe de ese momento y experimentar mi pequeñez y mi falta de caridad cuando creí tenerla. Uno es generoso cuando serlo es fácil, cuando ser caritativo es asumir grandes riesgos uno termina por ver lo camuflado que resulta estar nuestro propio egoísmo, que de pronto te asalta y te golpea y te deja kao.
     Cada día sigo apostando por esa relación. Es curioso, a veces mi cuñado se me acerca y me abraza y me pregunta: cuñaita tú me quieres? Y el alma se me doblega y me desarmo, porque de verdad que le quiero, admiro el modo en que ha redirigido su camino. Veo feliz a mi hermana y veo como van para delante como una familia y eso me hace que poco a poco se asiente en mi la confianza y la certeza de haber apostado al número ganador. Pero el miedo está ahí, no se puede disimular, porque amar duele, porque es sangre de mi sangre y carne de mi carne lo que he apostado en esta jugada y porque se cuanto vale mi niña y con cuanta fe juega ella su baza en esta partida.
     
     Todos necesitamos una segunda oportunidad, Dios nos la está dando continuamente. ¿Porqué no habríamos de darla nosotros, no solo a los demás si no a nosotros mismos? Gracias a Dios, yo, en estos acontecimientos que llevan mi vida estoy ganando mucho. Mi familia a crecido, a sido bendecida con un nuevo miembro y la vida se ha abierto camino aportándonos también a Daniel Jesús. Apostar por segundas oportunidades puede salvarte la vida, a mi me la está salvando y tengo una recompensa que bien merece todas las penas vividas anteriormente. Las que vivió su padre cuando estaba tan perdido entre drogas y delincuencia. Las que vivió su madre apostando por esta relación después de un par de cabezazos anteriores y la que a duras penas en un principio decidí correr. Porque se que si me hubiese ingeniado para hacer desistir a mi hermana, tal vez lo habría conseguido, pero el amor siempre se abre camino, siempre, aún cuando parece que no tiene sentido y que es una perdida de tiempo, merece la pena dar otra oportunidad
     La nuestra a dado como resultado esto, una nueva vida que está colmandonos a todos de felicidad.


Después de la experiencia vivida con mi familia, se que estoy más cerca de abrir mis círculos hacia nuevos horizontes. Al menos de saber con mayor certeza que cuando uno da una segunda oportunidad a alguien el primer beneficiado es uno mismo. 

     Estos días que tantas cosas escucha una sobre la justicia y donde cada cual la aplica como si fuera juez de oficio, por primera vez meditando en lo que comentaba al principio de esta entrada sobre que yo me tomaría la justicia por mi mano con ciertos individuos, he descubierto dos cosas: 
Una que puedo reconocer mi impotencia de darme al perdón hacia los demás por mi misma y otra, y la más importante, que se Quien tiene poder para cambiar, no solo el corazón mio, si no el de cualquiera por muy condenado que este y que ahora es el momento de mirar al Dios de la vida y pedir que nos ayude a todos según nuestras necesidades a encontrar el camino de la redención y ese camino tiene un nombre propio Jesucristo.




jueves, 5 de diciembre de 2013

MARINERO DE AGUA DULCE. (Diario de una madre imperfecta)


El timón de este barco, aunque me cuesta reconocerlo lo lleva el Capitán.

A menudo me hago ilusiones y creo que ya he dejado de ser un marinero de agua dulce, que tengo experiencia para llevar el barco yo sola y entonces se levanta la marea, el timón comienza a llevarme y comprendo que solo cuando el mar esta en calma el Capitán me deja hacer para que yo disfrute. 

El Adviento de nuevo ha llegado y en estas fechas siempre tiendo a la nostalgia, me siento así cuando analizo mi vida, pese a saber que mirar hacia atrás solo tiene como objetivo aprender de lo vivido para usarlo en presente. 

El año pasado por estas fechas estaba ansiosa y angustiada, mi hermana estaba embarazada y lejos y yo la quería pequeña, con flequillo, y agarrada a la pernera de mis vaqueros de nuevo. A veces las madres olvidamos que por encima de nosotras está el Padre Supremo. Ese que nos permite participar del don de la vida, que nos regala los hijos para que ayudemos en su crianza y que cuando llega el momento los ayuda a salir de nuestras faldas. Una cree que nadie va a saber hacerlo mejor y que  no hay lugar más seguro que el que esten a nuestro lado.

Cuando tenia catorce años mi madre se quedó embarazada, Marichu es mi única hermana, aunque yo la quiero más como lo que siempre ha sido para mi una hija. Antes de tener los míos propios, no sabia si era así como la quería, después de ser madre, he descubierto que lo único que varia es que no la tuve nueve meses dentro de mi, ni la parí, pero la quiero como a mis hijos y como ahora también quiero a mi pequeño Dani, el suyo.  

No aceptaba la vida que ella elegía, como ya he dicho antes la quería a mi lado. Tenia mis dudas de creer que podría irle bien, una nunca les ve lo suficiente mayores. Imagino que a la mayoría de las madres les pasará como a mi, aunque se lleve mejor o peor. A lo largo de este año voy viendo y comprendiendo que Dios sigue siendo el mejor Capitán del barco, que es Quien sabe dirigirlo hacia el mejor de los destinos y que cuando los marineros mediocres como yo pensamos que el barco zozobra, Él tiene la tormenta controlada y lleva a la tripulación a buen puerto.

Este año afronto el Adviento con otros aires, estoy más ilusionada, no se si es porque no tengo tanta medicación y soy más yo al tener mi cerebro menos contaminado de sedantes. O si es porque realmente comienzo a descubrir cual es mi puesto en esta tripulación a la que pertenezco.
Me alegra mucho esta espera de ver llegar a mi hermana con su familia que es también mía. Me ilusiona afrontar la llegada de unas Navidades con la familia aumentada, Daniel Jesús este año está ya con nosotros y su presencia junto a la de su madre y mis hijos llena mi vida de esperanza y de sensaciones indescriptibles. Añoro aquellas en que la niña era yo, añoro a mis abuelos, y siento angustia si pienso en que pocas más estarán personas que echaremos mucho de menos cuando ya no estén ... 
Pero esta travesía de la vida es así.
El Capitán añade tripulación en cada puerto y a los marineros veteranos los deja en tierra al descanso. Cada uno cumpliendo su cometido, sirviendo su etapa activa.

El año litúrgico acaba de empezar, de momento estoy en el barco, aún me siento un poco a la expectativa, sin descubrir muy bien cual es mi cometido en esta travesía, solo espero tener tiempo y vista para descubrirlo. Y de momento voy a disfrutar de este tiempo de Adviento en que aún no se ha levanto la marea. Esta brisa suave me hace poder respirar ese olor a mar que refresca mi interior y me ayuda a meditar, a estar observando todo el horizonte que mi vista alcanza. A dar gracias por lo que tengo, por quienes me rodean. Intentar vivir el momento sin prisas, sin miedos. Sabiendo que desde el camarote el Capitán no pierde de vista a nadie.





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