Blog personal, donde cuento experiencias de la vida cotidiana en relación con Dios, con la familia y con los amigos. Si te apetece desconectar un ratito y descansar, conectaté a este blog, encontraras muchos amigos de los que seguro aprenderas algo bueno, como estoy aprendiendo yo.

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Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas. (Dt. 6,4.)

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cuestión de ?





Esta mañana volví de la misa de niños con un dolor de cabeza impresionante. No puedo culpar a nadie, pues cuanto más analizo la cuestión más indicativos encuentro que me apuntan y me señalan. Me acusan y desnudan mis defectos y más coraje me da, así soy yo. Para que veas que de buenecita nada, de nada :)
Hoy parecía una ametralladora de juicios, vamos que pasé a cuchillo mental a todo el mundo a mi alrededor y cada una de las situaciones que he vivido. Ahora me pregunto si así vale de algo esta lucha. ¿Valdrá? 
Aún me pregunto como he vuelto a dar catequesis después del parón de años que he tenido desde que me casé. Y pese a saber la respuesta, lo cierto es que no es fácil dejar de seguir preguntando, ni me gusta dar catequesis, ni me gustan los niños. ¿Entonces porque me llamas para esto?
     Es la principal pregunta que no paro de hacerle a Él. La parroquia a la que ahora vamos tiene un serio problema de falta de compromiso por parte del equipo de catequesis. Los catequistas no asisten a misa con los catecumenos, la mayoría de los padres traen a los hijos por hacer un acto social que toca a esa edad para sus hijos y poco más. Y por muchas ganas que una lleve, que una le eche a esta vocación es un ir dando brazadas a contracorriente.

Me canso, me pongo de mal humor como hoy y pese a que intento que no se note para no dar ocasión de tropiezo a los demás, la mala leche va por dentro. Un veneno interno que me contamina el alma.
Me hace falta paciencia para soportar a los demás cada uno con lo que hacen y son y no esperar nada de nadie. Esto no es ir a puños, no lo llevo yo y aunque con mi trabajo puede ir a mejor, no irá si Dios no lo quiere. Pero yo no sirvo para estar callada, para hacer como que nada pasa. Creo que en cierto modo también está permitido protestar cuando uno ve que no se hacen las cosas bien. Y entonces mis cuestiones vuelven a asaltarme. ¿Será que me paso de perfeccionista, o es celo por mi vocación y el bien de los peques? ¿Estaré faltando con mi actitud a la caridad o estoy siendo una cobarde por no dar la cara? ¿Donde está el limite? ¿Y si para descubrirlo solo he de tener un poco de paciencia más y esperar ver llegar el momento? ¿Y si en la espera dejo pasar el más importante que pienso puede ser el de actuar? Cuestiones, cuestiones, que hoy se me atragantan.
Decía hoy el padre Ignacio que hay que adaptarse a lo que hay y desenvolverse en ello. Imagino que tiene razón, él sabe más que yo de todo esto. Pero a mi la cabeza me dolía cada vez más. LLega el adviento, comienza un nuevo año litúrgico, hay tanto trabajo por hacer, tantas cosas que se pueden mejorar, tantos contratiempos que se van acoplando como un pack de todo incluido. Veo la oportunidad continua de hacer algo y me veo a mi misma también, con tantos prejuicios, tantos interrogantes que se me hacen uno grande en este cabezón mio y no me deja pensar como debería.

Será cuestión de...
...perseverar...?
...tener paciencia...?
...aceptar...?

No lo se, la cabeza me duele, entre las ganas y el desanimo, y este sin fin de controversias que siempre desde que conozco a Jesucristo se despiertan dentro de mi y luchan por imponerse.




martes, 26 de noviembre de 2013

Mis RAZONES.


Lo último que imaginé en mis espacios aquí en la red es que llegaría el día que incluiría anuncios en mis blogs. En primer lugar porque rompe con mis principios. Y porque tengo motivos más que suficiente para ser contraria a ello. Y sin embargo lo he hecho, ayer incluí anuncios en todos mis blogs con la esperanza de que a final de mes me quedé algún ingreso. No me daban la aprobación, por lo visto hay que superar un numero considerado de visitas al espacio donde se alojan para que te lo aprueben, aunque lo que de verdad deja dinero a una son las veces que pican los demás en los anuncios. Hacer eso no cuesta dinero, pero una misma no puede hacerlo porque entonces el rastreador manda el aviso y te quitan la cuenta. Yo no sabia que si no tienes cierto trafico de visitas a tu blogs no te lo dan y lo solicité con este blog. Gracias a Dios el blog de PEQUES Y PECAS supera cada día las 2.000 visitas y a través de él si me han admitido la solicitud. 
El caso es que tengo mis razones. LLegar a fin de mes está siendo una odisea y los próximos meses si no encontramos trabajo Pepe o yo será peor. Hemos comenzado a quitar todo lo que es sustituible o no necesitamos en primera medida para salir adelante y en la lista está internet. Es curioso con lo que he pasado para encontrar quien me diera cobertura y ahora que tengo, no voy a poder pagarlo, jeje. Es esa mi razón, la que me mueve para haber incluido anuncios en mis blogs. Un amigo me lo aconsejó al comentarle el dilema en que me encontraba y me dijo que probase, que puedo incluso sacar dinero para pagar la cuota de lo que me cuesta estar conectada, así que...
No es que yo haya cambiado, no es que vea las cosas de otra manera, y no es que me guste. Es que me veo obligada a probar y ver si así puedo seguir aquí contigo y con otros amigos. 
Internet es sustituible en mi lista de prioridades, pero en la lista de mis necesidades también está apuntado. Pues es una necesidad este medio que utilizo para dar testimonio del amor de Dios. Así que, espero que Él me ayude a seguir por aquí mucho tiempo. Mientras él quiera, yo seguiré escribiendo he intentándolo con todos los recursos que pueda.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Ondeando.

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Así me siento, ondeando como una frágil cometa entra las corrientes de un viento que la mantiene muy arriba.
Sin miedo a caer, al menos en este justo momento.
Sin prisas.
Me mantengo suspendida y espero ver que sucederá.

     Te decía en mi último pots que llegaban vientos nuevos a mi vida. Y en cada ráfaga voy aprendiendo.  El martes fue como sentirme arrastrada por un huracán mientras me diriguia a la parroquia del barrio. Un camino tantas veces realizado y nunca tan cuesta arriba como lo sentí esa tarde. Y no porque me levantase de la cama con un gripazo de muerte para ir, no, el motivo era otro, este que quiero compartirte por si te sirve.
     Es la primera vez que me he visto en una de estas y no es fácil contarlo, yo siempre he estado en el otro lado, en el que ayuda, en el que da. Dios que me conoce y sabe de mi arrogancia, ha querido que experimente el otro lado de la caridad, el que está en quien pide, en quien recibe y en quien se ve, aunque sea obligado por las circunstancia a experimentarlo. Como soy orgullosa me cuesta reconocerlo, pero en el fondo me alegra el poder estar viviendo esta experiencia, porque se que voy  conocer otra cara de la realidad que vista desde mi ombligo no podría ver nunca. 
   El martes fui por primera vez a Caritas a pedir ayuda. En la parroquia de mi barrio cada martes se reparten las bolsas de alimentos básicos para más de cuarenta familias que hemos sido apuntadas. Y digo hemos porque la semana pasada tuve que ir a pedir formar parte de esa lista. Mientras caminaba el corazón se me comprimía, pensaba en un montón de tonterias que tienen que ver con el orgullo herido de verte en tal situación. Estoy hecha de una pasta de prepotencia de la dureza del hormigón y era como tener un compresor golpeando mi ego. Ni me hables. Le dije a mi ángel mientras le sentía a mi lado. Mi orgullo herido no estaba para catequesis, ni consejos, ni para amigos. Lo único que quería era llegar, y pasar lo más rápido ese trance. Y entonces le escuche a Él. 
    
 Él no cumple ordenes de nadie, habla por propia autoridad, no como mi ángel. Y es imposible no escucharle cuando te habla. Me sentí tan ridícula y tan imbécil, mientras le escuchaba decirme que no estaba enfocando bien la realidad y que era un regalo poder vivir esta etapa de mi vida y compartir con otros la realidad del momento. Déjate querer, deja que yo me encargue de ti. Pasé a sentirme infinitamente mujer, en un estado de mi naturaleza que solo me siento con Él. No se como explicar ese modo de sentirme, tan especial, sin tener que fingir algo que no soy, sin tener que esforzarme, sin tener que luchar, dejándome llevar.
     
     Cuando crucé la reja del jardín de la Parroquia había pasado de pensar que no era un plato de buen gusto el tener que ponerme con otras personas en una cola para pedir alimentos, a sentirme la persona más afortunada por estar allí en ese justo momento. Fue diferente a todo lo que antes había imaginado. No sentí vergüenza, no me sentí mal porque me conocieran. La mayoría son conocidos y algunos agacharon la cabeza al cruzarnos, imagino que se sentirían como me sentía yo unos momentos antes. Ahora tengo conocimiento de otros que están pasándolo mal y eso es bueno porque los tengo ahora en mis intenciones de oración frente al Señor. 
    
    Cuando volvía a casa aún sentía a mi ángel en silencio a mi lado. Es un consuelo saber que siempre está, aún cuando me porto como una imbecil. Me disculpé. Me sonrió y me hizo saber que le gusta ser participe de mi historia.

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