MA...(YO) MA...(DRE) Diario de una madre imperfecta.


El pasado 24 de Abril cumplí mi primera década de maternidad.  Para mi fue algo especial, como batir un récord  Me reconcilió con una parte de mi persona independiente y aventurera, que siempre sueña sueños de libertad a los cuales renuncié por ser madre y formar una familia. Jamás creí que podría afrontar esto, no tanto tiempo y lo voy consiguiendo. Ser madre no se aprende en ningún libro. Ni siquiera haciendo lo que hice yo, pasándome los nueve meses en un curso intensivo leyendo y visionando todo lo que caía en mis manos sobre la materia. Lo había leído todo, a tod@s los entendidos del tema...Pero del mismo modo que no existen dos gotas iguales, tampoco dos bebes, ni dos niños, ni dos adolescentes...ni dos madres. 
Yo ya sabia todo lo que había que saber sobre hijos, había criado a la futura mamá que está en la foto. Marichu mi única hermana y a la que llevo quince años. Solo me quedaba el reto del parto y no me enfrentaba con angustia, ni miedo, de hecho lo hice a la antigua usanza, nada de sedantes, a lo heavy. Parir...Bueno...Es durisimo...Pero es un rato, o dos o varios días....
Lo malo viene después. Un día tras otro. Constancia, dedicación, renuncia... Yo nunca lo llevo bien, para que voy a mentir. Me gustaría ser como otras madres tan "perfectas" que veo por ahí...Pero no, yo soy un desastre y me voy defendiendo como bien voy pudiendo, la practica nada tiene que ver con tanta teórica en el coco metida. 
Ser madre de familia es ser un mástil seguro para quienes dependen de ti cada día, incluido el capitán del barco. Y yo...Bueno... No se estarme quieta ni cuando estoy muriéndome con más de 40º de fiebre. Siento que nací para correr. Recuerdo que de pequeña mi padre me compró un muñeco de esos tentempié. Y recuerdo la sensación que me producía ver que siempre estaba en el mismo sitio. Yo lo lanzaba a todos los extremos de la habitación, no me gustaba verlo siempre igual. Y mi padre se deshacía en intentos para explicarme la dinámica del juego. Y yo la entendía, claro que la entendía  pero no me gustaba.  Así he sido siempre y así soy.  
Tengo sentimientos aún más contradictorios si cabe en mi personalidad desde que soy madre. Y viendo a mi prole avanzar y crecer, cada día me voy sintiendo más segura y miro a Dios con otra cara. El otro día le decía: Vale, puede, solo puede, que tuvieras razón y sí he elegido el camino correcto. Esto es lo mio.

Estamos en el mes de María, en el mes de la Madre por excelencia. Y en un mes como este yo me he propuesto rezar por todas las madres tembleques, esas que como yo no saben estarse quietas. Esas que se desesperan a la primera de cambio y dan más pataletas que sus hijos. Esas que se sienten inseguras aunque no encuentren valor de admitirlo y piensan que no son buenas madres. Esas que miran a otras mamás y en su corazón anhelan ser así de perfectas. Tener toda esa paciencia, estar siempre alegres, serenas, llegar hasta la última hora del día impecables y no sentir que la cagan 59 veces por minuto al cabo del día. Y que aún sin saberlo o sin estar tan seguras, somos los mástiles que sostienen nuestras sociedades.

Gracias Abbá por depositar tu Gracia en la naturaleza femenina, gracias por hacerme nacer mujer y gracias por darme la elección de ser madre y ayudarme a seguir con ello.

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