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CON LA CONFIANZA DE UN NIÑO.


     El año pasado por estas fechas estuvimos de convivencia de transmisión con la comunidad en Carmona en un convento con las dominicas. Los niños siempre se lo pasan bomba en las convivencias, los sitios preparados para retiros espirituales que frecuentamos y los diferentes conventos son para ellos como un mundo nuevo que explorar y descubrir. Como son pequeños, esos días se convierten en exploradores y siempre los han tratado con paciencia y cariño allá donde hemos estado. El año pasado en Carmona el convento se encontraba sobre la necrópolis  romanas y las reformas del convento dejaban ver las catacumbas desde el recibidor. Las monjitas contaron la historia a los niños y fue algo que les gustó mucho. De lo que yo no fui consciente hasta el último día que Iván me lo refirió. Era del miedo que los niños pasaban al pasar por el pasillo desde el que se veían las catacumbas  y de que lo pasaban en grupo todos los peques juntos, desde que un adulto gastando una bromilla les había dicho que allí estaban todavía los muertos enterrados. 
     Todos hemos sido niños con esa desbordante imaginación que nos ha subido la adrenalina ante lo desconocido. Así que imagina como pasaron el fin de semana los niños, toda una aventura aquella zona del convento.

     Pues bueno, aquello hubiese quedado como una más de esas anécdotas que nos quedan después de cada convivencia con los pequeños. De no ser porque anoche volvió a surgir en casa el tema y descubrí otra historia que no conocí en su momento. Y que me dio luego mucho más para meditar. Pensé en lo fácil que es con el modo de ver de un niño poder poner toda la confianza en Dios. Me basta ser testigo tan solo de una pequeña conversación de mis hijos, para poder mirar atrás en el tiempo, y querer volver a sentir como sentía cuando era esa pecosilla de rojo de la foto. Cuando uno es pequeño no cuestiona tanto aquello que dicen los mayores y uno tiende a confiar. Que fácil seria pues aceptar así, como un niño la palabra de un Dios Padre. Que fácil se volvería de pronto cada uno de los momentos con sus acontecimientos buenos y malos de nuestro día a día.

     Vivimos en una parcela en las afueras de mi ciudad, en una urbanización de propietarios que cada vez es menos campo y hay más construido pese a que aún es ilegal construir. Tenemos mil quinientos metros de huerta de  naranjos y nuestra pequeña casa de noventa metros está al fondo. Un camino de unos setenta metros lleva a la casa desde la cancela de la calle. Cuando cae la tarde y oscurece, hay que ser un poquito valiente para venir de visita, je,je, mi camino de entrada solo está iluminado junto a la cancela de la calle y ya arriba con las luces que están por fuera de la casa. En el promedio está oscuro, y no es acto para cabecitas asustadizas. Pues ayer Lucy acompañó hasta la cancela a Francisquito el amiguito de Iván y luego subió sola. Iván se quedó en el porche mirando, cuando Lucy llegó a su altura le preguntó:
     - ¿Hermana a ti no te da miedo?
     - Sí que me da, pero hay que ser valiente. ¿Tú no te acuerdas lo que nos dijo la monjita en las catacumbas? pues cuando te de miedo piensa en eso, en que Dios siempre está a tu lado y verás como ya no te da tanto miedo.
     Siguieron hablando los dos, yo estaba poniendo la lavadora con la oreja en la conversación. No conocía la historia y me sorprendí mientras la escuchaba. Me sentí bien por la lección que mi hija sin saberlo acababa de darme sobre la confianza en Dios. Pensé en cuantas veces en mi vida personas conocidas y también extraños me han anunciado la salvación en Dios, me han anunciado su amor y me han señalado a Jesucristo como camino al Padre. ¿Y cuantas veces lo he creído? Y de hacerlo ¿cuanto me ha durado esa confianza? También si esos hechos habían servido para algo bueno en mi vida o la vida de los que me rodean. Que diferente es cuando se acepta con la confianza de un niño. 
     Por lo visto durante la convivencia en Carmona, Lucy acompañó a su hermano a los aseos y cuando volvió los otros niños no estaban donde habían dicho que los esperarían. Tenían que pasar por el recibidor del comedor desde donde se veían las catacumbas y como era de esperar les daba miedo pasar. Se ve que una de las hermanas dominicas los estaba escuchando y se acercó a ellos dirigiéndose a Lucy. Le preguntó porque tenia miedo y cuando la niña le dijo el motivo , la monjita le habló de Dios, de como Él siempre está junto a nosotros y cuida de todos. Le contó que cuando tuviese miedo de algo pensara en ello y se enfrentarse a su propio miedo sabiendo que Dios estaba con ella y que así podría descubrir como es verdad que Dios siempre nos ayuda porque está a nuestro lado. 
      Escuchar un año después a mi hija contarle a su hermano estas cosas, me llena de tranquilidad como madre y de esperanza. Que mi hija sepa enfrentarse a su miedo, al menos a este tipo de miedo sabiendo que Dios es quien le da valor (dicho textualmente por ella) Pues...Es motivo para mi de dar gracias a Dios precisamente por ello, por haber puesto aquel día a esa hermana en ese momento de la vida de mi hijos y manifestarse a través de ella en ese acontecimiento. Por hacer a mi hija confiar en la palabra dada por una monja. Por hacer que el tiempo y otras circunstancias no borren de ella la confianza que ese día puso en lo que aquella hermana le confió sobre la omnipotencia de un Dios que nos custodia y nos protege.
     Escuchar a mi hija, me hizo pensar en como era yo antes de hacerme mayor, en como soy ahora. Desnudó esa falta de confianza que tengo, que todo lo razona y lo quiere comprender en una cabeza tan pequeña comparada con lo que es la fe. Uno puede esforzarse en creer, pero tener fe es una Gracia que Dios nos da para poder vivir en la confianza de que Él es ese Padre bueno que nunca deja de mirarnos y protegernos. Realmente si uno no acepta esto como un niño, la fe se marchita y no crece como desea Dios que sea para que tengamos verdadera vida en Él y en el conocimiento de quien Es. Para que vivamos en la confianza de saber que siempre está a nuestro lado velando y protegiéndonos aún cuando las cosas nos parecen marchar tan bien.


Comentarios

  1. Que coincidencia más bonita..., auqne ni tu, ni yo creemos en las coincidencias y sí en las providencias... En mi post del domingo, hablaré también del mismo tema. El mensaje es el mismo, recuperar la esencia de la infancia:
    "En verdad os digo: si no os convertís y os hacéis como los niños no entraréis en el Reino de los Cielos" (Mt 18,1-4).
    Abrazos enormes querida green hair.

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    1. Pues ya lo tenemos, je,je, la providencia siempre nos pone delante las señales que apuntan el buen camino. Y es verdad; eh? Que como no aceptemos la voluntad de Dios como uno de nuestros niños no vamos a ningún sitio. Mira que lo hacemos complicado cuando crecemos.
      Un abrazo muy fuertote y sanador brother.

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  2. Bien por esos hijos, que bendición. Me visitas y te visito menos, perorezo a diario. Abrazos

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    1. Lo se Sinret, tú eres un hombre de bien y se que rezas y te acuerdas de muchos entre los que me encuentro. A mi me pasa igual, ahora visito menos los blogs amigos, porque me encuentro con menos tiempo. Pero en mis oraciones y en mi rosario estáis todos presentes.
      un abrazo.

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  3. Mento, que hermosos son tus niños.
    Y tu que los enseñas tanto.
    Que nuestro Señor sea tu luz y fuerza en tan grande tarea.
    DTB!!

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    1. Dios lo quiera María que el Señor siempre me de fuerza para seguir. Yo no soy una madre muy buena que se diga, tengo tan poca paciencia con los mios como conmigo misma. Pero siempre intento hacer lo mejor por ellos y en muchas ocasiones aprendo también de ellos.
      Un abrazo.

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  4. Es una bendición y una gracia especial que el Señor te regala cada día por esos niños que tienes.

    Un fuerte abrazo. QDTB

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    1. Pues sí Capuchino, es un gran regalo de Dios, yo por mi misma nunca me hubiese inclinado al casamiento y menos a ser madre. Esto es un regalo del cielo un modo muy especial el que tiene Dios de amarnos dejándonos participar del don de la vida.
      Un abrazo.

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  5. Anónimo23:51

    Es difil alcanzar la inocencia dd un niño si no es con la ayuda de Dios viendo en que estamos convirtiendo lo que el creo.Que el nos de fuerza y nosotros estemos dispuestos a recibirla.Dios nos bendiga.

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    1. Dios te oiga, porque como dices si no es con la ayuda de Dios uno no puede volver a ser como un niño por mucho que nos lo propongamos. solo hay que estar junto a ellos, verlos como actuan, como reciben las cosas... Yo miro atrás y puedo recordarme así pero hace ya tanto que parece que ni fuera real.
      Sobre todo la disposición que no nos falte nunca, porque sin ella Dios no violenta a nadie por mucho que sea su amor. Como dice uno de mis catequista: Dios es un caballero que si no te dejas, Él no se impone.
      Un abrazo ;)

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  6. Mento,amiga,¿qué tal? Los hijos nos enseñan tanto... yo me acuerdo de este verano pasado, que se pusieron a rezar como locos dentro del coche, porque tenía que coger una pendiente y nos la podíamos pegar. Es en estas cosillas del día a dia donde vemos que el Señor hace su obra y no los deja, ni a ellos, ni a nosotros, sus padres. Un beso muy fuerte. Victoria.

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    1. Vamos "pa lante" Victoria. Me acuerdo bastante de ti cuando pierdo la paciencia con los niños. Bueno de ti y de algunas mamás todoterrreno como tú con familia tan numerosa, sois mis heroínas.
      Esa espontaneidad que cuentas es lo que más me gusta de los niños. Ellos tienen una visión y una prontitud de las cosas que a mi me encanta y aprendo mucho de ellos. En cosas que una se preocupa o incluso puede empezar a desesperar, allá van ellos con lo que es verdaderamente efectivo. Sin duda los hijos es un regalo de Dios irrepetible aunque tengamos más de uno.
      Besitos para ti y los tuyos.

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  7. Es impresionante la madurez de tu hija,enhorabuena Mento :)

    Un cariñoso saludo amiga mia.

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    1. Eso me dicen sus profesores belén, que es una niña muy madura. Yo por mi situación personal y porque ella lleva viendome enferma desde que nació. me he sentido y me siento muy culpable. Tenia mucho miedo a que mis depresiones con todas sus crisis dejasen huella en mis pequeños. Recuerdo que el siquiatra me animaba diciéndome que no tiene porque si se enseña a los niños a vivir con ella con normalidad y enfrentando la enfermedad con calma. Después de todo a Lucy le ha venido bien por que pese a que es un diablillo como toda chiquilla de su edad, también es madura en otras muchas cosas que a mi me deja con la boca abierta. Tiene un concepto de Dios, de la enfermedad, de la muerte, de cosas que a muchos mayores pertuba impresionante. Y te lo explica con una sencillez, con una facilidad... No me cabe duda de que Dios es esencial en esa forma de pensar y que la ayuda. Es una niña extrovertida y con mucho caracter, demasiado, pero también tiene un mundo interior que no comparte y donde estoy segura que escucha la voz de Dios. por que no tiene otra explicación para las cosas que luego dice o hace.
      Un abrazo grandote amiga.

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