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LOS PEQUEÑOS DETALLES, SÍ CUENTAN.


     Vivimos a un ritmo frenético. Nos levantamos, abrimos los ojos y es como caer en un cilindro deslizante que nos lleva a vivir los minutos contándolos como si pudiésemos multiplicar el tiempo o a nosotros mismos. Vivimos, sí, ¿pero somos conscientes realmente de aquellas cosas que vivimos? O estamos tan aducidos por el ritmo que nos marcan las modelos de vida, que ya no somos la mitad del tiempo ni dueños de nuestras propias vidas. Y cuando digo dueños me refiero a vivir realmente esos momentos que nos convierten en personas y nos hacen sentir la grandeza de la vida y el don que cada uno de nosotros somos como hijos irrepetibles del Creador. Podemos parecernos, pero a los ojos de Dios somos especiales, únicos cada uno e irrepetibles. Curiosamente nosotros en cambio queremos cada vez más parecernos los unos a los otros. Vestimos igual, vamos a los mismos sitios, tenemos intereses comunes y miramos extrañados al que se sale o destaca fuera del canon establecido como normal.
     Hacemos de nuestras vidas similitudes medidas por tiempos y cada vez menos vivimos en instante. Y en el momento, solo en el momento que ahora es y deja de serlo, se esconden irónicamente visibles los pequeños detalles que hacen que nuestras vidas puedan ser especiales, que se pueda sentir la felicidad más asidua y que nuestro paso por este mundo se complete con muchos bellos e inolvidables momentos que hacen historias que al sentirlas, nos dan ganas de dar gracias a Dios por estar vivos y poder experimentarlas. 
     Ayer solo fue un momento, un instante en el tiempo, breve, pero intenso, tanto... Que llenó la vida de cuatros personas siendo tan solo eso, un breve instante.
      Pepe se iba de nuevo a trabajar. Sus compañeros tardaron un poco más de lo acordado, casualmente porque nunca vienen los niños para no hacer las despedidas más difíciles, siempre lo llevo sola. Pues decía casualmente, porque los niños venían y los minutos se hicieron largisimos. Se podía cortar la angustia de los niños por la separación y Pepe, mi Pepe...  Ay... su carita era un poema. Por fin llegaron, las presentaciones al compañero que aún no conocíamos. Otra más entre el centenar de despedidas y besos que los niños le habían dado a su padre. Y de nuevo  comenzamos a coger velocidad por el cilindro. 
     - Gordita te quiero. - Eso a prisa, con un beso furtivo y un golpe de macuto a la espalda, me quedé con las palabras en la garganta atrancadas, no le contesté. Arranco el coche y comienzo a girar la esquina muy despacio mientras le miro guardando los bultos en el maletero del otro vehículo. Se me rompe el corazón y entonces, entonces sucede y vivo el momento. Mi Lucy se asoma por la ventana y con un gran vozarrón grita:
     - ¡Papá te quiero!
     Es solo un segundo, un instante...
     - ¡Papá yo también te quiero! Iván con un gallo grita aún más fuerte y un: - ¡ Y yo también cariño! se oye detrás.
     Le miro, sí a mi Pepe y su cara ha cambiado. No dice nada, es él quien ahora se queda con la respuesta trabada. Hemos gritado los tres desde el coche. Espontáneos, como locos, dando libertad a los sentimientos. Eso no es muy normal, lo se por las caras de los compañeros y de algún que otro transeúnte que se queda mirando hacia el coche. No me importa, al contrario, me alegro de las veces que le enseño a mis hijos a amar. A exteriorizar lo que sienten, a no guardárselo para sí. Vale, puede que terminen siendo unos sentimentales como su puñetera madre. Pero también experimentaran el momento, degustaran el instante y el saberse ubicados, apreciaran los detalles, esos pequeños que nos hacen sentirnos por dentro grandes y agradecidos. 

Comentarios

  1. Tienes razón Mento, ninguna despedida es alegre. Sobre todo cuando es a la persona que más amas.
    Casi no puedo leer la letra baila, me imagino que es por la forma.
    SL2!!

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    1. Pues si María, las despedidas son siempre algo tristes, pero a veces somos nosotros mismos quienes las hacemos aún más tristes por no apreciar lo bello de cada momento. Hoy por ejemplo yo he sido muy feliz al verme envuelta, viviendo en instante de esta manera y sintiendo lo que vivia. Y en un acontecimiento que suele ser doloroso, me he sentido bien y con una alegria especial en mi. Y la he visto en la expresión de mi hombre y en la manera de exteriorizar de mis hijos.
      Lo de la letra es porque la estaba cambiando, tengo algunos problemas de traducción con la otra.
      Un abrazo guapa.

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  2. Esa es la clave, no siempre es bueno contener los sentimientos, sobre todo en esta época dura que vivimos. Se puede ser fuerte, muy fuerte, pero no tener el corazón endurecido. Creo que tus hijos tienen una buena maestra.
    Estoy completamente desvelada, besitos de madrugada y feliz lunes a pesar de la ausencia

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  3. Feliz semana Mili.
    Uf lo de los desvelos tiene guasa, yo los padezco hasta echa un zombi atiborrá de patillas para esta dichosa depresión que parece no querer abandonarme.
    Tienes razón, no son buenos tiempos para la lirica como decia la canción, pero yo siempre he sido igual. Últimamente por la sobre carga que conlleva ser madre, en más de una ocasión me olvido de ser yo misma. No es muy practico cuando se es como soy yo. Sin embargo intento inculcar a mis hijos mi forma de ver y de entender la vida. Se sufre en parte, pero también se vive de otra manera y se siente más intensamente todo lo vivido. Un solo instante como el de ayer, merece mil de soledad y separación.
    Besitos guapa.

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  4. Pienso que hay momentos en que es necesario decir las cosas. Tu hija logró que en ese instante los cuatro fuerais capaces de expresar vuestros sentimientos y sentiros mucho mejor. Son momentos duros, pero seguro que los niños siempre recordarán el cariño de su padre. Un abrazo!

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    1. La verdad Elige es que aunque lo pasemos mal, que lo pasamos, la experiencia está siendo buena. Pues si ya eran bastante padreros los dos, con esta situación ademas de fortalecer los vinculos de padre-hijos y viceversa. también se está dando la oportunidad de que yo me implique más en la vida familiar y me ocupe de los niños. pues hasta ahora siempre habia estado trabajando y han sido otros los que han pasao mayor tiempo en casa con los niños. Los abuelos y Pepe. Así que nos está viniendo bien en muchos aspectos.
      un beso.

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  5. Si yo hubiera sido una transeúnte que pasaba por allí me habrías hecho sonreír de oreja a oreja y habría pensado que estas son las cosas que hacen que sea bonito vivir.
    Qué buena despedida.
    Me alegro mucho de que tengas oportunidad de pasar más tiempo con tus hijos porque tendrás muchos más momentos de esos especiales e inolvidables por los que dar gracias a Dios.

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  6. Hoy visitaba a mi prima y a su pequeño y le decia eso justo cuando ya nos saliamos para irnos. Que son momentos de estos los que te hacen vivir realmente. Y es que se emocionó hablando de lo que siente mirando a su bebé y yo le dije que llorase. Y es que llorar de felicidad, jo, ¿se puede estar más vivo que en esos momentos? Estamos tan metidos en nuestros papeles que parece malo o signo de debilidad expresar lo que se siente. Y cuando pierdes el miedo y te expones a vivir tus propias emociones sin tantas tonterias y prejuicios es cuando realmente comienzas a vivir.
    Y si Fran, yo era una maniatica del trabajo, y lo digo porque Gracias a Dios mi marido si supo renunciar al suyo por el bien de nuestros hijos y yo no. He tenido que enfermar en serio para quedarme en casa y darme cuenta de todo el tiempo que he vivido un modelo de vida absurdo. Sí, ahora somos más pobres y no tenemos ni vacaciones, ni podemos salir como antes, ni estrenar ropa, pero no cambio el tiempo que mis hijos pasan con uno de sus progenitores ni por todo el oro del mundo. me como una tostá con manteca y me quedo más ancha que con un plato gambas. Tenemos hijos, pero no todo el mundo sabe aún lo que es de verdad tener hijos y lo solo que se crian hoy en dia nuestros niños. Dios nos da la vida en ellos y nosotros, yo la primera he preferido tantas veces la esclavitud de un horario laboral y un ritmo o un nivel de vida que no me ha dado la felicidad que hoy me da cualquiera de los momentos que comparto con mi familia.
    Un abrazo.

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  7. Os veo muy bien, a mí jamás mi padre me dijo una sola vez te quiero, y por lo tanto yo tampoco él.
    Son situaciones distintas, pero aunque creo que lo valoras, debes valorarlo más si cabe.

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  8. No por casualidad somos amigos tú y yo hoy. (Con esta frase lo resumo todo y creo que me entiendes como yo entiendo este comentario)
    Ni lo malo que nos pasa es por casualidad, todo nos da la oportunidad de hacer bien a otros.
    Yo te quiero y como es un sentimiento autentico así te lo digo ahora que tengo ocasión, aunque creo que ya lo sabes.
    Te quiero amigo mio.

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