NOVENA DE ADVIENTO.

Día 6    

Ellos después de oir al rey, se marcharon; y la estrella, que habian visto en Oriente, iba delante de ellos hasta que fue a posarse sobre el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella experimentaron una grandísima alegría. Entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron; abrieron sus tesoros y le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. (Mt, 2, 9-11)


Meditación.
La creación, incluídos nosotros mismos, forma parte de un plan general del Creador. Pero, nuestros primeros padres fueron tentados por el diablo y desobedecieron a Dios. Por esta razón perdieron para ellos y para toda la posteridad la vida de la gracia y santidad. Este es el estado de pecado original en que todos nacemos. Las puertas del cielo fueron cerradas a la humanidad como resultado del pecado original.
Por eso, fue necesaria la Redención que llevó a cabo Jesús, quitando el pecado del mundo (Jn 1, 29). Solamente por Cristo puede el hombre pecador llegar a ser hombre celestial como Dios lo había dispuesto (1 Cor 15, 45-49). 
Adviento es el tiempo para avivar nuestra esperanza de la revelación como hijo de Dios (Rom 8, 19). Es esperar la venida de Cristo por gracia en Navidad y su venida final cuando se cumpla el plan de Dios para todos los revestidos en Cristo por la fe y el Bautismo.
Dios nos da a conocer su plan por medio de los Profetas, y en Adviento la Iglesia nos repite sus palabras. Los grandes precursores fueron Isaías y Juan Bautista, a los cuales se añade otros como Baruc, Jeremías, Sofonías y Miqueas, hasta que llega Jesús en quien se cumplen todas las promesas que Dios había hecho.
Desde el día de la Anunciación, María, mejor que nadie en le mundo, tuvo la dicha de conocer la plena verdad de que es Dios quien viene al mundo. Meditando en el misterio de Cristo, "el Hijo del Altísimo", comenzamos a entender que Él nos incorporó a Sí mismo al hacerse hombre y que volverá de nuevo dándonos la salvación para establecer su Reino eterno.
Desde el día de la Anunciación, María, mejor que nadie en le mundo, tuvo la dicha de conocer la plena verdad de que es Dios quien viene al mundo. Meditando en el misterio de Cristo, "el Hijo del Altísimo", comenzamos a entender que Él nos incorporó a Sí mismo al hacerse hombre y que volverá de nuevo dándonos la salvación para establecer su Reino eterno.

Durante el Adviento, nuestra súplica ha de ser siempre: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 20). Debemos rechazar "la maldad y las codicias mundanas" y vivir "en este mundo como seres responsables, justos y que sirven a Dios. Pues esperamos  el día feliz en que se manifestará con su Gloria nuestro magnífico Dios y Salvador Cristo Jesús" (Ti 2, 12-13).



Comentarios

  1. AMEN

    Te hecho de menos,un cariñoso saludo amiga.

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  2. Buenos días Mento. Una magnífica reflexión, rechazar rechazamos ahora lo que hay que hacer es perseverar en cada pequeña pelea diaria. Un abrazo.

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  3. Sigo la novena aunque la haga en menos tiempo del que corresponde. Me parece una idea fantástica seguir estas meditaciones para prepararnos y recibir a Jesús.
    Ya falta poco, espero que seáis muy felices ya todos reunidos.
    Un besazo grande.

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